{"id":16110,"date":"2013-08-30T18:47:33","date_gmt":"2013-08-31T00:47:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/?p=16110"},"modified":"2013-08-30T17:53:09","modified_gmt":"2013-08-30T23:53:09","slug":"16110","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2013\/08\/30\/16110\/","title":{"rendered":"Mar\u00eda Chuzena"},"content":{"rendered":"<p>eloriente.net<\/p>\n<p>30 de agosto de 2013<\/p>\n<p>Por: Omar Alejandro \u00c1ngel<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>MAR\u00cdA CHUZENA<\/strong><\/p>\n<p align=\"right\">Mar\u00eda Chuzena techaba su choza. Un techador que por all\u00ed pasaba, le dijo:<\/p>\n<p align=\"right\">-Mar\u00eda Chuzena, \u00bft\u00fa techas tu choza o techas la ajena?<\/p>\n<p align=\"right\">-No techo mi choza ni techo la ajena. Yo techo la choza de Mar\u00eda Chuzena.<\/p>\n<p><em>Hab\u00eda vuelto a la ciudad. Sin motivo aparente, viv\u00eda del retorno a las bajas pasiones, la p\u00e9rdida, la perdici\u00f3n. Su mirada no era m\u00e1s que el reflejo de un cuerpo, y alma, cansados. La fatiga interna se le escapaba gota a gota, l\u00e1grima a l\u00e1grima. Sub\u00eda -y sin duda, bajaba- los mil y un escalones de cada estaci\u00f3n del subte. En la ciudad, cielo del transporte, moridero de peces, las suelas de aquellas viejas zapatillas comenzaban a desaparecer, justo como aqu\u00e9l personaje.<\/em><\/p>\n<p>Eso se escribi\u00f3 (\u00bflo habr\u00e9 hecho yo mismo?) en alg\u00fan momento. A la fecha, desconozco su veracidad. Lo que recuerdo claramente es que, en efecto, hab\u00eda vuelto a la ciudad. Bajo el brazo, mi \u00fanica posesi\u00f3n: un viejo libro de malos cuentos, fiel compa\u00f1ero en aqu\u00e9l recorrido, en esa b\u00fasqueda. \u00bfQu\u00e9 buscaba? El t\u00edtulo de aqu\u00e9l libro. Un nombre.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Chuzena le\u00eda con bestial y enternecedora voracidad aqu\u00e9l texto ro\u00eddo y de tapas viejas. Oculta entre amarillas p\u00e1ginas, la mirada de aquella mujer poes\u00eda me entr\u00f3 por cada poro, a cada verso, con cada letra que expiraba a trav\u00e9s de su lectura. En voz alta; bajita e interna. Recuerdo, lo recuerdo perfectamente. Por eso volv\u00eda a la ciudad. No por alguna banalidad, no por el caos recalcitrante, tampoco por la certeza de encontrar a la vuelta de la esquina el precio del amor; mucho menos por el fr\u00edo regal\u00e1ndose entre edificios; no. Por eso, por el anhelo de conocer el t\u00edtulo de aqu\u00e9l libro; s\u00f3lo por eso y por nada m\u00e1s.<\/p>\n<p><em>\u2026caminando por Montevideo encontr\u00e9 a esta pareja que se camuflaba entre los dem\u00e1s purificadores de aire y esp\u00edritus. Pocos lograban verla, pero supongo que como viajero se descubren muchas cosas que en la cotidianidad pasan desapercibidas. Habr\u00e1 que llevar los ojos y el alma predispuestos para observar. \u00bfEran dos o era uno?, \u00bfdos en uno?, \u00bfuno en dos? Estaban ah\u00ed, fusionados, listos para el abrazo. Y sus brazos se iban para el cielo. Sus corazones, tambi\u00e9n<\/em>.<\/p>\n<p>Aqu\u00e9l era el texto (\u00bflo habr\u00e1 escrito ella?) que conoc\u00ed a trav\u00e9s de su aliento. As\u00ed le\u00eda, en esa noche de nostalgia milonguera, rodeada de luces parafinas, botellas decapitadas y desmejorados concurrentes. Sab\u00eda que ahora, al volver, sin duda seguir\u00eda all\u00ed, en el rinc\u00f3n de su lectura, transmitiendo para todos, para ella misma y para nadie.<\/p>\n<p>Cansado, atado a un sentimiento, descubr\u00ed que lo \u00fanico necesario para llegar al lugar, a Ella -adem\u00e1s del libro viejo de malos cuentos- era la certeza del anhelo. Volv\u00eda. Chuzena estaba ah\u00ed, agazapada detr\u00e1s del corro\u00eddo libro cuyo t\u00edtulo a\u00fan desconoc\u00eda. En la oscuridad, observ\u00e1ndola, avanzaba lentamente hacia Ella. Mi cuerpo entero se mov\u00eda al comp\u00e1s de la sigilosa entonaci\u00f3n de su lectura. Paso a paso, palabra a palabra; con los s\u00fabitos devaneos de la ortograf\u00eda y la vor\u00e1gine del habla, me acercaba al motivo. Contempl\u00e9 la lectura, la lectora. Mis tensiones se fueron disolviendo en cada una de las pecas de Chuzena; la vida misma nos entraba por los o\u00eddos y la exahal\u00e1bamos por el habla. Comenzamos a hablar, escribir y leer; todo en silencio, en miradas. De la misma manera como la luz se hace dentro del ojo. Y yo quer\u00eda seguir, continuar escuchando, leyendo; empaparme el alma con su voz. Est\u00e1bamos tan cerca que nuestras humanidades se confund\u00edan. <em>\u00bf\u00c9ramos dos o \u00e9ramos uno?, \u00bfdos en uno?, \u00bfuno en dos?<\/em>, como en su lectura. As\u00ed fue nuestra entrega: eternizando en lo fugaz.<\/p>\n<p>De pronto, Mar\u00eda Chuzena dej\u00f3 de leer.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/Chuzena-Omar-Alejandro.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-16111\" src=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/Chuzena-Omar-Alejandro-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/Chuzena-Omar-Alejandro-225x300.jpg 225w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/Chuzena-Omar-Alejandro.jpg 540w\" sizes=\"(max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Foto del Autor<\/p>\n\n\t\t\t  <div \n\t\t\t  \tclass = \"fb-comments\" \n\t\t\t  \tdata-href = \"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2013\/08\/30\/16110\/\"\n\t\t\t  \tdata-numposts = \"10\"\n\t\t\t\tdata-colorscheme = \"dark\"\n\t\t\t\tdata-order-by = \"social\"\n\t\t\t\tdata-mobile=true>\n\t\t\t  <\/div>\n\t\t  <style>\n\t\t\t.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {\n\t\t\t    width: 100% !important;\n\t\t\t}\n\t\t  <\/style>\n\t\t  ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>eloriente.net 30 de agosto de 2013 Por: Omar Alejandro \u00c1ngel MAR\u00cdA CHUZENA Mar\u00eda Chuzena techaba su choza. 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