{"id":4129,"date":"2012-10-18T09:32:10","date_gmt":"2012-10-18T15:32:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/?p=4129"},"modified":"2012-10-18T09:32:10","modified_gmt":"2012-10-18T15:32:10","slug":"domicilio-conocido","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2012\/10\/18\/domicilio-conocido\/","title":{"rendered":"Domicilio conocido"},"content":{"rendered":"<div style=\"text-align: right\" align=\"justify\">Por: Rodolfo Nar\u00f3<\/div>\n<div align=\"justify\"><\/div>\n<div align=\"justify\">Nunca me esperaba a que el cartero llamara dos veces. Cuando era ni\u00f1o en Tequila estaba pendiente de su silbato, porque siempre tra\u00eda una carta para m\u00ed. A veces no me esperaba a o\u00edrlo sino que iba a la oficina de correos a preguntar si me hab\u00eda llegado algo. Eran los tiempos donde todav\u00eda se pod\u00eda poner simplemente: domicilio conocido y el cartero recorr\u00eda las calles a pie, una ruta casi de memoria. Aun conservo muchas de las cartas que recib\u00ed, las guardo en un lugar com\u00fan: una caja blanca de zapatos. Por a\u00f1os mantuve correspondencia con amigos en Estados Unidos, Espa\u00f1a o Colombia sin nunca conocerlos personalmente. Hac\u00eda contacto con ellos por medio de revistas donde ped\u00edan entablar amistad con personas de cualquier ciudad del mundo. Yo desde Tequila me imaginaba aquellos lugares, descubrirlos a trav\u00e9s de los relatos de la gente que me contestaba. No eran cartas de amor, apenas ten\u00eda 9 o 10 a\u00f1os, pero quiz\u00e1 eran las ganas de salir de mi pueblo lo que me hac\u00eda ponerme en contacto con personas al otro lado del oc\u00e9ano. Era como lanzar una botella al mar.<\/p>\n<p>Hace unos d\u00edas me encontr\u00e9 esa caja y estuve leyendo las cartas, tratando de recordar lo que yo escrib\u00ed seg\u00fan las respuestas. Ya en Guadalajara cuando ten\u00eda 14 o 15 a\u00f1os, Cristina, mi primer amor, se fue a estudiar un a\u00f1o a Boston y continu\u00e9 con mi ejercicio de escribirle y pasar por la oficina postal de la colonia Providencia, casi a diario, a echar cartas al buz\u00f3n o a recoger alg\u00fan paquete. Compraba con el sistema COD cualquier cosa que anunciaran en las revistas: libros, aparatos para hacer ejercicio, hasta una rubia y sensual mu\u00f1eca inflable que me acompa\u00f1\u00f3 en mis a\u00f1os de pubertad. La pobre, de d\u00eda dorm\u00eda bajo mi cama, seg\u00fan yo era el lugar m\u00e1s seguro para que no la encontrara mi madre o la se\u00f1ora del servicio. La dejaba ah\u00ed como si nadie la pudiera encontrar, pues debajo de la cama hay un universo al que los ni\u00f1os y a veces los no tan ni\u00f1os, por miedo no nos aventuramos a explorar, ahora creo que hasta mis hermanos probaron sus suertes amatorias con ella. Una noche en mis delirios calenturientos le revent\u00e9 una nalga, desvaneci\u00e9ndose su amor en mis brazos a mitad del cl\u00edmax. Despu\u00e9s se le pinch\u00f3 una teta o me qued\u00e9 con un pez\u00f3n en la boca, no recuerdo bien. La desafortunada mu\u00f1eca termin\u00f3 subastada en mi sal\u00f3n de tercero de secundaria entre mis amigos \u00edntimos, parchada con cinta adhesiva blanca de la que usaba mi padre en su consultorio para asegurar vendajes.<\/p>\n<p>Ya en los noventa tuve un cerrado intercambio de ideas con Enrique Rivera, un amigo de La Habana que era muy cauto para escribir, con Celine Daniz, una canadiense que fue un fugaz amor de verano y con Monna Gilldes, actriz y vedette de teatro de carpa en la Francia de la postguerra. A ella la conoc\u00ed apenas hace un par de a\u00f1os, en un viaje de huida a Niza. Era una vieja elegante que ya rebasaba los ochenta. Ahora con el correo electr\u00f3nico, el cual me resist\u00ed durante mucho tiempo a usar porque siempre he sido muy bruto para la tecnolog\u00eda, pareciera que el mundo se ha achicado tanto que ya el cartero no me trae buenas nuevas, s\u00f3lo cobros del tel\u00e9fono, gas y tarjetas de cr\u00e9dito.<\/p><\/div>\n<div align=\"justify\">Tampoco paso por la oficina de correos, pero sigo igual de impaciente cuando abro el Outlook Express y en mi bandeja de entrada no aparece el email que tanto espero, la respuesta positiva del concurso literario, del editor al que le mand\u00e9 mi nuevo libro de cuentos, o de la mujer que quiero y que deja pasar los d\u00edas sin escribirme una l\u00ednea. Yo que siempre he sido t\u00edmido para enfrentarme a las mujeres, el mail me ha ayudado mucho para poder expresarme y darme cuenta si la chica que pretendo cortejar sabe escribir. Reviso la sintaxis, la ortograf\u00eda y la acentuaci\u00f3n, que es donde m\u00e1s fallan. Si se toman el tiempo para escribir las palabras completas o usan criminales abreviaturas como tmb, q\u2019, etc. Si es verdad que como escribimos pensamos \u00bfhabr\u00e1 qui\u00e9n acorte sus pensamientos?<\/div>\n<div align=\"justify\">\nA pesar del Facebook al que todav\u00eda me cuesta trabajo encontrarle sentido y cuadratura, en el cual los amigos se re\u00fanen para intercambiar fotograf\u00edas o reencontrarse despu\u00e9s de veinte a\u00f1os para presumir hijos o logros y darse cuenta que ya no tienen nada en com\u00fan, a pesar de chatear regularmente con las mismas tres personas, cuando viajo al extranjero sigo enviando postales o cartas escritas a mano, de amor o de perd\u00f3n, de las cuales no he tenido respuesta y he visto al cartero pasarme de largo en su moto, silbando apenas porque ya a nadie le hace ilusi\u00f3n que llegu\u00e9 con sus alforjas llenas de excesos, cat\u00e1logos para leer en el ba\u00f1o y cuentas por pagar.<\/div>\n<div align=\"justify\"><\/div>\n<div align=\"justify\"><a href=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Algunos-derechos-reservados-por-Gildardo-correo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-4130\" src=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Algunos-derechos-reservados-por-Gildardo-correo-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Algunos-derechos-reservados-por-Gildardo-correo-225x300.jpg 225w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Algunos-derechos-reservados-por-Gildardo-correo.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/a><\/div>\n<div align=\"justify\">Foto: <a href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/gildardo\/\" target=\"_blank\">Gildardo<\/a>, <a href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by\/2.0\/\" target=\"_blank\">Algunos derechos reservados.<\/a><br \/>\n____________________<\/div>\n<div align=\"justify\">\nRodolfo Nar\u00f3, poeta y narrador mexicano, su libro reciente es\u00a0<em>El orden infinito<\/em>, finalista del Premio Planeta de Novela 2006.\u00a0<a href=\"http:\/\/www.rodolfonaro.com\/\">wwww.rodolfonaro.com\u00a0<\/a><br \/>\n<a href=\"http:\/\/www.casasgente.com\/150\/Html\/Notas\/palacio.html\">Fotograf\u00eda en contexto original<\/a><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n\n\t\t\t  <div \n\t\t\t  \tclass = \"fb-comments\" \n\t\t\t  \tdata-href = \"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2012\/10\/18\/domicilio-conocido\/\"\n\t\t\t  \tdata-numposts = \"10\"\n\t\t\t\tdata-colorscheme = \"dark\"\n\t\t\t\tdata-order-by = \"social\"\n\t\t\t\tdata-mobile=true>\n\t\t\t  <\/div>\n\t\t  <style>\n\t\t\t.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {\n\t\t\t    width: 100% !important;\n\t\t\t}\n\t\t  <\/style>\n\t\t  ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Rodolfo Nar\u00f3 Nunca me esperaba a que el cartero llamara dos veces. 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