{"id":3957,"date":"2012-10-11T08:46:32","date_gmt":"2012-10-11T14:46:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/?p=3957"},"modified":"2012-10-11T08:46:32","modified_gmt":"2012-10-11T14:46:32","slug":"cicatriz-de-la-memoria","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2012\/10\/11\/cicatriz-de-la-memoria\/","title":{"rendered":"Cicatriz de la memoria"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\">Por: Rodolfo Nar\u00f3<\/p>\n<p>El ombligo es la m\u00e1s bella de las cicatrices. El inicio de un mapa de vida, rutas que sigue la memoria para recordarnos que estamos vivos y que padecemos. Todos llevamos una cicatriz m\u00e1s o menos visible en el cuerpo. Cuando por fin pude verme la que me cruza la espalda de norte a sur, seis meses despu\u00e9s de m\u00ed operaci\u00f3n de columna, no me gust\u00f3, es un jerogl\u00edfico ancho de color rosado a la altura del cuello, que se desparrama hacia los om\u00f3platos, pero tuve que resignarme a que siempre me acompa\u00f1ar\u00eda. Ni qu\u00e9 decir de los dos orificios que coronan mi frente, desde los cuales ejercieron tracci\u00f3n a las vertebras cervicales. Cicatrices que inmediatamente se\u00f1alan los ni\u00f1os \u2013entre m\u00e1s peque\u00f1os m\u00e1s fijados\u2013, con su dedo \u00edndice y pregunta \u00bfqu\u00e9 te pas\u00f3 ah\u00ed?<\/p>\n<p>Hasta muchos a\u00f1os despu\u00e9s acept\u00e9 vivir con ella. Aprend\u00ed a inventar historias. Que si hab\u00eda tenido un accidente automovil\u00edstico, que si un caballo me hab\u00eda arrastrado con un pie atorado en el estibo o que si me hab\u00edan dado un balazo en la cabeza, entrando la bala por una sien y salido por la otra. Dependiendo qui\u00e9n preguntara y el lugar donde nos encontr\u00e1ramos echaba mi cuento. A los m\u00e1s peque\u00f1os simplemente les dec\u00eda, me ca\u00ed y me descalabr\u00e9.<\/p>\n<p>Poco a poco descubr\u00ed el valor que tiene una cicatriz. En ciertos oficios o deportes es una curr\u00edcula envidiable. Cu\u00e1ntos toreros, boxeadores, corredores de motos o alpinistas acarician sus cicatrices y recuerdan su encuentro con el peligro o con la muerte. Los dos dedos de un pie que perdi\u00f3 la alpinista espa\u00f1ola Edurne Pasaban, al conquistar la cima de su noveno ochomil, le han dado fama y respetabilidad en el mundo. O Jos\u00e9 Tomas, el diestro espa\u00f1ol, quien sufri\u00f3 su segunda cogida grave, ahora en la vena femoral y ha vivido para contarlo. La cicatriz que le ha dejado la herida de 15 cent\u00edmetros en la pierna izquierda podr\u00eda ser la envidia de sus compa\u00f1eros de armas. Rozar la muerte a m\u00e1s de doscientos kil\u00f3metros por hora, arriba de una moto y volver del coma es una haza\u00f1a presumible, por lo menos as\u00ed me pereci\u00f3 la tarde que escuchaba ese relato, de mesa a mesa, en un caf\u00e9 donde se re\u00fanen varios motociclistas.<\/p>\n<p>Ni qu\u00e9 decir de los soldados que vuelven del frente de guerra, con m\u00e1s de una bala en el cuerpo y presuntuosamente se\u00f1alan el orificio de entrada. O la bailarina que sostiene el aliento, de quienes la miran, con la punta de sus pies sin importarle que se lastimen o se deformen \u00bfAcaso no son tambi\u00e9n los tatuajes heridas, cicatrices imborrables que se\u00f1alan una fecha, un pacto o un reto? Vivir con una cicatriz en el cuerpo es se\u00f1al de vida, ces\u00e1rea con la que muchas mujeres sue\u00f1an al final de su embarazo. Despu\u00e9s de revisarme el cuerpo y redescubrirme las que casi hab\u00eda olvidado, aquella imperceptible en el tobillo, la que llevo en la parte posterior del muslo o las que se cubren con el cabello, comprob\u00e9 que toda cicatriz cut\u00e1nea siempre est\u00e1 ligada a los recuerdos del alma.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Algunos-derechos-reservados-por-guillebot-ombligo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-3958\" src=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Algunos-derechos-reservados-por-guillebot-ombligo-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Algunos-derechos-reservados-por-guillebot-ombligo-300x300.jpg 300w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Algunos-derechos-reservados-por-guillebot-ombligo-150x150.jpg 150w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Algunos-derechos-reservados-por-guillebot-ombligo-50x50.jpg 50w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Algunos-derechos-reservados-por-guillebot-ombligo.jpg 640w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Foto: <a href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/guillebot\/\" target=\"_blank\">Guillebot<\/a>, <a href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by\/2.0\/\" target=\"_blank\">Algunos derechos reservados.<\/a><\/p>\n<p>____________________<br \/>\nRodolfo Nar\u00f3, Tequila, Jalisco, 1967. Poeta y narrador. Su novela El orden infinito, fue finalista del Premio Planeta 2006. www.rodolfonaro.com.mx.<\/p>\n\n\t\t\t  <div \n\t\t\t  \tclass = \"fb-comments\" \n\t\t\t  \tdata-href = \"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2012\/10\/11\/cicatriz-de-la-memoria\/\"\n\t\t\t  \tdata-numposts = \"10\"\n\t\t\t\tdata-colorscheme = \"dark\"\n\t\t\t\tdata-order-by = \"social\"\n\t\t\t\tdata-mobile=true>\n\t\t\t  <\/div>\n\t\t  <style>\n\t\t\t.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {\n\t\t\t    width: 100% !important;\n\t\t\t}\n\t\t  <\/style>\n\t\t  ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Rodolfo Nar\u00f3 El ombligo es la m\u00e1s bella de las cicatrices. El inicio de un mapa de vida, rutas que sigue la memoria para recordarnos que estamos vivos y que padecemos. Todos llevamos una cicatriz m\u00e1s o menos visible en el cuerpo. 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