{"id":56895,"date":"2019-06-07T13:43:37","date_gmt":"2019-06-07T19:43:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/?p=56895"},"modified":"2019-06-17T08:42:57","modified_gmt":"2019-06-17T14:42:57","slug":"las-ruins-of-mexico-entre-pedaceria-y-tepalcates","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2019\/06\/07\/las-ruins-of-mexico-entre-pedaceria-y-tepalcates\/","title":{"rendered":"Las Ruins of Mexico  Entre pedacer\u00eda y tepalcates"},"content":{"rendered":"<h2 id=\"section-1\">1<\/h2>\n<p style=\"text-align: left;\">(www.eloriente.net, M\u00e9xico, 7 de junio de 2019, por <a href=\"https:\/\/www.revistadelauniversidad.mx\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">UNAM\/ Sa\u00fal Hern\u00e1ndez Vargas<\/a>).- Mi abuelo Alfonso Vargas S\u00e1nchez, apicultor y orfebre, fue un mentiroso interesado en la historia; pero uno muy distinto a aquellos otros, c\u00ednicos y salvajes, que se inclinaron por el coleccionismo.<\/p>\n<p class=\"nocap\">Todo coleccionismo es una pr\u00e1ctica de paciencia, que requiere de cierta terquedad y m\u00e9todo para reunir un conjunto notable de artefactos y relatos. Con ellos, los coleccionistas decorar\u00e1n sus vitrinas y anaqueles y luego, cuando sea el momento justo y las visitas se encuentren en la mesa, les contar\u00e1n su historia. Una historia muy distinta a la que contar\u00edan quienes fabricaron o utilizaron esas cosas. De alguna forma, eso fue lo que hicieron los criollos del XIX cuando incorporaron el \u201cpasado\u201d prehisp\u00e1nico como soporte ideol\u00f3gico o como referencia privilegiada de la naci\u00f3n moderna.<\/p>\n<p><script src=\"\/\/pagead2googlesyndication.com\/pagead\/js\/adsbygoogle.js\" async=\"\"><\/script><!-- BANNER ELORIENTE INCRUSTADO NOTAS --> <ins class=\"adsbygoogle\" style=\"display: inline-block; width: 300px; height: 250px;\" data-ad-client=\"ca-pub-1136171134853753\" data-ad-slot=\"7974633627\"><\/ins><script>\/\/ <![CDATA[ (adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({}); \/\/ ]]><\/script><\/p>\n<p>Mi abuelo Alfonso naci\u00f3 el 31 de octubre de 1923 en Cuilapan de Guerrero, un pueblo que colinda con el cerro de Monte Alb\u00e1n y con la villa de Zaachila. S\u00ed, mi abuelo fue un joyero zapoteco que durante algunos a\u00f1os se dedic\u00f3 a la joyer\u00eda francesa, entonces conocida como joyer\u00eda fina, pero cuya producci\u00f3n cambi\u00f3 radicalmente a partir de 1964. Para \u00e9l, \u00e9se fue un a\u00f1o-terremoto: en aquel momento conoci\u00f3 a Ignacio Bernal, entonces director del Museo Nacional de Antropolog\u00eda e Historia, recientemente inaugurado. Hasta aqu\u00ed, la historia de mi abuelo parece bastante clara y coherente. Sin embargo, por motivos que son dif\u00edciles de explicar, el arque\u00f3logo permiti\u00f3 que mi abuelo reprodujera algunas joyas provenientes de la tumba 7 de Monte Alb\u00e1n, supuestamente descubierta por Alfonso Caso. Ya en el museo, quiz\u00e1 gracias a su amistad con Amalia Hern\u00e1ndez o quiz\u00e1 por su cercan\u00eda con Ernesto Uruchurtu, mi abuelo trabaj\u00f3 varios d\u00edas con dos guardias que vigilaban sus manos, en una habitaci\u00f3n que casi siempre imagino oscura y sin ventanas, pero de un color similar al de la arena. En casos como \u00e9ste, siempre hay alguien que vigila nuestras manos. Un polic\u00eda, con el tolete listo; un profesor ense\u00f1\u00e1ndonos a escribir, con la mano derecha; un detector de huellas digitales; un fot\u00f3grafo. Con el tiempo, la vigilancia se ha diversificado tanto como las u\u00f1as postizas. Pero tambi\u00e9n un Vertov; un cineasta sorprendido por la flexibilidad y potencia de las manos que trabajan. En 1964, con tanta curiosidad como soltura, las de mi abuelo reprodujeron algunas piezas que, desde que fueron descubiertas, se sab\u00edan importantes. Al final de siete d\u00edas de trabajo obtuvo algunos de los objetos m\u00e1s interesantes, extra\u00f1os y enigm\u00e1ticos, casi alqu\u00edmicos, que jam\u00e1s hab\u00eda visto. Me refiero a un conjunto de moldes de distintas piezas provenientes del entierro mixteco, c\u00e9lebre por la cantidad de objetos que resguardaba. Desde entonces, y hasta el d\u00eda de su muerte, ocurrida poco despu\u00e9s de que yo cumpliera tres a\u00f1os, mi abuelo se dedic\u00f3 a \u201cdifundir el tesoro de la Tumba 7\u201d con dos distintos tipos de p\u00fablicos. Por un lado, el p\u00fablico nacional, que se amontonaba frente a las vitrinas y a los blancos pedestales de los museos; y por otro, un n\u00famero creciente de turistas. Sin saberlo, mi abuelo sigui\u00f3 el guion dram\u00e1tico escrito por los criollos del XIX.<\/p>\n<p class=\"caption\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"\" title=\"Frederick Catherwood\" src=\"https:\/\/www.revistadelauniversidad.mx\/storage\/c6432956-f84a-48f5-b42f-afafa42ca5e2.jpg\" alt=\"Frederick Catherwood\" width=\"549\" height=\"374\" \/><\/p>\n<p class=\"caption\">Frederick Catherwood, <em>Palenque<\/em>, 1844<\/p>\n<p>Algunas colecciones se parecen a una dramaturgia. El espacio para cada objeto est\u00e1 previamente designado. La colecci\u00f3n se define por la distancia entre cada uno de los objetos, el escenario, y las personas que los miran <em>Geometr\u00eda pura<\/em>. Los espectadores sabr\u00e1n en qu\u00e9 momentos aplaudir y en qu\u00e9 otros guardar silencio. Cuando ordenaron los objetos que hasta entonces hab\u00edan coleccionado \u2014un \u00e1guila, un nopal, una serpiente\u2014 los criollos construyeron un holograma: todos compartimos el mismo origen. (Mentira.) Todos compartimos el mismo origen, parafraseando a Jes\u00fas Machuca, \u201cindio\u201d, \u201cm\u00edtico\u201d y \u201cgrandioso\u201d, en el que la tierra se mezcla con la sangre y los nopales. (Peor a\u00fan, cursiler\u00eda y mentira, pero una mentira inteligente.) Sin pedir permiso, los criollos tomaron un conjunto de objetos que consideraron importantes y sobre todo \u00fatiles. Incorporar el \u201cpasado\u201d les permiti\u00f3, asegura Sonia Lombardo de Ruiz, reivindicar al indio, y al reivindicarlo \u201capropiarse\u201d del fragmento menos problem\u00e1tico de su cultura. Legitimarse frente a esa mayor\u00eda. Ese fragmento estuvo conformado por estructuras, arquitecturas, por joyer\u00eda de excelente confecci\u00f3n, piedras que siempre se califican como preciosas, piezas de distintos tipos de barro y, por supuesto, innumerables an\u00e9cdotas. Luego, mucho despu\u00e9s de ese proceso de incorporaci\u00f3n, o de robo descarado, exaltaron las piezas en el centro de la narrativa hist\u00f3rica. La independencia marc\u00f3 un antes y un despu\u00e9s que podr\u00eda describirse de la siguiente forma: nunca m\u00e1s aztecas o zapotecos, s\u00f3lo mexicanos.<\/p>\n<p>A partir de ese proyecto de apropiaci\u00f3n cultural, los criollos buscaron cierta uniformidad para inaugurar el proyecto que conocemos como M\u00e9xico. Una mansi\u00f3n para ellos y sus amigos, y no una casa para todos. La apropiaci\u00f3n y el mestizaje como primera piedra.<\/p>\n<p><script async src=\"\/\/pagead2.googlesyndication.com\/pagead\/js\/adsbygoogle.js\"><\/script> <ins class=\"adsbygoogle\" style=\"display: block; text-align: center;\" data-ad-layout=\"in-article\" data-ad-format=\"fluid\" data-ad-client=\"ca-pub-1136171134853753\" data-ad-slot=\"7980763077\"><\/ins> <script> (adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({}); <\/script><\/p>\n<h2 id=\"section-1\">2<\/h2>\n<p>Pero como toda historia, la de mi abuelo tambi\u00e9n tiene una veta subterr\u00e1nea alejada de los reflectores y pasarelas. Paralelo al mercado de paisanos y turistas, existi\u00f3 un interesante y parad\u00f3jico mercado negro alimentado por los joyeros mismos. La palabra \u201coriginalidad\u201d se usa para traficar f\u00e1cilmente: mientras unos realizaban r\u00e9plicas que, entre otras cosas, se expon\u00edan en museos de sitio, otros las vend\u00edan como piezas genuinamente prehisp\u00e1nicas, desenterradas y descubiertas por ellos. Aunque la participaci\u00f3n de mi abuelo en ese mercado es confusa, y muy borrosa, fue una pr\u00e1ctica cotidiana entre artesanos. En fin, nada que no haya pasado antes, pues al fin y al cabo, como ya lo he dicho, la historia est\u00e1 escrita por mentirosos y ladrones. En el caso de la arqueolog\u00eda mexicana algunos no s\u00f3lo son c\u00e9lebres, sino que tambi\u00e9n aparecen en el precario sal\u00f3n de la fama que ofrece la bibliograf\u00eda acad\u00e9mica. Jorge Constantine Rickards fue uno de ellos.<\/p>\n<p>De acuerdo con Adam T. Sellen, uno de los arque\u00f3logos que le han dedicado m\u00e1s art\u00edculos, Rickards era \u201cun hombre extraordinario\u201d. Y sin duda lo fue. Hijo de un prominente minero ingl\u00e9s establecido en Oaxaca, miembro del servicio diplom\u00e1tico de Inglaterra en M\u00e9xico y graduado en leyes, casi siempre es descrito como un hombre elegante y muy culto, de sonrisa generosa; pero quiz\u00e1 su \u201ccaracter\u00edstica m\u00e1s sobresaliente\u201d, asegura Sellen, fue \u201csu pasi\u00f3n\u201d por las colecciones. Coleccionaba todo, desde las mariposas que a\u00fan se conservan en los anaqueles familiares hasta las piezas arqueol\u00f3gicas que lo hicieron c\u00e9lebre. Cuidadosamente, Rickards se dedic\u00f3 a estudiar y a escribir sobre lo que iba ordenando en sus vitrinas. En 1910, (auto)public\u00f3 <em>The Ruins of Mexico<\/em>, una interesante monograf\u00eda acompa\u00f1ada por sucintas descripciones y fotograf\u00edas de distintos sitios. Y junto a \u00e9sta tambi\u00e9n sac\u00f3 algunos art\u00edculos sueltos sobre iconograf\u00eda zapoteca. Dato relevante porque los icon\u00f3grafos que conozco (pienso en el historiador del arte Erwin Panofsky) son personajes francamente raros que se inclinan por los detalles: una firma, un perrito, una g\u00e1rgola en una posici\u00f3n extra\u00f1a. Sin embargo, pareciera que esa atenci\u00f3n por el detalle es fundamental para entender completamente la historia de ese hombre, \u201celegante\u201d y \u201cmuy culto\u201d, que \u201cgustaba de los paseos dominicales\u201d.<\/p>\n<p>Cuando la revoluci\u00f3n comenz\u00f3 a notarse material y concretamente, la familia de Rickards perdi\u00f3 su fortuna y \u00e9l cobr\u00f3 inusitada \u201cfama\u201d como coleccionista en declive. Pobre, pero con ideas. Aunque de la mina s\u00f3lo le quedaban recuerdos y algunas pepitas para patear en el piso, en 1911 pens\u00f3 que f\u00e1cilmente podr\u00eda cambiar su \u201cdestino\u201d: \u201cEl objeto de vender mi colecci\u00f3n ahora es ver si puedo publicar mi segundo tomo para completar la obra\u201d. La carta estaba dirigida al licenciado Cecilio A. Robledo, director del Museo Nacional de Arqueolog\u00eda, Historia y Etnolog\u00eda. Met\u00f3dico, o quiz\u00e1 francamente desesperado, Rickards desarroll\u00f3 una estrategia. En la lista de piezas ofrecidas incluy\u00f3 una muy valiosa, \u201cencontrada\u201d en un pueblo cercano a Huajuapan: \u201ces un c\u00f3dice mixteco y \u00e9ste est\u00e1 incluido en la colecci\u00f3n que propongo\u201d. La oferta era atractiva. Sin embargo, Sellen asegura que la correspondencia interna, las innumerables cartas que intercambiaron entre los miembros del museo, de la universidad y de la federaci\u00f3n misma, ya no existen. S\u00f3lo existe una carta vaga y problem\u00e1tica que carece de contexto: las autoridades universitarias s\u00ed estaban interesadas en la colecci\u00f3n, pero, al fin y al cabo, rechazaron la oferta. Sin embargo, Rickards, quien sab\u00eda de diplomacia, escribi\u00f3 al Museo Real de Ontario, en Canad\u00e1, respetuosamente. Quiz\u00e1s eso sucedi\u00f3 en 1914. Los 25 mil pesos que pidi\u00f3 en M\u00e9xico se convirtieron en 30 mil o en su equivalente en d\u00f3lares: 15 mil aproximadamente. Cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde, Charles Trick, quien era director del museo canadiense e ignoraba todo de la sabidur\u00eda popular, acept\u00f3 la oferta. Nombre es destino.<\/p>\n<p>En pocas ocasiones un libro, o la producci\u00f3n de un libro, tiene consecuencias tan materiales y concretas como en la historia de Constantine Rickards. En la carta que dirigi\u00f3 a Cecilio Robledo, el viajero \u201cingl\u00e9s\u201d justific\u00f3 la venta de sus piezas con un libro: necesitaba el dinero para publicar el segundo tomo de su <em>The Ruins of Mexico<\/em>. Y de una forma parecida, pero en la d\u00e9cada de los setenta, la historiadora del arte Philippa D. Shaplin intervino en la historia. Ella trabajaba en una tesis de doctorado que probablemente se convertir\u00eda en libro, cuando descubri\u00f3 que la vasta y muy compleja colecci\u00f3n de Rickards, compuesta por poco m\u00e1s de mil piezas, muchas de ellas robadas a varios pueblos ind\u00edgenas, era falsa. De un conjunto de 36 piezas analizadas, s\u00f3lo cuatro eran originales.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"\" src=\"https:\/\/www.revistadelauniversidad.mx\/storage\/640bf0bb-c062-49c2-bb1a-310a949a7abb.jpg\" alt=\"\" width=\"550\" height=\"1029\" \/><\/p>\n<h2 id=\"section-2\">3<\/h2>\n<p>A diferencia de mi abuelo, nadie vigil\u00f3 las manos de Constantine Rickards. Es m\u00e1s f\u00e1cil evadir la supervisi\u00f3n cuando se utilizan guantes. Rickards lo hac\u00eda. Si se le busca en internet, se encontrar\u00e1n sobre todo enlaces a su vasta obra bibliogr\u00e1fica y algunas an\u00e9cdotas con su amigo D.H. Lawrence, con quien sol\u00eda desayunar en el mercado. Sin embargo, si nos detenemos un poco, Rickards fue un h\u00e1bil y muy inteligente negociante y coleccionista, que utiliz\u00f3 la apropiaci\u00f3n como parte de su m\u00e9todo. Por un lado, rob\u00f3 varias piezas arqueol\u00f3gicas gracias a \u201ccoincidencias\u201d y \u201caccidentes\u201d: \u201cParte de un mont\u00edculo y templo han sido arrastrados por el r\u00edo en una inundaci\u00f3n, y cientos de \u00eddolos fueron desenterrados, la mayor\u00eda de ellos llevados por el agua\u201d. De acuerdo con este fragmento que cita Sellen, Rickards no robaba, encontraba piezas. Por otro lado, \u00e9ste cre\u00f3 una colecci\u00f3n completamente nueva, gracias al trabajo de artesanos originarios de Santa Mar\u00eda Atzompa. Con ellos decidi\u00f3 diversificar el universo de piezas mixtecas y zapotecas a partir de una serie de cambios y alteraciones: las faldas se convirtieron en penachos; y \u00e9stos, en sombreros napole\u00f3nicos. Pero como el ingl\u00e9s mismo, Shaplin tambi\u00e9n estaba interesada en los detalles: ella se dio cuenta de que la Colecci\u00f3n Rickards, como otras en el presente, estaba compuesta por robos y, sobre todo, por pastiches. Sin duda alguna, Rickards fue un hombre extraordinario.<\/p>\n<p>Hace algunos meses, Damien Hirst, el conocido artista brit\u00e1nico, inaugur\u00f3 <em>Treasures from the Wreck of the Unbelievable<\/em>, en la Bienal de Venecia. Conocido por sus \u201ccontrovertidas\u201d piezas de los noventa, y por su descarada especulaci\u00f3n art\u00edstica, Hirst expuso una serie de objetos \u201cinspirados\u201d en \u201ccivilizaciones antiguas\u201d. Con el tiempo, la palabra \u201cinspiraci\u00f3n\u201d se convirti\u00f3 en un dispositivo que encubre la apropiaci\u00f3n y el robo. Eso fue posible gracias a que la palabra se sediment\u00f3 en el sentido com\u00fan y, por lo tanto, casi como consecuencia l\u00f3gica, en la respuesta f\u00e1cil: as\u00ed son los artistas. Una de las piezas expuestas proviene del reino de Ike, en Nigeria; sin demora, el artista visual Victor Ehikhamenor advirti\u00f3, clara y contundentemente: \u201cLos brit\u00e1nicos est\u00e1n de regreso\u201d. A la pieza de Ike le sigue una reproducci\u00f3n del calendario azteca que, como escribe J.J. en <em>The Guardian<\/em>, \u201cfrancamente luce como <em>prop<\/em> para pel\u00edcula de Indiana Jones\u201d Verde, completamente enmohecido, y habitado por corales, plantas y otros organismos marinos, el calendario es enteramente reconocible, pero carece del contexto aur\u00e1tico del museo en M\u00e9xico. La colecci\u00f3n de Hirst acent\u00faa un cambio importante: de las vitrinas nacionales a las salas de las familias ricas. De la estadolatr\u00eda a la mercadocracia.<\/p>\n<p>En uno de los ensayos que conforman su <em>Contra la originalidad<\/em>, Jonathan Lethem utiliza el concepto de plagio imperial para nombrar el \u201cacto\u201d, \u201cpeculiar y espec\u00edfico\u201d, de \u201ccercamiento de la cultura libre en beneficio de un solo due\u00f1o\u201d. Lethem asegura que esa forma de apropiaci\u00f3n se refiere al uso de trabajos artesanales o art\u00edsticos provenientes del \u201ctercer mundo\u201d (a\u00fan nos llaman tercer mundo), o de autor\u00edas no reconocidas ni de tradiciones no-hegem\u00f3nicas. Siempre se apropia lo del \u201cotro\u201d. Aunque el concepto me parece \u00fatil para denunciar al due\u00f1o solitario que obtendr\u00e1 ganancias y dividendos, incluidas gloria y palmaditas en la espalda, me parece que es insuficiente. O no insuficiente pero s\u00ed confuso. O no confuso, pero no habla de la especificidad del problema.<\/p>\n<p>Cuando Ehikhamenor dijo, como si sus palabras fueran un yunque, que \u201clos brit\u00e1nicos est\u00e1n de regreso\u201d, tambi\u00e9n dijo que la apropiaci\u00f3n no es un problema vinculado a las identidades sino al funcionamiento o la restauraci\u00f3n de una l\u00f3gica colonial, que ha diversificado sus medios y herramientas. El reclamo no es por la restituci\u00f3n de una identidad mancillada, sino por el freno a la violencia con que se han dado la apropiaci\u00f3n y el despojo y, en ese sentido, un freno a la apropiaci\u00f3n de recursos que se cre\u00edan lejos, o a salvo, de los t\u00edtulos de propiedad privada. Y es que no debemos olvidar que esa aparente lejan\u00eda, la ret\u00f3rica de la edici\u00f3n limitada, garantiza la singularidad y las ganancias. Si tuviera que utilizar un concepto mucho m\u00e1s espec\u00edfico hablar\u00eda de una especie de acumulaci\u00f3n espectral que se instaur\u00f3 en la Colonia, pero que sigue operando a partir del trauma y de la violencia directa, cada vez m\u00e1s punzante, puntillosa, filosa, sobre los cuerpos y sobre los otros cuerpos, los cuerpos de agua, arborescentes o rocallosos, que conforman el territorio. David Harvey asegura que esa acumulaci\u00f3n por desposesi\u00f3n incluye \u201cla conversi\u00f3n de formas diversas de derechos de propiedad (comunal, colectiva, estatal, etc.) en derechos exclusivos de propiedad privada\u201d; o a la mercantilizaci\u00f3n de las formas culturales, de la historia y de la creatividad intelectual de los pueblos. Todos estos procesos \u201csuponen una transferencia de activos de las esferas p\u00fablica y popular a los dominios de lo privado y los privilegios de clase\u201d. Si nos concentramos en la apropiaci\u00f3n y no en la acumulaci\u00f3n, nos detendremos en las identidades ofendidas y no en el sistema que produce las ofensas.<\/p>\n<p>Desde mi punto de vista: la pieza de Damien Hirst, como las de las dise\u00f1adoras Antik e Isabel Marant (que se apropian de dise\u00f1os textiles de la comunidad mixe de Tlahuitoltepec), son una advertencia de los cambios o de las mutaciones del proyecto capitalista. No es casualidad que los pueblos ind\u00edgenas, desde la Colonia hasta el giro neoliberal, se encuentren en la mira de los saqueadores. Lo que atestiguamos es la restauraci\u00f3n o el fortalecimiento de la l\u00f3gica criolla que, por un lado, cuida y exalta algunos objetos, como los objetos que replic\u00f3 mi abuelo, y por el otro, tumba, pisotea y destruye. Destruye tanto para utilizar la pedacer\u00eda y los tepalcates como para cimentar su nueva residencia. Como ya dije: una mansi\u00f3n para ellos y sus amigos, y no una casa para todos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este texto es publicado bajo la pol\u00edtica de <a href=\"http:\/\/www.revistas.unam.mx\/front\/?q=es\/acceso_abierto\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Acceso Abierto de la UNAM<\/a>.<\/p>\n<p><script async src=\"\/\/pagead2.googlesyndication.com\/pagead\/js\/adsbygoogle.js\"><\/script><br \/>\n<ins class=\"adsbygoogle\" style=\"display: block;\" data-ad-format=\"autorelaxed\" data-ad-client=\"ca-pub-1136171134853753\" data-ad-slot=\"4595267748\"><\/ins><br \/>\n<script>\n     (adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});\n<\/script><\/p>\n\n\t\t\t  <div \n\t\t\t  \tclass = \"fb-comments\" \n\t\t\t  \tdata-href = \"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2019\/06\/07\/las-ruins-of-mexico-entre-pedaceria-y-tepalcates\/\"\n\t\t\t  \tdata-numposts = \"10\"\n\t\t\t\tdata-colorscheme = \"dark\"\n\t\t\t\tdata-order-by = \"social\"\n\t\t\t\tdata-mobile=true>\n\t\t\t  <\/div>\n\t\t  <style>\n\t\t\t.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {\n\t\t\t    width: 100% !important;\n\t\t\t}\n\t\t  <\/style>\n\t\t  ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1 (www.eloriente.net, M\u00e9xico, 7 de junio de 2019, por UNAM\/ Sa\u00fal Hern\u00e1ndez Vargas).- Mi abuelo Alfonso Vargas S\u00e1nchez, apicultor y orfebre, fue un mentiroso interesado en la historia; pero uno muy distinto a aquellos otros, c\u00ednicos y salvajes, que se inclinaron por el coleccionismo. 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