{"id":59949,"date":"2020-01-15T11:05:14","date_gmt":"2020-01-15T17:05:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/?p=59949"},"modified":"2020-01-15T11:05:14","modified_gmt":"2020-01-15T17:05:14","slug":"mirarse-de-frente-adelanto","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2020\/01\/15\/mirarse-de-frente-adelanto\/","title":{"rendered":"\u201cMirarse de frente\u201d (adelanto)"},"content":{"rendered":"<h4>Por <a href=\"https:\/\/noticias.canal22.org.mx\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">N22<\/a><\/h4>\n<h4>Como en\u00a0<em>La mujer singular y la ciudad<\/em>, y\u00a0<em>Apegos feroces<\/em>, Vivian Gornick vuelve al recuerdo de sus vivencias para volver a reflexionar sobre la desigualdad de clase y de g\u00e9nero<\/h4>\n<p>Uno de los t\u00edtulos con los que la editorial Sexto Piso inicia el a\u00f1o es\u00a0<em>Mirarse de frente<\/em>, el tercer t\u00edtulo de Vivian Gornick que el sello incluye en su cat\u00e1logo, bajo la traducci\u00f3n de julia Osuna Aguilar. Luego del impacto de\u00a0<em>Apegos feroces<\/em>\u00a0y\u00a0<em>La mujer singular y la ciudad<\/em>, la editorial nos acerca de nuevo la obra de esta autora imprescindible que descoloca, con una narrativa llena de humor y de reflexi\u00f3n, los roles sociales y de g\u00e9nero en los que se supone debe encajar una mujer; sin dejar de lado, claro est\u00e1, el \u00e1nimo de la \u00e9poca que rememora y desde la que escribe.<\/p>\n<h5>Aqu\u00ed un adelanto de este nuevo t\u00edtulo que pronto estar\u00e1 en librer\u00edas.<\/h5>\n<p><a href=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Gornick2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-59952 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Gornick2.jpg\" alt=\"\" width=\"365\" height=\"548\" srcset=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Gornick2.jpg 635w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Gornick2-200x300.jpg 200w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Gornick2-280x420.jpg 280w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Gornick2-600x900.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 365px) 100vw, 365px\" \/><\/a><\/p>\n<h5><script async src=\"https:\/\/pagead2.googlesyndication.com\/pagead\/js\/adsbygoogle.js\"><\/script><br \/>\n<ins class=\"adsbygoogle\" style=\"display: block; text-align: center;\" data-ad-layout=\"in-article\" data-ad-format=\"fluid\" data-ad-client=\"ca-pub-1136171134853753\" data-ad-slot=\"5545504441\"><\/ins><br \/>\n<script>\n     (adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});\n<\/script>LO QUE SIGNIFICA PARA M\u00cd EL FEMINISMO<\/h5>\n<article id=\"post-44893\" class=\"post-44893 post type-post status-publish format-standard has-post-thumbnail hentry category-letras tag-feminismo tag-mirarse-de-frente tag-narrativa tag-novela tag-sexto-piso tag-vivian-gornick\">\n<div class=\"entry-content\">\n<p>El\u00a0<em>Village Voice<\/em>\u00a0me encarg\u00f3 que fuera a investigar a \u00abesas de la liberaci\u00f3n de la mujer\u00bb. Era noviembre de 1970. \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 hablas?\u00bb, le pregunt\u00e9 al redactor jefe. Al cabo de una semana ya era feminista conversa.<\/p>\n<p>En los primeros tres d\u00edas conoc\u00ed a Ti-Grace Atkinson, Kate Millet y Shulamith Firestone; en los tres siguientes, a Phyllis Chesler, Ellen Willis y Alix Kates Shulman. Hablaban todas a la vez, y me empap\u00e9 de hasta la \u00faltima palabra que sali\u00f3 de sus bocas. O m\u00e1s bien debi\u00f3 de ser que las escuch\u00e9 a todas diciendo lo mismo, porque volv\u00ed de esa semana con un \u00fanico pensamiento grabado a fuego en la cabeza. Era el siguiente: la idea de que los hombres, por naturaleza, se toman en serio sus cerebros, mientras que las mujeres, por naturaleza, no, es una creencia, no una realidad; esta idea est\u00e1 al servicio de la cultura imperante; y nuestras vidas parten de esa base. Bastante sencillo, la verdad. Y seguramente ya lo habr\u00eda dicho alguien. \u00bfC\u00f3mo era posible que yo no pareciera haberlo o\u00eddo hasta entonces? \u00bfY por qu\u00e9 ahora s\u00ed lo hab\u00eda escuchado?<\/p>\n<p>Tanto en pol\u00edtica como en el amor, sigue siendo uno de los grandes misterios de la vida: la disposici\u00f3n, ese momento en que los elementos se alean en la medida justa para materializarse en un cambio interior. Si eres de los que reaccionan al momento nunca puedes explicarlo del todo, s\u00f3lo puedes describir lo que sientes.<\/p>\n<p>Yo siempre hab\u00eda sabido que la vida no era apetencia y consecuci\u00f3n. A mi manera, la de chica buena, concienzuda y enfadada, persegu\u00eda \u00abel sentido\u00bb. Era importante hacer un trabajo que importara (o sea, trabajo mental o espiritual) y querer a un hombre que fuera el compa\u00f1ero adecuado. Eran, yo lo sab\u00eda, requisitos siameses: entrelazados, inconcebibles el uno sin el otro. Y as\u00ed y todo crec\u00ed y acab\u00e9 siendo una charlatana compulsiva que no soportaba la soledad ni el tiempo necesario para estudiar. No aprend\u00ed a dominar el pensamiento estable. Le\u00eda novelas, fantaseaba con una vida importante, pensaba en chicos. Daba igual que me pasara la vida moralizando sobre la seriedad: estaba visto que pod\u00eda perseguir al hombre pero no el trabajo. Eso, sin embargo, y esto que voy a decir es crucial, no lo sab\u00eda. No sab\u00eda que pod\u00eda dedicarme al amor pero no pod\u00eda dedicarme al trabajo. Siempre andaba pensando: \u00abCuando las cosas vayan bien, trabajar\u00e9\u00bb. Nunca pensaba: \u00ab\u00bfC\u00f3mo puedo seguir obsesionada con este chico o este otro aunque las cosas no vayan bien?\u00bb.<\/p>\n<p>Con veinticuatro a\u00f1os me enamor\u00e9 de un pintor y me cas\u00e9 con \u00e9l. Ten\u00eda la vida resuelta. Ten\u00eda una mesa de trabajo a la que sentarme, un compa\u00f1ero que me animaba, tiempo y dinero suficientes. Ahora s\u00ed que trabajar\u00eda. Nuevo error. Diez a\u00f1os despu\u00e9s pasaba los d\u00edas vagando por Nueva York, una \u00abchica\u00bb divorciada de treinta y cinco a\u00f1os que ten\u00eda un estilo agresivo y hab\u00eda escrito un par de art\u00edculos. M\u00e1s all\u00e1 de mis bravatas, la confusi\u00f3n era honda, la desorientaci\u00f3n, profunda. \u00bfC\u00f3mo hab\u00eda acabado as\u00ed?, palpitaba a diario mi cabeza con aquella idea, \u00bfy c\u00f3mo pod\u00eda escapar? Preguntas para las que no ten\u00eda respuestas hasta que escuch\u00e9 a \u00abesas de la liberaci\u00f3n de la mujer\u00bb. Me pareci\u00f3 verlo todo cristalino. Ten\u00eda edad, hast\u00edo, agotamiento y dolor de sobra. Mi incapacidad perenne para tomarme en serio como trabajadora: aqu\u00e9l s\u00ed que era el dilema central en la existencia de una mujer.<\/p>\n<p>Igual que Arthur Koestler descubriendo el marxismo, fue como si me estallara la sesera y me salieran luces y m\u00fasica de la cabeza. \u00a1Qu\u00e9 j\u00fabilo sent\u00ed cuando consegu\u00ed hacer el an\u00e1lisis! Me despertaba con \u00e9l, me pasaba el d\u00eda bailando en sus brazos y me dorm\u00eda sonriendo con \u00e9l. Me volv\u00ed impermeable: los reveses de la fortuna cotidiana no pod\u00edan hacerme mella. Si me aferraba a lo que me hab\u00eda hecho ver el feminismo, pronto ser\u00eda due\u00f1a de m\u00ed misma; en cuanto fuera due\u00f1a de m\u00ed misma, ser\u00eda due\u00f1a de todo. La vida me sonre\u00eda. Ten\u00eda discernimiento, y ten\u00eda compa\u00f1\u00eda. Estaba plantada en medio de mi propia vivencia, gira que te gira: y a mi alrededor ve\u00eda una sala llena de mujeres, tambi\u00e9n gira que te gira.<\/p>\n<p>Sin duda es un momento de alegr\u00eda cuando un n\u00famero bastante amplio de personas se sienten impulsadas a actuar por una explicaci\u00f3n social de c\u00f3mo han tomado forma sus vidas y se re\u00fanen bajo un mismo techo en un mismo momento, hablando el mismo idioma, haciendo el mismo an\u00e1lisis, quedando una y otra vez en restaurantes, salones de lectura y pisos de Nueva York, por el mero placer de elaborar el discernimiento y repetir el an\u00e1lisis. Es la alegr\u00eda de la pol\u00edtica revolucionaria, y era nuestra. Ser feminista a principios de los setenta: \u00a1qu\u00e9 bendici\u00f3n que te toque vivir ese despertar! Ning\u00fan \u00abte quiero\u00bb del mundo le llegaba a la altura. No hab\u00eda otro sitio donde estar, salvo con las dem\u00e1s. Todas vivimos entonces dentro del abrazo holgado del feminismo. Cre\u00ed que pasar\u00eda all\u00ed el resto de mi vida.<\/p>\n<p>De la mano del j\u00fabilo, surgi\u00f3 para m\u00ed el convencimiento, formulado en un abrir y cerrar de ojos, de que el trabajo era ya algo sin lo que no pod\u00eda pasar. Me jur\u00e9 que querer a un hombre no volver\u00eda a ser prioritario. De hecho, quiz\u00e1 ambas cosas fueran incompatibles; quiz\u00e1 tuviera que pasar sin el amor tal y como lo hab\u00eda conocido hasta la fecha. Abord\u00e9 la idea como si no fuera nada, la tarea m\u00e1s factible del mundo. Al fin y al cabo, siempre hab\u00eda sido una beligerante agitada, una de esas mujeres que siempre se quejan de que a los hombres les asustan \u00ablas mujeres como yo\u00bb. No se me daba bien ligar, fue un alivio despedirme del tema. Si el amor entre iguales era imposible \u2013y todo apuntaba a que as\u00ed era\u2013, \u00bfqui\u00e9n lo necesitaba? Me acurruqu\u00e9 con mi coraz\u00f3n reci\u00e9n encallecido. La emoci\u00f3n de la realidad feminista me hizo renunciar de buen grado al sentimentalismo y encontrar placer en la perseverancia. Lo \u00fanico importante, me dec\u00eda, era el trabajo. Tengo que ense\u00f1arme a trabajar. Si trabajo, conseguir\u00e9 lo que necesito. Ser\u00e9 una persona en el mundo. \u00bfQu\u00e9 importancia tendr\u00e1 entonces estar renunciando al \u00abamor\u00bb?<\/p>\n<p>Result\u00f3, sin embargo, que no, que s\u00ed que importaba. Mucho m\u00e1s de lo que jam\u00e1s habr\u00eda imaginado. S\u00ed, ya no pod\u00eda vivir con hombres bajo las antiguas condiciones. S\u00ed, no me contentar\u00eda con menos que un apego adulto. S\u00ed, si supon\u00eda tener que vivir sin eso, estaba preparada para vivir sin eso. Pero era imposible renunciar a la idea del amor, cuando no a la realidad. Conforme pasaron los a\u00f1os, me di cuenta de que el amor rom\u00e1ntico estaba inyectado como un tinte en el sistema nervioso de mis emociones, bordado por todo el pa\u00f1o de mis deseos, fantas\u00edas y sentimientos; acosaba mi psique como un fantasma, era un dolor de huesos; estaba tan profundamente incrustado en la composici\u00f3n del esp\u00edritu que mirar directamente su influjo me hac\u00eda da\u00f1o en los ojos. Ser\u00eda causa de dolor y conflicto el resto de mi vida. Me encantaba mi coraz\u00f3n encallecido \u2013lo hab\u00eda adorado todos esos a\u00f1os\u2013, pero la p\u00e9rdida del amor rom\u00e1ntico segu\u00eda siendo capaz de desgarrarlo.<\/p>\n<p>Siempre estuvo ah\u00ed, acechando, ese cisma interior sobre el amor, por mucho que nunca hablara de \u00e9l. Y nunca lo hablaba porque no ten\u00eda necesidad de hablar. No ten\u00eda necesidad de hablar porque era soportable. Se pod\u00eda soportar porque hab\u00eda hecho un hallazgo importante. El descubrimiento era mi ingrediente secreto, lo que hac\u00eda que mi bizcocho subiera todas las ma\u00f1anas. Era lo siguiente: mientras tuviera un cuarto lleno de feministas al que llamar mi hogar, tendr\u00eda compa\u00f1\u00eda de serie toda la vida. No volver\u00eda a estar sola. Las feministas eran mi espada y mi escudo: mi consuelo, mi alivio, mi emoci\u00f3n. Si ten\u00eda a las feministas, ten\u00eda comunidad, pod\u00eda vivir sin amor rom\u00e1ntico. Y era cierto: pod\u00eda.<\/p>\n<p>Hasta que ocurri\u00f3 lo impensable. Lentamente, hacia 1980, la solidaridad feminista empez\u00f3 a deshilacharse. Conforme el mundo no hab\u00eda sabido cambiar lo suficiente para reflejar nuestros esfuerzos, lo que antes nos hab\u00eda separado a todas las mujeres volvi\u00f3 a reafirmarse, ahora en nosotras. La sensaci\u00f3n de v\u00ednculo empez\u00f3 a erosionarse. Cada vez m\u00e1s parec\u00edamos tener cada vez menos que decirnos. Los caracteres empezaron a chocar, las conversaciones a aburrir y las ideas a repetirse. Las reuniones empezaron a ser cansinas y las fiestas menos atrayentes.<\/p>\n<p>Al principio el cambio en el ambiente fue s\u00f3lo una d\u00e9bil sospecha (\u00a1con lo s\u00f3lida que parec\u00eda la camarader\u00eda feminista!), pero poco a poco se convirti\u00f3 en una desdichada convicci\u00f3n y, m\u00e1s adelante, en una realidad innegable. Un buen d\u00eda me despert\u00e9 y comprend\u00ed que la emoci\u00f3n, el anhelo y la expectativa de comunidad hab\u00edan desaparecido. Como con el amor rom\u00e1ntico, la discrepancia entre deseo y realidad se hizo tan grande que result\u00f3 insalvable.<\/p>\n<p>Ca\u00ed en una dolorosa depresi\u00f3n. La soledad existencial me reconcomi\u00f3 el coraz\u00f3n, mi coraz\u00f3n lleno de bonitos callos. Se apoder\u00f3 de m\u00ed el miedo a la soledad de por vida.<\/p>\n<p>Trabaja, me dec\u00eda, trabaja duro.<\/p>\n<p>Pero es que no s\u00e9 trabajar duro, me contestaba, hace poco que he aprendido a trabajar con constancia, soy incapaz de trabajar duro.<\/p>\n<p>Int\u00e9ntalo, me respond\u00eda, y vuelve a intentarlo. Es lo \u00fanico que tienes.<\/p>\n<p>El primer fogonazo de iluminaci\u00f3n feminista volvi\u00f3 a m\u00ed. A\u00f1os antes el feminismo me hab\u00eda hecho ver el valor del trabajo; ahora estaba haci\u00e9ndomelo ver de nuevo con otros ojos. Empez\u00f3 a celebrarse una segunda conversaci\u00f3n, esa en que el saber va a m\u00e1s. Comprend\u00ed que tendr\u00eda que encarar sola justo aquello para lo que mi pol\u00edtica me hab\u00eda estado preparando todo ese tiempo. Entend\u00ed lo que las feministas visionarias llevaban doscientos a\u00f1os entendiendo: que el poder sobre la vida propia s\u00f3lo llega a trav\u00e9s del control estable del pensamiento propio.<\/p>\n<p>Una consideraci\u00f3n f\u00e1cil de expresar, pero la tarea de una vida. Me sent\u00e9 a mi mesa, como si fuera la primera vez, para ense\u00f1arme a permanecer con mis pensamientos: a ordenarlos, extenderlos, ponerlos a mi servicio. No lo consegu\u00ed.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente volv\u00ed a sentarme. Una vez m\u00e1s no lo consegu\u00ed.<\/p>\n<p>Al cabo de tres d\u00edas me arrastr\u00e9 hasta la mesa y una vez m\u00e1s volv\u00ed derrotada. Al siguiente, sin embargo, la neblina de mi cabeza se despej\u00f3: resolv\u00ed un problema de escritura sencillo, uno que parec\u00eda incorregible, y una piedra me rod\u00f3 del pecho. Me costaba menos respirar, el aire ol\u00eda dulce, el caf\u00e9 estaba cargado y el d\u00eda me llamaba.<\/p>\n<p>Empez\u00f3 a evaporarse en m\u00ed la ret\u00f3rica del fervor religioso, y la sustitu\u00ed por el dolor tranquilizador del esfuerzo diario. No pod\u00eda seguir repitiendo \u00abel trabajo lo es todo\u00bb como un mantra, cuando era evidente que no lo era todo. Pero sentarme a la tarea todos los d\u00edas se convirti\u00f3 en un acto de iluminaci\u00f3n. Las palabras de Ch\u00e9jov hallaban su eco en m\u00ed: \u00abOtros me hicieron esclavo pero tengo que sacarme al esclavo que llevo dentro, gota a gota\u00bb. Hab\u00eda clavado esas palabras con chinchetas en la pared detr\u00e1s de mi mesa en alg\u00fan momento de principios de los setenta y llevaba m\u00e1s de diez a\u00f1os mir\u00e1ndolas sin verlas. Volv\u00ed a leerlas entonces, a leerlas de verdad: no era el \u00abtrabajo\u00bb lo que me salvar\u00eda sino el penoso esfuerzo diario.<\/p>\n<p>El esfuerzo diario se convirti\u00f3 para m\u00ed en una especie de conexi\u00f3n. El sentimiento de conexi\u00f3n se fue fortaleciendo. La fuerza empez\u00f3 a hacerme sentir independiente. La independencia me permiti\u00f3 pensar. Cuando pensaba, me sent\u00eda menos sola. Me ten\u00eda a m\u00ed de compa\u00f1\u00eda. Me ten\u00eda a m\u00ed, y punto. Sent\u00ed el poder de la sabidur\u00eda renovada. De los griegos a Ch\u00e9jov, y de ah\u00ed a Elizabeth Cady Stanton: todo el que se ha molestado alguna vez en indagar en la naturaleza de la soledad humana ha entendido que s\u00f3lo la mente trabajadora de uno mismo quiebra la soledad del ser.<\/p>\n<p>Una verdad a la que cuesta mirar a la cara. Cuesta mucho. Y por eso anhelamos el amor, y la comunidad, dos aspiraciones encomiables en la vida, pero no como anhelos. Anhelar es letal. Anhelar te vuelve sentimental. El sentimentalismo te hace caer en el romanticismo. Para m\u00ed la belleza del feminismo estaba en haberme hecho valorar la cruda verdad por encima del romance. Y era la cruda verdad lo que yo segu\u00eda persiguiendo.<\/p>\n<p>Todo lo que acabo de escribir lo he perdido de vista en incontables ocasiones. La angustia, el aburrimiento, la depresi\u00f3n me abruman, me emborronan la cabeza, \u00abme olvido\u00bb. La esclavitud del alma es una especie de amnesia: no puedes aferrarte a lo que sabes; si no puedes aferrarte a lo que sabes, no puedes asimilar tus propias vivencias; si no asimilas las vivencias, no hay cambio. Sin cambio, la conexi\u00f3n con una misma perece. Y como eso es insoportable, la vida es una infinitud de \u00abrecordar\u00bb lo que ya s\u00e9.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde me deja todo eso? En un forcejeo perpetuo. He soportado la p\u00e9rdida de tres romances de salvaci\u00f3n: la idea de amor, la idea de comunidad, la idea de trabajo. Con cada p\u00e9rdida me he encontrado volviendo a esos momentos reveladores de noviembre de 1970. El feminismo de los primeros tiempos sigue siendo para m\u00ed el fogonazo vital de discernimiento que me despeja la mente. Me rescata de la autocompasi\u00f3n, me brinda el regalo incomparable de querer ver las cosas como son.<\/p>\n<p>Sigo forcejeando con el amor: forcejeo para poder querer a la vez a mi coraz\u00f3n con callos y a otro ser humano. Y forcejeo tambi\u00e9n con el trabajo. El esfuerzo diario sigue siendo extenuante. Pero al hacer el esfuerzo, estoy resistiendo al romance. Cuando resisto al romance \u2013cuando miro sin parpadear toda la cruda verdad que puedo asimilar\u2013, tengo m\u00e1s de m\u00ed. El feminismo vive en m\u00ed.<\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<nav class=\"navigation post-navigation\" role=\"navigation\" aria-label=\"Entradas\">\n<h2 class=\"screen-reader-text\">Navegaci\u00f3n de entradas<\/h2>\n<div class=\"nav-links\"><\/div>\n<\/nav>\n\n\t\t\t  <div \n\t\t\t  \tclass = \"fb-comments\" \n\t\t\t  \tdata-href = \"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2020\/01\/15\/mirarse-de-frente-adelanto\/\"\n\t\t\t  \tdata-numposts = \"10\"\n\t\t\t\tdata-colorscheme = \"dark\"\n\t\t\t\tdata-order-by = \"social\"\n\t\t\t\tdata-mobile=true>\n\t\t\t  <\/div>\n\t\t  <style>\n\t\t\t.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {\n\t\t\t    width: 100% !important;\n\t\t\t}\n\t\t  <\/style>\n\t\t  ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por N22 Como en\u00a0La mujer singular y la ciudad, y\u00a0Apegos feroces, Vivian Gornick vuelve al recuerdo de sus vivencias para volver a reflexionar sobre la desigualdad de clase y de g\u00e9nero Uno de los t\u00edtulos con los que la editorial Sexto Piso inicia el a\u00f1o es\u00a0Mirarse de frente, el tercer t\u00edtulo de Vivian Gornick que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":57,"featured_media":59954,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[32,10504,3153],"tags":[11004,10953,551],"class_list":["post-59949","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-entradas","category-las-ultimas-12","category-letras-educacion-y-cultura","tag-desigualdad-de-genero","tag-feminista","tag-mujer"],"jetpack_featured_media_url":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Gornick.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59949"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-json\/wp\/v2\/users\/57"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=59949"}],"version-history":[{"count":3,"href":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59949\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":59956,"href":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59949\/revisions\/59956"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-json\/wp\/v2\/media\/59954"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=59949"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=59949"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=59949"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}