{"id":14654,"date":"2013-07-16T11:18:56","date_gmt":"2013-07-16T17:18:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/?p=14654"},"modified":"2013-07-16T12:49:07","modified_gmt":"2013-07-16T18:49:07","slug":"imaginarios-incertidumbre-y-protesta-social-en-me%cc%81xico-co%cc%81mo-analizar-sus-desplazamientos-e-identidades","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2013\/07\/16\/imaginarios-incertidumbre-y-protesta-social-en-me%cc%81xico-co%cc%81mo-analizar-sus-desplazamientos-e-identidades\/","title":{"rendered":"Imaginarios, incertidumbre y protesta social en Me\u0301xico: \u00bfCo\u0301mo analizar sus desplazamientos e identidades?"},"content":{"rendered":"<p align=\"right\">Por: Felipe de Alba*<\/p>\n<p align=\"right\"><span style=\"color: #888888;\">El mundo no es ni lo que fue, ni lo que pretendi\u00f3 ser. El mundo ha dejado de ser como nos lo imagin\u00e1bamos.<em> Proverbio chino (300 A.C)<\/em><\/span><\/p>\n<p align=\"right\"><span style=\"color: #888888;\">Cuando cre\u00edamos que ten\u00edamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas.<\/span><\/p>\n<p align=\"right\"><span style=\"color: #888888;\"><em>Mario Benedetti (1920-2009)<\/em><\/span><\/p>\n<p>En la agon\u00eda del siglo XX y la primera d\u00e9cada del XXI, el conocimiento de las ciencias sociales se interrelacionan con la globalizaci\u00f3n. \u00c9sta \u00faltima refiere a un maelstr\u00f6m que acent\u00faa diferencias, agudiza contrastes y al mismo tiempo, conecta actores alrededor de una filosof\u00eda del cambio social (Buttel 2003). Los cambios globales afectan las nociones de ciudadan\u00eda y de Estado en sus facetas contempor\u00e1neas, que tienen en las ciudades un punto referencial (Castro 2006; Cornelius et al. 2009; Jouve 2005; Purcell 2003; Sassen 2002). A la inversa, ciertas protestas locales son constituyentes de un ciudadano en la globalizaci\u00f3n (Gautney 2010; Nash 2005; Purcell 2003).<\/p>\n<p>Nuevas articulaciones de las protestas tienen lugar en el espacio local, porque representan una \u2018compresi\u00f3n del tiempo y del espacio\u2019 (Cohen y Kennedy 2000), una velocidad vertiginosa de interacci\u00f3n social, un desplazamiento de identidades. Por su innovaci\u00f3n de estrategias en la acci\u00f3n pol\u00edtica, estas protestas se sit\u00faan en gran medida en el \u2018sin lugar\u2019 (las redes de internet); sus interconexiones fijan nuevas fronteras del an\u00e1lisis social (Sassen 2000). Diluyen los c\u00e1nones de la jurisdicci\u00f3n y la arquitectura socio-institucional del Estado-Naci\u00f3n hacia t\u00e9rminos como desplazamiento sin fronteras (rural-metropolitano, local-global) o movilidad intermitente (Boudreau et De Alba 2011).<\/p>\n<p>De estas acciones en desplazamiento surge una panoplia de identidades, de imaginarios colectivos; as\u00ed como de recursos sociol\u00f3gicos para el an\u00e1lisis de lo nuevo. Sugieren propuestas metodol\u00f3gicas que organizan este caos en un (nuevo) orden estructurante. Este \u2018caos organizado\u2019 \u2212 del cual una de sus mejores expresiones son los movimientos altermundialistas (Cohen and Kennedy 2000, 24; Ple- yers 2010) \u2212, re\u00fane problemas antes dif\u00edciles de reunir y nos permite comparar a- sistem\u00e1ticamente (Sharp 2002; Detienne 2002), analizar actores bajo visiones inter y pluridisciplinarias, objetivo central del presente texto.<\/p>\n<p>Este caos es entonces una oportunidad. Ha permitido tratar con varios temas sociales emergentes, que requieren miradas adaptadas a la ola vertiginosa de las redes mundiales. Algunos de ellos son: la emergencia de problemas medioambientales ligados a axiomas pol\u00edticos de grupos tradicionales (V\u00e9ase Swyngedouw 2004, 11 y ss.) o la aparici\u00f3n de nuevos tipos de refugiados por desastres ecol\u00f3gicos, naturales o provocados (Paz 2010); el problema del tr\u00e1fico de drogas, desde sus \u00e1ngulos pol\u00edticos (Astorga 1996) o de las legitimidades que tienen estos tr\u00e1ficos en la poblaci\u00f3n desfavorecida (Zamudio 2011). En esta lista, un fen\u00f3meno de importancia mayor son las protestas por el asesinato sistem\u00e1tico de mujeres (feminicidios), sea por viejas misoginias o por la impunidad con los migrantes (V\u00e9ase Mon\u00e1rrez y Tabuenca-C\u00f3rdoba 2007; Moreno 2002). Se trata de un activismo y organizaci\u00f3n de redes de apoyo, de protecci\u00f3n y solidaridad que tienen lugar a nivel nacional o internacional contra dicha barbarie. Este \u00faltimo polo del an\u00e1lisis escapa a los objetivos de este texto.<\/p>\n<p>En general, estas articulaciones de la protesta social son un campo de an\u00e1lisis en el que se sit\u00faan grupos y actores que \u2018rebasan\u2019 lo local (por el uso de instancias internacionales de denuncia, por una mayor recurrencia de las solidaridades extranjeras), a\u00fan cuando \u00e9se sea su espacio de desarrollo. En dicho campo se incluyen tanto las ONGs internacionales como luchas defensa identitaria en el espacio local.<\/p>\n<p>En este art\u00edculo se abordan tres articulaciones en casos de protestas sociales en M\u00e9xico: las ind\u00edgenas mazahuas y el aparente car\u00e1cter coyuntural de sus acciones; la APPO en Oaxaca m\u00e1s all\u00e1 de una reedici\u00f3n \u2018anual\u2019 de sus protestas; y finalmente, Texcoco como una protesta coyuntural de ind\u00edgenas y campesinos contra la instalaci\u00f3n de un aeropuerto. Lejos de estas apariencias, aqu\u00ed se ubicar\u00e1n puntos de interconexi\u00f3n como motor de dichas movilizaciones pol\u00edticas, que nos asistir\u00e1n en la construcci\u00f3n de un modelo que reconozca su \u2018alteridad\u2019 (Cohen y Kennedy 2000).<\/p>\n<p>En fin, en este texto se pretende contribuir con el an\u00e1lisis de algunos ejemplos recientes de movilizaci\u00f3n social ocurridos en M\u00e9xico, tratando de remarcar sus novedades pol\u00edticas y de ubicarlas en la literatura cient\u00edfica reciente. La elecci\u00f3n de estos tres casos no es un intento de generalizar sobre el car\u00e1cter de las protestas en M\u00e9xico, sino de encontrar sus patterns espec\u00edficos.<\/p>\n<p>Se presentan resultados iniciales de una exploraci\u00f3n anal\u00edtica, fundada en, a) una serie de entrevistas formales e informales a actores clave de dichas protestas, realizadas en diferentes visitas al pa\u00eds (2004, 2006, 2008, 2010 y 2011); b) un seguimiento documental de la prensa nacional en las diferentes coyunturas, as\u00ed como de fuentes gubernamentales o de organizaciones civiles.<\/p>\n<p><strong>La \u2018nueva\u2019 visi\u00f3n del ciudadano<\/strong><\/p>\n<p>Desde hace varias d\u00e9cadas, el concepto de la ciudadan\u00eda tradicional (un sujeto con derechos, sometido a la autoridad de un Estado central) resulta insuficiente, si se analizan las luchas sociales en los pa\u00edses del Sur (Dom\u00ednguez 1994; Pickvance 2003) que viven una \u2018ciudadan\u00eda de un d\u00eda\u2019, frente a Estados desfasados. Ahora, la ciudadan\u00eda se articula, en sus formas colectivas, en ejes diferentes. Dan cuenta de ello la discusiones acad\u00e9micas a prop\u00f3sito de \u2018Right to the City\u2019 (Michel 2003), o aqu\u00e9llas sobre las formas de protesta social \u2018sin lugar\u2019, articuladas a partir del espacio virtual del internet (Magnusson 1996). Se trata de un ciudadano que no responde m\u00e1s a los viejos paradigmas sociol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>Esta noci\u00f3n de \u2018ciudadan\u00eda de un d\u00eda\u2019 inspira estudios en diversas regiones geogr\u00e1ficas, que muestran singularidades locales, como un intento para repensarla. En Europa, la experiencia de las asociaciones formales o los viejos sindicatos (Della Porta and Caiani 2009; Duyvendak 1995) y la dificultades que el neoliberalismo encuentra para implantarse como s\u00edmbolo de modernidad. En Am\u00e9rica del Norte (Canad\u00e1 y Estados Unidos), donde se pone \u00e9nfasis en las transformaciones del mercado y en los problemas econ\u00f3micos frente al poder de los consumidores (Schiavone 2008; Swarts 2008; Walker 1991), como una dificultad para mantener los rasgos sociales del Estado. En Asia, con la acelerada urbanizaci\u00f3n y la alt\u00edsima tecnificaci\u00f3n de la vida econ\u00f3mica (Chan 2008; McKinley 1996; Ray 1999; Shah 2004). Finalmente, en \u00c1frica, con la existencia de \u2018asociaciones\u2019 de grupos armados y los problemas de desarrollo sustentable en el largo plazo (Robins 2008).<\/p>\n<p>En la particularidad de los pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina, los trabajos muestran una extraordinaria diversidad de enfoques te\u00f3ricos (Eckstein y Garret\u00f3n 2001). Se trata de estudios que muestran un inter\u00e9s por abordar las protestas locales de pa\u00edses como Guatemala y su instrumentaci\u00f3n en alternativas sociales o pol\u00edticas (Brett, 2008), o su derivaci\u00f3n en bandas de la calle (street gangs) en El Salvador (Almeida 2008), as\u00ed como la \u2018alteridad\u2019 de or\u00edgenes urbanos y rurales de los movimientos sociales en Brasil, Bolivia y Ecuador (Petras y Veltmeyer 2005), entre muchos otros.<\/p>\n<p>Las estudios de la protesta ciudadana en M\u00e9xico encuentran inspiraci\u00f3n en los an\u00e1lisis del r\u00e9gimen de partido de Estado y su control corporativo de movilizaciones sociales antiguas y emergentes (Aguayo 1998; Gordillo 1989; K\u00f6ppen 1989; Monsiv\u00e1is 1987). Los autores relacionan el impacto de estas formas ciudadanas con los cambios que vive el pa\u00eds (Foweraker y Craig 1990); o las situan en las dificultades de inmersi\u00f3n de los trabajadores mexicanos en el mercado global, con los problemas vinculados de migraci\u00f3n, narcotr\u00e1fico, desempleo, medio ambiente y desastres (Dab\u00f3s y Juan Ram\u00f3n 2000; Williams 2001). Ubicados en esta misma tendencia de an\u00e1lisis, iniciemos con una pregunta espec\u00edfica: \u00bfHasta d\u00f3nde puede afirmarse que lo que cambia en dichas protestas ciudadanas es algo nuevo, en t\u00e9rminos epistemol\u00f3gicos?<\/p>\n<p>Los autores distinguen los viejos movimientos sociales corporativos, de clase, de jerarqu\u00edas autoritarias (Mayo 2005), con las experiencias hist\u00f3ricas recientes ubicadas en \u2018otro\u2019 lugar te\u00f3rico (Davis 2005; Klandermans y Staggenborg 2002). Existe una abundante literatura sobre la relativa novedad de las dirigencias, de las formas y tiempos de la resistencia ciudadana (Almeida 2008; Petras y Veltmeyer 2005; Ray y Katzenstein 2005; Schwartz 2006). Otros trabajos sugieren nuevos contenidos, nuevas demandas, entre las cuales el tema del medioambiente es figura central, tal como lo sugiere Fernanda Paz:<\/p>\n<p>En M\u00e9xico, como en muchos otros pa\u00edses latinoamericanos, muchos de los conflictos sociales en torno a los cuales se ha generado hoy d\u00eda movilizaci\u00f3n por parte de grupos, comunidades y pueblos, tienen un trasfondo ambiental. Se cuentan entre ellos las luchas contra la construcci\u00f3n de represas; contra la ope- raci\u00f3n de empresas mineras; contra la instalaci\u00f3n de rellenos sanitarios, verte- deros de basura y confinamientos de residuos peligrosos; contra la construcci\u00f3n de carreteras y libramientos; contra los proyectos de construcci\u00f3n masiva de vi- viendas en zonas periurbanas; se presentan movilizaciones en las ciudades contra la tendencia y el fomento del uso comercial del suelo urbano; est\u00e1n por \u00faltimo, entre muchas otras m\u00e1s, aquellas luchas en contra de la contaminaci\u00f3n del agua, el aire y\/o el suelo, provocada por la industria en diferentes puntos del pa\u00eds (Paz 2010 en linea).<\/p>\n<p>Estas nuevas formas de protestas tratan derechos de grupos que no siempre fueron centrales en los estudios sociol\u00f3gicos: mujeres, ind\u00edgenas, squatters, migrantes derechos ecol\u00f3gicos, religiosos (Moghadam 2009), entre otros. Su articulaci\u00f3n son hoy un collage de las formas de ejercer la ciudadan\u00eda y est\u00e1n referidas a contextos locales con impacto global y a un emergente activismo trasnacional (Juris y Pleyers 2009; Smith 2008; Gamble 2007; Della Porta 2006; Massicotte 2004). La ciudadan\u00eda, como noci\u00f3n que define tanto individuos y grupos, evoluciona aceleradamente.<\/p>\n<p>En este texto se tratan tres casos en M\u00e9xico, que no obstante est\u00e1n lejos de ser los \u00fanicos. Se busca comprender algunas singularidades de la protesta reciente y aportar elementos sobre su ubicaci\u00f3n en el ma\u00eblstrom que es la globalizaci\u00f3n. Aqu\u00ed se sugiere que estas protestas, audel\u00e0 de la lucha por los derechos, han rebasado la capacidad de acci\u00f3n y de di\u00e1logo con el interlocutor tradicional (el Estado y sus corporaciones). Si bien \u00e9stas pr\u00e1cticas \u2018presentan caracter\u00edsticas contradictorias\u2019, es relativamente frecuente que dichas protestas ciudadanas \u2018habilitan una relaci\u00f3n\u2019 que es considerada \u2018mutuamente beneficiosa\u2019 (Tosoni 2007, 50) e innovadora. Conocer cu\u00e1les son sus di\u00e1logos \u2013 su interlocutor y sus intermediarios \u2212 con la sociedad pol\u00edtica (Purdue 2007) son elementos que guiar\u00e1n el presente art\u00edculo.<\/p>\n<p><strong>La necesidad del \u2018ajuste global\u2019 en M\u00e9xico<\/strong><\/p>\n<p>Los cambios en el M\u00e9xico contempor\u00e1neo reflejan una amalgama extraordinaria de acontecimientos que algunos autores conceptualizan como el everyday state (Ve ron et al. 2003). Es decir, roto el sentido de lo \u2018mutuamente beneficioso\u2019 (principio del corporativismo) en las protestas, antes sujetas a un tiempo largo de la autoridad sobre las organizaciones corporativas, ahora tienen una multiplicidad de expresiones espaciales en lo inmediato-cotidiano, lo que da lugar a otras relaciones de dependencia y de beneficio mutuo (Lajous-Loaeza 2009).<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ha cambiado en ellas, en su articulaci\u00f3n y estrategias, identidad e imaginarios? Nuestra experiencia sugiere que las \u2018pr\u00e1cticas de la protesta\u2019 en M\u00e9xico conforman redes de interacci\u00f3n asim\u00e9trica en tres sentidos. Primero, porque el Estado recurre a viejos mecanismos de compra y coacci\u00f3n (el voto, la dotaci\u00f3n de servicios p\u00fablicos); segundo, cuando las protestas no tienen un gran margen de maniobra, \u00e9stas se resuelven \u2018desde arriba\u2019 entre los intermediarios de la acci\u00f3n pol\u00edtica. En tercer sentido, porque han dejado de recurrir a las instituciones para resolver su existencia (ver el interesante trabajo sobre las redes de veneraci\u00f3n de la Santa Muerte, en Rush 2011) o, particularmente, porque se definen con nuevas estrategias de resonancia global (McDonald 2006; Massicotte 2004; Kaldor 2003).<\/p>\n<p>No obstante, estas protestas no existen sin el rol de los intermediarios y de los l\u00edderes pol\u00edticos \u2018externos\u2019 que permiten mantener el flujo de recursos hacia los centros de direcci\u00f3n, operando \u2018de enlace con las autoridades pol\u00edticas y jur\u00eddicas\u2019 (Tosoni 2007, 53; Auyero 1996, 32).<\/p>\n<p>En ese sentido, se tratar\u00e1 aqu\u00ed de protestas en territorios altamente fragmentados (las ciudades y las metr\u00f3polis), cuyas identidades se sit\u00faan \u2018fuera de tiempo\u2019 (ajenos al inter\u00e9s partidario, a veces ajenas a la pol\u00edtica electoral) y donde la pol\u00edtica de lo \u2018inmediato\u2019 gobierna. El fen\u00f3meno de la fragmentaci\u00f3n pol\u00edtica ligado al desarrollo de nuevas protestas sociales indica una minuciosa tarea de \u2018organizaci\u00f3n de la resistencia\u2019 que tiene lugar en el pa\u00eds, sin que esto permita a\u00fan hablar de la construcci\u00f3n de una alternativa nacional.<\/p>\n<p>Como nota particular, es posible suponer que estas protestas generan diversos efectos \u2018dentro\u2019 del entramado jur\u00eddico-institucional (cambios de estrategias o reacomodos pol\u00edticos) y crean efectos \u2018fuera\u2019 de dicho entramado (ciertas resonancias internacionales) en la parte de la formaci\u00f3n de alternativas ciudadanas (Olesen 2004). Aun coyunturales, ponen en evidencia un deterioro progresivo de un r\u00e9gimen que pasa del centro autoritario hacia una \u2018p\u00e9rdida\u2019 del centro democr\u00e1tico \u2013al menos en sus formas discursivas \u2013 por la fuerza de las movilizaciones ciudadanas.<\/p>\n<p><strong>Caso del movimiento en Texcoco<\/strong><\/p>\n<p>La \u2018crisis de Texcoco\u2019 refiere las resistencias a la iniciativa gubernamental de construir un aeropuerto en la periferia de la metr\u00f3poli de M\u00e9xico, entre los a\u00f1os 2001 a 2002. Se trat\u00f3 de una serie de protestas de una comunidad campesino- ind\u00edgena \u2013 los desfavorecidos de la periferia \u2013, que alrededor de un a\u00f1o, alcanz\u00f3 resonancias nacionales e internacionales. La protesta reuni\u00f3 campesinos, ecologistas, estudiantes, as\u00ed como los gobiernos locales (el del Distrito Federal e Hidalgo, al menos)6 con bloqueo de carreteras, barricadas en San Mateo Atenco, marchas a caballo desde ese municipio hasta el z\u00f3calo del DF y desde Toluca, entre otras.<\/p>\n<p>No fue s\u00f3lo la resistencia a un plan urbano (Davis 2002), sino de un grupo de campesinos a quienes les ofrecieron pagos injustos despu\u00e9s de expropiarles sus tierras, a\u00fan cuando su precio aumentar\u00eda con el anuncio de la construcci\u00f3n del aeropuerto. M\u00e1s bien, se trata de una ruptura con la naturaleza de los movimientos corporativos. Por ejemplo, el 11 de julio de 2002, una manifestaci\u00f3n del Frente de Pueblos por la Defensa de la Tierra (FPDT), la organizaci\u00f3n que los identificar\u00eda, fue tratada con uso excesivo de la fuerza, gases lacrim\u00f3genos y detenciones. En respuesta a ello, la FPDT organiz\u00f3 una asamblea popular que decidi\u00f3 \u2018secuestrar\u2019 a los funcionarios estatales con la idea de intercambiarlos por los 28 campesinos presos. Al mismo tiempo que audaz, la medida iba a generar futuros enconos con las autoridades policiacas (Davis 2002).<\/p>\n<p>La protestas de la periferia metropolitana por las injusticias cometidas contra algunos de sus l\u00edderes, marchas de campesinos \u2018armados\u2019 con machetes y a caballo. \u00bfSe trataba de signos nuevos? La creaci\u00f3n del FPDT se convirti\u00f3 en el instrumento de dichas protestas que reuni\u00f3 viejos actores (campesinos, ejidatarios, ind\u00edgenas). En un pa\u00eds de cambios acelerados, tuvo efecto relativo la evocaci\u00f3n (de nuevo) a los zapatistas (1994) como la aparici\u00f3n de una nueva guerrilla). Al final, se vio como el intento de atraer la atenci\u00f3n internacional. Se trat\u00f3 de grupos identificados con viejas resistencias sociales jugando con nuevas estrategias (el impacto medi\u00e1tico de ruptura, la b\u00fasqueda de solidaridad internacional), en un contexto de expansi\u00f3n de pol\u00edticas del modelo neoliberal en M\u00e9xico, aplicado desde hac\u00eda a\u00f1os atr\u00e1s (Campbell 1997), de fuerte migraci\u00f3n y de redes trasnacionales de los pueblos ind\u00edgenas y campesinos (Le Bot y Aquino 2009), lo que provoca profundos cambios socioculturales (Gendreau y Jim\u00e9nez 2002). Estos actores estaban ahora colocados en \u2018otro\u2019 lugar de la pr\u00e1ctica pol\u00edtica: el escenario metropolitano.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 por ello, el gobierno federal dio marcha atr\u00e1s (5 de agosto de 2002) dejando a la deriva a los grupos de empresarios nacionales e internacionales que ve\u00edan en el proyecto jugosos contratos para los siguientes a\u00f1os, el m\u00e1s ambicioso en d\u00e9cadas (Alcalya 2002). El proyecto de nuevo aeropuerto preve\u00eda inversiones del orden de 2.863 millones de d\u00f3lares y proyectaba la creaci\u00f3n de 81.000 empleos. Solamente en los estudios de viabilidad, el gobierno federal gast\u00f3 6 millones de d\u00f3lares (Moreno 2008). El gobierno federal mostr\u00f3 incapacidad \u2013 recu\u00e9rdese que era el primer gobierno surgido de la oposici\u00f3n \u2013, o desinter\u00e9s en propiciar un acuerdo pol\u00edtico o en \u2018armonizar\u2019 las relaciones sociales (entre grupos y los gobiernos o entre estos mismos grupos), con el fin de construir esa importante obra metropolitana.<\/p>\n<p>Estas protestas fueron una expresi\u00f3n del progresivo agotamiento de mecanismos clientelares o de la falta de experiencia del nuevo gobierno proveniente del Partido Acci\u00f3n Nacional (PAN), as\u00ed como de una resistencia a las ideas de \u2018modernizaci\u00f3n\u2019 de las nuevas elites mexicanas (Davis 2002). Pero sobre todo, dichas protestas establecieron un v\u00ednculo entre una \u2018exterioridad\u2019 (globalizaci\u00f3n uniformadora o etnias resistentes) y una \u2018interioridad\u2019 en la metr\u00f3poli (la insuficiencia de servicios y la agudizaci\u00f3n de las demandas de grupos sociales contestatarios) que reflejan nuevas formas de la pr\u00e1ctica pol\u00edtica ciudadana, seg\u00fan algunos autores (Anton 1995; Castro 1998, Kloster y De Alba 2007).<\/p>\n<p>El tiempo pol\u00edtico de la protesta en M\u00e9xico cambi\u00f3. Si antes dichas protestas estaban sujetas a los tiempos, procedimientos, sujeciones de las organizaciones corporativas (del Partido Revolucionario Institucional, PRI), ahora, tejen relaciones \u2018voluntarias\u2019 pero tambi\u00e9n \u2018obligatorias\u2019, es decir, construyen \u2013 o comienzan a construir \u2013 una arquitectura \u2018fuera\u2019 de los espacios de negociaci\u00f3n del Estado, con quien negocian no obstante su supervivencia (Alcalaya 2002).<\/p>\n<p>Otra parte de esta historia ocurri\u00f3 el 3-4 de mayo de 2006 cuando un grupo de polic\u00edas intent\u00f3 un desalojo, los habitantes texcocanos resistieron y se desarroll\u00f3 una tumultuosa represi\u00f3n policiaca, con un muerto y varios heridos seg\u00fan reportaron organizaciones de derechos humanos (CDH-Pro 2006). Parec\u00eda que la polic\u00eda estatal estaba \u2018cobrando\u2019 las afrentas pasadas o bien, se trat\u00f3 de una operaci\u00f3n quir\u00fargica aparentemente \u2018necesaria\u2019 en una coyuntura cr\u00edtica como lo fueron las elecciones presidenciales de 2006. Recu\u00e9rdese adem\u00e1s que el 25 de abril de 2006 hab\u00eda ocurrido la visita al municipio de San Salvador Atenco del subcomandante Marcos, como parte de las actividades de su Otra Campa\u00f1a, una estrategia medi\u00e1tica por diferenciarse de la campa\u00f1a de los partidos pol\u00edticos, interpretado por analistas gubernamentales como la alianza estrat\u00e9gica entre el FPDT y el EZLN.<\/p>\n<p>Como parte de su estrategia de \u2018construcci\u00f3n de redes\u2019, los l\u00edderes FPDT participaron m\u00e1s tarde en acciones de solidaridad con varios conflictos regionales (por ejemplo, en la oposici\u00f3n a la construcci\u00f3n de un Wal Mart en Teotihuac\u00e1n, en 2004; con las mazahuas; en el conflicto en Oaxaca, entre otros). En dicho sentido, las actividades de apoyo pol\u00edtico del FPDT est\u00e1n sujetas a la vigilancia de los go- biernos locales y federales.<\/p>\n<p>Como colof\u00f3n, puede sugerirse que la formaci\u00f3n de un llamado Consejo Popular Aut\u00f3nomo signific\u00f3 un momento neur\u00e1lgico de lo que algunos autores denominan \u2018empoderamiento social\u2019 (Kuri 2008, 117). Los campesinos y colonos de San Salvador Atenco, Santa Isabel Ixtapan, Nexquipayac, colonia Francisco. I. Madero y Acuexc\u00f3mac instauraron un \u2018ayuntamiento\u2019 en sustituci\u00f3n del gobierno municipal priista para llevar a cabo gestiones administrativas, proporcionar servicios de seguridad p\u00fablica, atenci\u00f3n m\u00e9dica y limpieza de calles. Otro elemento m\u00e1s fue cuando, debido a la represi\u00f3n del 11 de julio de 2002, los pobladores y l\u00edderes del movimiento decidieron no permitir la realizaci\u00f3n de los comicios locales para elegir al nuevo gobierno municipal en 2003. Como acci\u00f3n pol\u00edtica de empoderamiento, estas acciones ser\u00edan de mayor radicalidad a los prop\u00f3sitos expresados en una protesta de este g\u00e9nero. Pero sobre todo, inauguraba una era distinta en las forma de organizaci\u00f3n de la protesta social. No obstante, a\u00fan es dif\u00edcil evaluar sus consecuencias.<\/p>\n<p><strong>El caso de las mujeres Mazahuas<\/strong><\/p>\n<p>En 1982 el sistema Cutzamala fue inaugurado como la obra que proporcionar\u00eda agua a la metr\u00f3poli de M\u00e9xico, dada el progresivo agotamiento de otras fuentes de suministro. Esta obra signific\u00f3 la afectaci\u00f3n de comunidades rurales e ind\u00edgenas (Mazahuas, principalmente), por lo cual las autoridades federales hicieron desde entonces promesas de construir caminos, desarrollar proyectos productivos, para compensar a las comunidades afectadas y evitar a toda costa de los conflictos sociales o pol\u00edticos (Perlo 2005, 37-45). No fue sino hasta el a\u00f1o 2003 cuando las ocho comunidades mazahuas cuestionaron el usufructo de su territorio y el uso del agua sin consulta, y en una coyuntura en la cual sus terrenos fueron \u2018inundados\u2019 como parte de los trabajos de la Presa Villa Victoria (Kloster y De Alba 2007). En consecuencia, en septiembre de 2004, aproximadamente 100 mujeres Mazahuas decidieron formar el Frente Mazahua por la Defensa del Agua, para luchar contra el gobierno y para exigir el acceso al agua que reconoc\u00edan como un derecho humano (Perlo 2005, 92-3).<\/p>\n<p>Este Ej\u00e9rcito Zapatista de Mujeres para la Defensa del Agua se convirti\u00f3 r\u00e1pidamente en una forma de reagrupamiento ind\u00edgena local dada la \u2018atracci\u00f3n\u2019 medi\u00e1tica que produjo. Su demanda inicial, por el pago de da\u00f1os generados a sus tierras, r\u00e1pidamente evolucion\u00f3 por demandas de car\u00e1cter social. Tambi\u00e9n, porque utiliz\u00f3 t\u00e1cticas de lucha innovadoras para exigir sus demandas ante los gobiernos local y federal. Contrariamente a los campesinos de Texcoco, las Mazahuas ten\u00edan una demanda a\u00f1eja y, al mismo tiempo, cambiaron sus exigencias por otras que comprend\u00edan un desarrollo sustentable de la regi\u00f3n: el abastecimiento de agua, la construcci\u00f3n de escuelas y cl\u00ednicas, as\u00ed como proyectos productivos para la comunidad. Pero quiz\u00e1 la exigencia m\u00e1s importante es que, usando el \u2018inter\u00e9s de g\u00e9nero\u2019 (es decir, la participaci\u00f3n de mujeres en el movimiento) (Molineaux 2001, 152-3), alcanzaron una mayor resonancia.<\/p>\n<p>El 20 de septiembre de 2004, este grupo decidi\u00f3 bloquear la estaci\u00f3n de aguas residuales de Los Berros, entonces \u2018marcharon en formaci\u00f3n militar, vestidas con sus trajes tradicionales, armadas con machetes, azadones y armas de fuego de madera contra el ej\u00e9rcito\u2019 que custodiaba la estaci\u00f3n, lo que r\u00e1pidamente circul\u00f3 en los medios de comunicaci\u00f3n nacionales e internacionales (Lara Aldave y Vizcarra Bordi 2008, 498), como una nueva \u2018guerrilla\u2019, que evocaba, una vez m\u00e1s, a los zapatistas, aparecidos en Chiapas diez a\u00f1os atr\u00e1s (1994). As\u00ed, destacar el rol de mujeres en la protesta, apelar a una evocaci\u00f3n \u00e9tnica y sobre todo m\u00edtica (la revuelta zapatista), as\u00ed como un discurso medioambiental de desarrollo sustentable fueron tres ejes innovadores e identitarios que les dieron alto impacto pol\u00edtico a sus protestas.<\/p>\n<p>Aun cuando se ha sugerido que el movimiento tuvo una fase de cooptaci\u00f3n por el gobierno local del estado de M\u00e9xico (Kloster y De Alba 2007), las Mazahuas inauguraban un tipo de protestas con un discurso fresco frente a las viejas pr\u00e1cticas corporativas de los sindicatos y de los movimientos clasistas, de una izquierda anquilosada en los procesos electorales y sobretodo, frente al hartazgo de la pol\u00edtica. Los or\u00edgenes de esta \u2018capacidad de resistencia\u2019 y la idea de alcanzar mayor resonancia son dif\u00edciles de determinar, pero quiz\u00e1 algunas de sus fuentes sean el hartazgo por el machismo (entrevista comandante Nancy, marzo de 2006) la alta mi- graci\u00f3n ind\u00edgena (Sandoval 2000) y sus consecuencias comunitarias en el intercambio sociocultural, como lo se\u00f1alan seg\u00fan algunos autores (Lutz y Vizcarra- Bordi 2007; Gendreau y Jim\u00e9nez 2002).<\/p>\n<p>Las mazahuas fueron portadoras de un discurso de g\u00e9nero en la identidad ind\u00edgena, algo que rebas\u00f3 la discusi\u00f3n misma de los zapatistas en los a\u00f1os 1990. La mujer ind\u00edgena, doblemente explotada (por el machismo y por su condici\u00f3n \u00e9tnica) parec\u00eda convertirse en un recurso-garante de honestidad contra los intentos de corrupci\u00f3n del gobierno, en una libertad de acci\u00f3n pol\u00edtica sin represalias mayores y sobretodo, en un juego de im\u00e1genes que atrajeron la atenci\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica. Era tambi\u00e9n una clave contra el clientelismo:<\/p>\n<p>Ya estamos cansadas de que [el gobierno] nos ignore. Quiere que tomemos medidas dr\u00e1sticas. A los hombres los han enga\u00f1ado, con nosotros no van a hacer lo mismo&#8230;. Estamos dispuestas a morir o ser encarceladas&#8230;. Queremos hechos, no palabras&#8230;. No queremos ni c\u00e9ntimos, ni limosnas, sino una pol\u00edtica integral de desarrollo sustentable, de agua para la regi\u00f3n &#8230; ya no queremos ser excluidas, como lo fuimos durante 25 a\u00f1os, cuando el sistema Cutzamala comenz\u00f3 sus operaciones para llevarse el agua de nuestra regi\u00f3n (Lara Aldave y Vizcarra Bordi 2008, 498).<\/p>\n<p>En diciembre de 2004, las comunidades mazahuas recibieron una indemnizaci\u00f3n de un mill\u00f3n 400 mil pesos por las tierras agr\u00edcolas afectadas y por el desbordamiento del Cutzamala. Sin embargo, la reivindicaci\u00f3n de contar con un programa de desarrollo para la regi\u00f3n no se hab\u00eda cumplido, lo que result\u00f3 en un fortalecimiento relativo de la protesta social (Reforma, 10-06-2005). En febrero de 2005, el Ej\u00e9rcito de Mujeres Zapatistas reanud\u00f3 sus protestas porque el gobierno federal no hab\u00eda iniciado la aplicaci\u00f3n del proyecto de desarrollo prometido. Bloquearon las instalaciones de la Secretar\u00eda de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) por la falta de compromiso de la CNA y de esa secretar\u00eda. Al mismo tiempo, miembros de esa comunidad decidieron iniciar una huelga de hambre (El Universal, 04-02-2005). Despu\u00e9s de doce d\u00edas de protestas, decidieron prorrogar la huelga, ahora fuera de las oficinas de la CNA. Sus demandas: exigir el cumplimiento de las promesas de 1982 y las renovadas en 2003.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, el gobierno reaccion\u00f3 con respuestas que mostraron insensibilidad. Con el argumento que las protestas de los Mazahuas creaban un conflicto vial, y que con el bloqueo al acceso a la planta de tratamiento de Los Berros da\u00f1aban instalaciones estrat\u00e9gicas, la CNA las demand\u00f3 judicialmente. En respuesta este grupo amenaz\u00f3 con ejercer m\u00e1s presi\u00f3n si dicha demanda no era retirada. Resultado: por la cobertura medi\u00e1tica y la politizaci\u00f3n del conflicto, el gobierno retir\u00f3 dicha demanda (El Universal, 10-02-2005). M\u00e1s tarde, en junio de 2005, en su protesta frente a la CNA, quince miembros de este grupo se lanzaron a una huelga de hambre, como otra medida de presi\u00f3n.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Victoria Mart\u00ednez, portavoz del Ej\u00e9rcito de Mujeres, en 2004 la CNA se hab\u00eda comprometido a desarrollar siete proyectos en la Cuenca de Cutzamala en cinco comunidades. Como dichos proyectos nunca fueron iniciados, los mazahuas continuaron sus protestas. Aun cuando se reunieron con Crist\u00f3bal Jaime J\u00e1quez, director General de la CNA (Reforma, 10-06-2005; y entrevista con la comandanta Nancy, marzo de 2006), su respuesta fue insatisfactoria, por lo que el grupo de ind\u00edgenas decidi\u00f3 bloquear de nuevo la presa Los Berros. Sin embargo, en esa ocasi\u00f3n la CNA solicit\u00f3 la intervenci\u00f3n de la Polic\u00eda Federal Preventiva y la presencia de 400 polic\u00edas para proteger a la planta de tratamiento. En esa ocasi\u00f3n, frente al Ej\u00e9rcito y a la polic\u00eda federal un grupo de quince mazahuas, cubiertos por periodistas, cerr\u00f3 las v\u00e1lvulas del sistema Cutzamala, lo que afectar\u00eda la metr\u00f3poli de M\u00e9xico. Igual que en las protestas de Texcoco contra la construcci\u00f3n del aeropuerto, las mazahuas evocaban un movimiento alejado de sindicatos, de partidos pol\u00edticos (aun cuando algunos eran miembros de ellos), lo que mostraba una caracter\u00edstica peculiar.<\/p>\n<p>El movimiento tambi\u00e9n utiliz\u00f3 otras coyunturas de atenci\u00f3n internacional. En 2006, durante el IV Foro Mundial del Agua, desarrollado en la ciudad de M\u00e9xico, sus representantes de acusaron de ineficaz a la CNA para resolver el conflicto de sus comunidades (entrevista con la comandanta Nancy, marzo 2006).<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, su movimiento denuncia en M\u00e9xico, los impactos en el equilibrio ecol\u00f3gico de la regi\u00f3n por el desv\u00edo de los r\u00edos, el alto grado de contaminaci\u00f3n del medio ambiente y, especialmente, la saturaci\u00f3n de basura en los r\u00edos (Legorreta 1995; Reforma, 10-06-2005; CIEPAC, 08-03-2006). Las mujeres mazahuas consideraban que los trabajos de infraestructura que exig\u00edan resolver\u00edan el problema de falta de agua de las comunidades en un 80 por ciento. Varias propuestas de sustentabilidad surgieron de este grupo, por ejemplo, que las grandes tiendas co- merciales pueden operar como sensores de agua de lluvia (entrevista con la comandanta Nancy, marzo 2006; El Universal, 09-08-2006), entre otros. En general, se trataba de una batalla por promover el valor sagrado del agua y ejercer su derecho a contar con el recurso.<\/p>\n<p>Recapitulando, en ambos casos \u2013 el movimiento contra un aeropuerto en Texcoco y un movimiento contra la apropiaci\u00f3n del agua situada en territorio tradicionalmente ind\u00edgena \u2013, las protestas tuvieron \u00e9xitos y fracasos relativos; sus demandas, aunque tratadas con indiferencia, lograron detener ciertas decisiones gubernamentales (la construcci\u00f3n del aeropuerto, la criminalizaci\u00f3n de las l\u00edderes ma- zahuas, respectivamente).<\/p>\n<p>En ambos casos subrayaron identidades nuevas en un contexto donde el imaginario pol\u00edtico estaba tanto marcado por el souvenir (recuerdo) de la revuelta zapatista como una d\u00e9cada de migraci\u00f3n ind\u00edgena (Gendreau y Jim\u00e9nez 2002). En Texcoco, se destac\u00f3 una identidad de las comunidades rurales que resisten los planes de la modernidad metropolitana cuando la consulta previa fue inexistente. Por su parte, las mazahuas recordaron una indiferencia doble: los ind\u00edgenas a quienes se les hicieron promesas dos d\u00e9cadas atr\u00e1s, y la indiferencia pol\u00edtica al g\u00e9nero que, al mismo tiempo, les permiti\u00f3 una mayor \u2018aceptaci\u00f3n\u2019 social.<\/p>\n<p><strong>\u00bfProtestas o \u2018insurgencia\u2019 en el movimiento de la APPO?<\/strong><\/p>\n<p>La acci\u00f3n pol\u00edtica de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO, en adelante) alter\u00f3 la vida local y en cierto sentido, la pol\u00edtica nacional,9 esto \u00faltimo porque ninguno de los casos anteriores cuestionaba directamente la legitimidad del gobierno. Seg\u00fan Margarita Dalton, en Oaxaca se colocaron \u2018fuera\u2019 del Estado porque en las negociaciones o la difusi\u00f3n de sus actos \u2018aparecen numerosas ONGs y tambi\u00e9n organizaciones impulsadas por la iglesia y su pastoral, y en algunos casos, se habla de la influencia particular de la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n\u2019 (Dalton 2007,71-2).<\/p>\n<p>El conflicto se origina en las disputas internas del PRI local, ocurridas en una coyuntura de elecciones presidenciales. Adem\u00e1s, re\u00fane varios actores (pol\u00edticos y dirigentes de organizaciones sociales), en alianza con grupos corporativos (secci\u00f3n 22 del SNTE-CNTE). Estas protestas son las m\u00e1s amplias en su espectro social, al mismo tiempo, contienen rasgos tradicionales (corrupci\u00f3n de l\u00edderes, cooptaci\u00f3n, infiltraci\u00f3n de grupos de poder, entre otros). Esta singularidad tiene dos explicaciones.<\/p>\n<p>Por una parte, una confluencia en el conflicto de grupos pol\u00edticos y organizaciones cuyos antagonismos aumentaron las fracturas en el PRI (en beneficio de partidos de oposici\u00f3n) y de la intensidad de las protestas de la APPO. Por otra parte, una pol\u00e9mica aparici\u00f3n del Ej\u00e9rcito Popular Revolucionario (EPR), frente a denuncias de militarizaci\u00f3n del estado, como respuesta a la radicalidad de la APPO (Entrevista con Flavio Sosa, febrero 2011).<\/p>\n<p>En Oaxaca cohabitaban formas de resistencia popular con formas de clientelismo, expresadas en una gran variedad de formas de la protesta: huelgas, acciones cuasiguerrilleras, ocupaciones de tierra, movimientos urbanos.<\/p>\n<p>Las protestas crearon sus \u00f3rganos de representaci\u00f3n. Por ejemplo, el 15 de mayo, despu\u00e9s de la marcha hacia el Centro Hist\u00f3rico de la Ciudad de Oaxaca (unos 15 mil maestros, seg\u00fan fuentes locales), se integr\u00f3 el Frente Amplio de Lucha Popular (FALP). Ellos buscaban ampliar su base social con la integraci\u00f3n de nuevas organizaciones, esencialmente como la secci\u00f3n 22, con una larga tradici\u00f3n de oposici\u00f3n abierta al gobierno local.<\/p>\n<p>Igual que las otras protestas estudiadas aqu\u00ed, en la creaci\u00f3n de la APPO no hab\u00eda actores con un plan de acci\u00f3n unitario, o con una plataforma ideol\u00f3gica \u00fanica, aunque sus m\u00e9todos de movilizaci\u00f3n se fundaron en la \u2018lucha popular\u2019 mao\u00edsta (Gravante 2011).<\/p>\n<p>La APPO fue fundada el 14 de junio de 2006, despu\u00e9s del intento de desalojo de un paro de la secci\u00f3n 22 del sindicato de maestros (Entrevista con Zenen Bravo 2008). Al inicio su pliego petitorio destacaba la rezonificaci\u00f3n salarial del magisterio, pero termin\u00f3 enfocado en la demanda de juicio pol\u00edtico contra el gobernador Ulises Ruiz. Durante los meses de conflicto, los maestros y simpatizantes de la APPO fueron llevados tanto por sus dirigentes como por el gobierno local a un escenario de radicalizaci\u00f3n, de violencia y desorganizaci\u00f3n sin precedentes en la ciudad de Oaxaca (Entrevista Luis Zarate 2008), lo que algunos autores denominan un escenario de \u2018insurgencia popular\u2019 (Gravante 2011; Mendoza 2009; Sotelo 2008).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se encuentra un primer rasgo singular respecto a las otras protestas estu- diadas en este art\u00edculo. La APPO aglutin\u00f3 una protesta social diversa, no exclusiva de un grupo social o clase (ni de una corporaci\u00f3n o etnia). En general la APPO logr\u00f3 una cohesi\u00f3n que, durante alrededor de cinco meses, reuni\u00f3 tres grupos sociales diferentes (ver Mart\u00ednez 2007): a) Sindicatos con amplia experiencia en la organizaci\u00f3n de acciones contra el gobierno (FSODO, STEUABJO, la secci\u00f3n 35 del IMSS y principalmente la secci\u00f3n 22 SNTE-CNTE); b) Organizaciones ind\u00ed- genas con agendas sobre la recuperaci\u00f3n del poder aut\u00f3nomo en sus comunidades (la Asamblea de los Pueblos Zapoteco, Mixe y Chinanteco); c) Organizaciones sociales con agendas que reclamaban justicia, participaci\u00f3n social, equidad de g\u00e9nero y la libre manifestaci\u00f3n religiosa (las comunidades eclesiales de Base, EDUCA). Igualmente, aqu\u00e9llas que defend\u00edan los derechos laborales y agrarios y con una ideolog\u00eda socialista (integrantes de la Promotora por la Unidad Nacional contra el Neoliberalismo, UNT, FPR, FALP); o grupos de colonos o marginados urbanos.<\/p>\n<p>Un segundo rasgo singular fue la relevante participaci\u00f3n de instituciones federales en el conflicto. Por ejemplo, la C\u00e1mara de Diputados Federal se opuso a la demanda central del movimiento: el juicio pol\u00edtico y la destituci\u00f3n del gobernador Ulises Ruiz. Igualmente, el gobierno federal mantuvo el conflicto con la aparente idea de evidenciar el \u2018radicalismo\u2019 de la oposici\u00f3n antes de las elecciones presidenciales de 2006 y que ello favoreciera a la coalici\u00f3n electoral \u2018Por el bien de todos\u2019 integrada por el PRD-PT.<\/p>\n<p>Las negociaciones entre los actores nacionales dieron un golpe de gracia para finalizar las protestas. El PRI nacional condicion\u00f3 su apoyo al presidente electo Felipe Calder\u00f3n a cambio de sostener al gobernador oaxaque\u00f1o. Era el inicio de la soluci\u00f3n \u2018desde arriba\u2019. El arreglo signific\u00f3 tambi\u00e9n el env\u00edo de la Polic\u00eda Federal Preventiva (PFP) para restaurar el orden. En ese contexto, el nuevo Presidente tom\u00f3 posesi\u00f3n en medio de un fuerte cuestionamiento por parte del candidato perdedor. La \u2018insurgencia popular\u2019, a trav\u00e9s de una alianza de AMLO con las protestas en Oaxaca (Pedro Matias, entrevista julio 2008) ser\u00eda abortada.<\/p>\n<p>El saldo del enfrentamiento del s\u00e1bado 25 de noviembre de 2006, entre los miembros de la APPO y la PFP fueron 3 muertos, 98 desaparecidos, 109 heridos y 93 detenidos, seg\u00fan fuentes (El Universal, 26-11-06). As\u00ed, el 29 de noviembre la PFP levant\u00f3 la \u00faltima barricada y ocup\u00f3 \u2018Radio Universidad\u2019 en las instalaciones de la UABJO. Si bien con esta acci\u00f3n el gobierno local y el gobierno federal concluyeron el conflicto, los contingentes y dirigentes de la APPO lo continuaron.<\/p>\n<p>Una tercera singularidad es el apoyo internacional y las redes de organizaciones sociales que sostuvieron las protestas en Oaxaca. Seg\u00fan Francisco J. G\u00f3mez (2010), varios de los grupos migrantes originarios de Oaxaca que viven en el extranjero las apoyaron, particularmente el Frente Ind\u00edgena Oaxaque\u00f1o Binacional, como uno de los m\u00e1s importantes. Por su parte, Aldo Mu\u00f1oz (2008) sostiene que la APPO recibi\u00f3 apoyos de sindicatos de maestros de Estados Unidos (Red Internacional de Ind\u00edgenas Oaxaque\u00f1os), Canad\u00e1 y algunos pa\u00edses europeos; as\u00ed como de organizaciones no gubernamentales (ONGs) de diversas partes del mundo, que participaron en la difusi\u00f3n del movimiento. En ese \u00faltimo aspecto, igual que en Texcoco, la difusi\u00f3n de las protestas de Oaxaca tuvo diferentes organismos. Quiz\u00e1 uno de los m\u00e1s importantes sea Indymedia.org, independent media center, una red mundial de difusi\u00f3n sobre abusos de las instituciones y los movimientos sociales. Ir\u00f3nicamente, los l\u00edderes entrevistados fueron siempre reacios a hablar del tema.<\/p>\n<p>En este sentido, mientras que las protestas de las Mazahuas y de Texcoco tuvieron un grado de aceptaci\u00f3n a partir de sus movilizaciones p\u00fablicas, estuvieron lejos de la resonancia que alcanzaron las protestas en Oaxaca. En los tres casos, las redes internacionales jugaron un rol esencial en los recursos financieros y sobre todo, en la difusi\u00f3n de sus movilizaciones.<\/p>\n<p><strong>Conclusiones<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 es importante estudiar estos tres casos de cambio social tan diferentes (Texcoco, mazahuas y Oaxaca)? Antes de responder debe se\u00f1alarse que varios autores han marcado la importancia de otros movimientos de relevancia que bien podr\u00edan incluirse en un cat\u00e1logo de lo novedoso en la acci\u00f3n pol\u00edtica en M\u00e9xico. Este trabajo solo recupera tres casos fundados en una experiencia particular de investigaci\u00f3n. Por lo tanto, se sumar\u00e1 a otros trabajos que recuperan dichas singularidades en M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Se trata aqu\u00ed de un proyecto de investigaci\u00f3n en curso, con resultados iniciales de una comparaci\u00f3n a-sistem\u00e1tica, que tienen dos denominadores comunes: los casos son todos recientes (b\u00e1sicamente despu\u00e9s del a\u00f1o 2000) por lo que sus v\u00ednculos, solidaridades y alianzas resulta l\u00f3gica. Pero, lo que se busc\u00f3 aqu\u00ed es conocer sus singularidades (en un proceso de cambio de r\u00e9gimen pol\u00edtico) y sus resonancias en un mundo global. Pero, \u00bfPor qu\u00e9 el inter\u00e9s de analizarlos en conjunto? Encontramos cinco conclusiones iniciales.<\/p>\n<p>En primer lugar, estas protestas est\u00e1n todas vinculadas a las luchas pol\u00edticas metropolitanas: su acci\u00f3n tuvo lugar en el centro urbano (metr\u00f3polis de M\u00e9xico y Oaxaca); y fueron protestas contra el centro pol\u00edtico (el Estado federal y la metr\u00f3poli por la expansi\u00f3n de su aeropuerto).<\/p>\n<p>En segundo lugar, tuvieron un denominador com\u00fan y antit\u00e9tico: la evocaci\u00f3n de un imaginario de la revuelta en M\u00e9xico (los zapatistas, el M\u00e9xico viejo); lo que les permite \u2013 dada la fuerte legitimidad pol\u00edtica de aqu\u00e9llos \u2013, trascender lo local para situarse en una mayor resonancia pol\u00edtica. Esta evocaci\u00f3n de lo viejo atrae el apoyo de redes de internacionales de financiamiento, de acciones internacionales solidarias o para la difusi\u00f3n (redes inform\u00e1ticas) de sus movilizaciones. Se trata de la vinculaci\u00f3n a una modernidad global, como le llamaremos aqu\u00ed. Esta \u2018facilidad\u2019 para la conexi\u00f3n exterior, antes imposible, ocurre tambi\u00e9n por la alt\u00edsima movilidad migratoria de los pueblos ind\u00edgenas en M\u00e9xico y los cambios socioculturales que ello genera. Aunque los alcances de estos aspectos son dif\u00edciles de medir, todas estas protestas muestran un proceso lento en el aprendizaje social de la protesta, en el largo plazo.<\/p>\n<p>En tercer lugar, estas protestas representan rupturas entre varios grupos antes sometidos al corporativismo, antes controlados por el partido en el poder, antes sujetos exclusivamente a partidos pol\u00edticos y a procesos electorales. En cambio, ahora estuvieron confrontadas con los tres niveles de Gobierno y que, en ciertos casos, se configuraron como fuerzas pol\u00edticas efectivas. En ellas se reconocen procesos recientes que han modificado, en m\u00faltiples v\u00edas la disputa por el poder en M\u00e9xico. En el menor de los casos, distrajeron la atenci\u00f3n p\u00fablica respecto a las disputas electorales entre partidos pol\u00edticos; o favorecieron condiciones para alianzas pol\u00edticas futuras (el triunfo de una alianza de toda la oposici\u00f3n en 2010 en Oaxaca, por ejemplo) locales o internacionales.<\/p>\n<p>En cuarto lugar, tienen un car\u00e1cter coyuntural en ambientes urbanos o periurbanos. Las protestas analizadas aqu\u00ed re\u00fanen a los desfavorecidos de la pol\u00edtica nacional respecto a las metr\u00f3polis: las ind\u00edgenas Mazahuas, las olvidadas de la \u2018periferia social\u2019 (Genieys 1996) de M\u00e9xico, y los grupos marginales de Oaxaca, la regi\u00f3n \u00e9tnica m\u00e1s importante del pa\u00eds. As\u00ed, la acci\u00f3n pol\u00edtica en dichas periferias y los \u2018usos pol\u00edticos\u2019 de la pobreza (Auyero 1997), se constituyen en indicios de un cambio de periodo en las formas de gobernabilidad, tanto por la multiplicaci\u00f3n de actores sociales emergentes articulados por eventos locales, como por su potenciaci\u00f3n en las redes sociales trasnacionales.<\/p>\n<p>En quinto lugar, desde una perspectiva interdisciplinaria, podemos desde ahora encontrar superposiciones (overlapping) o interconexiones din\u00e1micas en varios de los conflictos analizados. Notemos una cierta similitud en la movilidad que estructura la acci\u00f3n pol\u00edtica en los tres casos: en la confluencia de diversos tiempos (las elecciones locales o el corte de agua a la metr\u00f3poli), diversos espacios (las plazas o las figuras m\u00edticas de liderazgos, el rebasamiento de lo local hacia lo global inmediato, vol\u00e1til) y de diversos actores pol\u00edticos (ligas con estudiantes, acad\u00e9micos o activistas de derechos humanos, periodistas o asesores reconocidos, aproximaciones a l\u00edderes de movimientos hist\u00f3ricos para el soporte log\u00edstico tanto como intelectual).<\/p>\n<p>En el caso de los actores pol\u00edticos, aunque en cada conflicto se mantuvieron, desvanecieron o dispersaron, al mismo tiempo establecieron interconexiones como un intento de permanencia. Se trata de identidades pol\u00edticas en desplazamiento (ver el concepto de metr\u00f3polis m\u00f3viles en Boudreau y de Alba 2011), que ilustra \u2018puntos fr\u00e1giles\u2019 de la dominaci\u00f3n pol\u00edtica tradicional en el pa\u00eds, que tienen ahora como ejes a actores que se revelan emergentes y en interconexi\u00f3n permanente. Estos movimientos, seg\u00fan Fernanda Paz:<\/p>\n<p>&#8230; tienen en com\u00fan el hecho de que la denuncia del agravio no ha sido suficiente para ganar legitimidad ante el Estado \u2013 a quien se le reclama acci\u00f3n y protecci\u00f3n \u2013 y la sociedad \u2013 de quien se busca apoyo \u2013, sino que han tenido, todos ellos, que construir cuidadosamente su argumento y su estrategia de lucha m\u00e1s all\u00e1 de la denuncia directa, la oposici\u00f3n y la protesta. Ha sido en este espacio de construcci\u00f3n de legitimidad donde se ha venido tejiendo, en la \u00faltima d\u00e9cada, una relaci\u00f3n entre las movilizaciones sociales y el conocimiento cient\u00edfico que va m\u00e1s all\u00e1 de alianzas coyunturales entre organizaciones y acad\u00e9micos &#8230; como una interacci\u00f3n entre ambos que conduce a mutuas configuraciones (Paz 2010 en l\u00ednea).<\/p>\n<p>En suma, el sentido de lo pol\u00edtico en las protestas sociales puede ser resignificado: a trav\u00e9s de las interconexiones con el pasado, con un presente coyuntural y con una articulaci\u00f3n eventual en el futuro. El objetivo, en este trabajo ha sido, desentra\u00f1ar el sustrato de una crisis de lo pol\u00edtico visto como el potencial colectivo de la pro- testa, de la movilizaci\u00f3n y de la resistencia. No como el lugar exclusivo de la ruptura, sino como uno de sus lugares concretos.<\/p>\n<p>Con este an\u00e1lisis es posible sugerir la emergencia de formas nuevas de organi- zaci\u00f3n colectiva, que rompen una atadura geo-refencial: lo local deja de ser perma-nente, es ahora inmediato (everyday state, en Veron et al. 2003). Por tanto, estas protestas se \u2018alinean\u2019 con lo que es vol\u00e1til y que, por ello, pueden rebasar su esfera territorial. Este an\u00e1lisis muestra ciertas potencias de la protesta ciudadana en M\u00e9xico: tanto por sus signos de eventuales rupturas en el futuro, como por la forma que adquieren estas disputas entre actores pol\u00edticos en M\u00e9xico (institucionales o no). Todo ello puede encontrarse con claridad en el balance que hizo uno los observadores en el movimiento en Oaxaca:<\/p>\n<p>Si hay un proceso electoral y sale medio mill\u00f3n de gente a votar pues se piensa que un Gobernador est\u00e1 validado aunque por pocas personas y es el \u00fanico derecho que nos permiten ejercer como ciudadan\u00eda. Pero si sale un mill\u00f3n de personas a protestar contra el mal gobierno y contra las p\u00e9simas acciones que tiene, ya no somos ciudadanos que puedan quitar al gobierno que seg\u00fan \u2018elegimos\u2019 y se nos acusa de rebeldes, revoltosos, terroristas o guerrilleros. Y ah\u00ed se acaban nuestros derechos, \u00e9se es el problema. Y es que <em>somos ciudadanos de un d\u00eda.<\/em>..<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Felipe de Alba es investigador del Instituto de Estudios Avanzados en Lyon Fran- cia y fue investigador postdoctoral en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Adem\u00e1s tiene un doctorado en Estudios Urbanos de la Universidad de Montreal. Se interesa en el estudio de la geopol\u00edtica de los recursos naturales (agua) en los pa\u00edses del Sur Global, todo en vinculaci\u00f3n con los cambios pol\u00edticos, as\u00ed como los procesos de construcci\u00f3n de ciudadan\u00eda. Dos publicaciones recientes son: (con Julie-Anne Boudreau) \u2018Acci\u00f3n pol\u00edtica, informalidad y metr\u00f3polis m\u00f3biles: una reflexi\u00f3n epistemol\u00f3gica\u2019, Reflexi\u00f3n Pol\u00edtica, Universidad de Bucaramanga, Colombia, 2011, Vol. 13 (25), pp. 22-33; y (con Julie-Anne Boudreau) \u2018The figure of the hero in cinematographic and urban spaces: Fear and politics in Ciudad Juarez\u2019, Emotion, Space, Society, 4 (2011) Reino Unido, pp. 75-85. &lt;fdealbam@gmail.com&gt;<\/p>\n<p>Agradecimiento: Este texto forma parte de una investigaci\u00f3n mayor sobre las nuevas formas de la acci\u00f3n pol\u00edtica en Am\u00e9rica del Norte, financiada por el Social Sciences and Humanities Research Council (Canad\u00e1) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnolog\u00eda (M\u00e9xico). El autor agradece el soporte institucional e intelectual de parte de Diane E. Davis (MIT) y Alicia Ziccardi (PUEC-UNAM) en la realizaci\u00f3n de este proyecto.<\/p>\n<p>* Ver Bibliograf\u00eda y notas del texto completo <a href=\"http:\/\/www.erlacs.org\/index.php\/erlacs\/article\/view\/URN%3ANBN%3ANL%3AUI%3A10-1-114464\/8762\" target=\"_blank\"><span style=\"text-decoration: underline;\">AQU\u00cd.<\/span><\/a><\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"http:\/\/www.erlacs.org\/index.php\/erlacs\/article\/view\/URN%3ANBN%3ANL%3AUI%3A10-1-114464\"><span style=\"text-decoration: underline;\">Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe<\/span><\/a>. Texto bajo Licencia <a href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by\/3.0\/\"><span style=\"text-decoration: underline;\">Creative Commons Attribution 3.0<\/span><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n\n\t\t\t  <div \n\t\t\t  \tclass = \"fb-comments\" \n\t\t\t  \tdata-href = \"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2013\/07\/16\/imaginarios-incertidumbre-y-protesta-social-en-me%cc%81xico-co%cc%81mo-analizar-sus-desplazamientos-e-identidades\/\"\n\t\t\t  \tdata-numposts = \"10\"\n\t\t\t\tdata-colorscheme = \"dark\"\n\t\t\t\tdata-order-by = \"social\"\n\t\t\t\tdata-mobile=true>\n\t\t\t  <\/div>\n\t\t  <style>\n\t\t\t.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {\n\t\t\t    width: 100% !important;\n\t\t\t}\n\t\t  <\/style>\n\t\t  ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Felipe de Alba* El mundo no es ni lo que fue, ni lo que pretendi\u00f3 ser. El mundo ha dejado de ser como nos lo imagin\u00e1bamos. 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