{"id":65987,"date":"2023-01-03T11:51:46","date_gmt":"2023-01-03T17:51:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/?p=65987"},"modified":"2023-01-03T11:54:22","modified_gmt":"2023-01-03T17:54:22","slug":"pequeno-retablo-por-manuel-maples-arce","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2023\/01\/03\/pequeno-retablo-por-manuel-maples-arce\/","title":{"rendered":"Peque\u00f1o Retablo, por Manuel Maples Arce"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Capitulo del libro: A la orilla de este r\u00edo de Maples Arce<\/em><\/p>\n<p><center><script async src=\"https:\/\/pagead2.googlesyndication.com\/pagead\/js\/adsbygoogle.js\"><\/script><br \/>\n<!-- BANNER ELORIENTE INCRUSTADO NOTAS --><br \/>\n<ins class=\"adsbygoogle\" style=\"display: inline-block; width: 300px; height: 250px;\" data-ad-client=\"ca-pub-1136171134853753\" data-ad-slot=\"7974633627\"><\/ins><br \/>\n<script>\n     (adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});\n<\/script><center>\u00a0<\/center><\/center><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Peque\u00f1o Retablo, por Manuel Maples Arce*<\/strong><\/p>\n<div id=\"pageContainer61\" class=\"page\" data-loaded=\"true\">\n<div class=\"textLayer\">\n<div data-canvas-width=\"538.4628333333334\">Cuando apareci\u00f3 el cometa Haley, visible en las madrugadas, tuve una impresi\u00f3n m\u00e1gica.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"512.5669999999999\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"512.5669999999999\">Desde que la noticia se esparci\u00f3 en la escuela nos pusimos en agitaci\u00f3n. Hac\u00edamos mil conjeturas de sus augurios y avisos; sobre el tama\u00f1o de su cauda; lo que tardan los cometas en regresar, y tantos otros comentarios y c\u00e1lculos. Mi vecina me contaba que hac\u00eda mucho tiempo, cuando ella era ni\u00f1a, hab\u00eda aparecido un cometa. En la fecha aguardada ped\u00ed que me despertaran. Ni siquiera esper\u00e9 estar completamente vestido para asomarme a la ventana. Ya en el cielo azul de la fresca noche tropical, tr\u00e9mula de estrellas, se ve\u00eda el deslumbrante meteoro, que me produjo un enigm\u00e1tico estupor. El cometa me hac\u00eda vagar por la inquietud de otros mundos, por los espacios siderales, sugiriendo infinidad de cosas en mi imaginaci\u00f3n. Durante aquella temporada nos levantamos siempre por la noche, y yo miraba incansablemente hacia el cielo con renovada ilusi\u00f3n.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.4768333333333\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.4768333333333\">Despu\u00e9s de este fen\u00f3meno, frecuentemente sal\u00eda al patio a mirar el cielo espolvoreado de estrellas, cuyo brillo aumentaba en la transparencia de las nocturnas soledades.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"513.0876666666666\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"513.0876666666666\">Con la ayuda de mi padre me pon\u00eda a descifrar aquella mara\u00f1a sideral. \u201cF\u00edjate \u2013me dec\u00eda\u2013: all\u00ed est\u00e1 la Estrella Polar, norte de los navegantes; aqu\u00e9l es el Carro de Pegaso, y corriendo la vista, la Osa Menor; en medio est\u00e1 Casiopea, y m\u00e1s abajo Perseo, en que una estrella intermitentemente disminuye de esplendor y se torna m\u00e1s p\u00e1lida. Hacia la derecha est\u00e1 Andr\u00f3meda, y entre la Osa Mayor y la Osa Menor, cerca de la V\u00eda L\u00e1ctea, se presenta, como un diamante, Vega.\u201d<\/div>\n<div data-canvas-width=\"516.2336666666666\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"516.2336666666666\">A las precisiones astron\u00f3micas se un\u00edan las historias mitol\u00f3gicas de ninfas y princesas convertidas en constelaciones. Todo eso me entreten\u00eda enormemente. A veces se me perd\u00edan los puntos estelares que fijaban la constelaci\u00f3n; la inmensidad convert\u00edase en una pulsaci\u00f3n rutilante, pero luego volv\u00edan a aparecer. O\u00edr el c\u00e1lculo de las distancias me daba v\u00e9rtigo, y de tanto mirar hacia la altura sent\u00eda una especie de embriaguez celeste. Mi visi\u00f3n, entonces, se identificaba con la presencia del infinito.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"516.2336666666666\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div data-canvas-width=\"438.3243333333333\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"438.3243333333333\"><script async src=\"https:\/\/pagead2.googlesyndication.com\/pagead\/js\/adsbygoogle.js\"><\/script><br \/>\n<ins class=\"adsbygoogle\" style=\"display: block; text-align: center;\" data-ad-layout=\"in-article\" data-ad-format=\"fluid\" data-ad-client=\"ca-pub-1136171134853753\" data-ad-slot=\"4724569608\"><\/ins><br \/>\n<script>\n     (adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});\n<\/script><\/div>\n<div data-canvas-width=\"438.3243333333333\"><\/div>\n<h5 data-canvas-width=\"438.3243333333333\">D\u00eda de Reyes**<\/h5>\n<div data-canvas-width=\"438.3243333333333\"><\/div>\n<div id=\"pageContainer62\" class=\"page\" data-loaded=\"true\">\n<div class=\"textLayer\">\n<div data-canvas-width=\"514.2609999999997\">En v\u00edsperas del D\u00eda de Reyes comenz\u00e1bamos a observar las estrellas. Despu\u00e9s de cenar sal\u00edamos al patio con mi padre a escrutar el cielo. Tres de ellas luc\u00edan en la plenitud del firmamento; representaban a Melchor, Gaspar y Baltasar camino de Bel\u00e9n. No pod\u00eda imaginarme d\u00f3nde estaba Bel\u00e9n.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"514.2609999999997\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"513.4378333333332\">Del Nacimiento hac\u00edamos una representaci\u00f3n, con la Virgen, San Jos\u00e9 y el Ni\u00f1o, en un rinc\u00f3n de la sala. Cubr\u00edamos la carpinter\u00eda con el paxtle, que en abundancia nos tra\u00edan los arrieros del correo. En lo verde del musgo, un espejo simulaba un lago, un ferrocarrilito corr\u00eda al borde de una ladera, los borregos se encaramaban en las pe\u00f1as, y de trecho en trecho, por la monta\u00f1a, ve\u00edanse peregrinos y pastores. Estos juguetes, en su mayor parte,<\/div>\n<div data-canvas-width=\"395.2758333333333\">proced\u00edan de los alfareros indios de la sierra de Puebla.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"512.2608333333335\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"512.2608333333335\">Con ansiedad esper\u00e1bamos la fecha del seis de enero. La noche anterior pon\u00edamos los zapatos. Como no hab\u00eda chimeneas los coloc\u00e1bamos, naturalmente, en una silla, junto a la ventana, a fin de facilitar la tarea de los Magos, que tantos reinos y pa\u00edses ten\u00edan que recorrer. Con expectante emoci\u00f3n nos \u00edbamos a acostar aquella noche so\u00f1ando con lo que recibir\u00edamos. Y a la ma\u00f1ana siguiente, temprano, nos levant\u00e1bamos para gozar de los regalos, entre los que hab\u00eda muchas cosas peque\u00f1as, juguetes y confites, y libros de<\/div>\n<div data-canvas-width=\"308.51883333333336\">cuentos, que contentaban nuestra fantas\u00eda.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.4676666666666\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.4676666666666\">A medida que pasaban los a\u00f1os sent\u00ed debilitarse mi creencia, y de acuerdo con los hijos del maestro Garizurieta, nuestros vecinos, decidimos espiar la llegada de los Reyes. Yo me dorm\u00ed en lo que me pareci\u00f3 larga espera, pero mis vecinos me dieron al d\u00eda siguiente la triste noticia. Cuando el pap\u00e1 colocaba los juguetes, en la oscuridad, creyeron que era el rey negro y se le echaron encima, con lo que se desvaneci\u00f3 el encanto. \u201cAhora ya saben que no hay Reyes \u2013dijo don Pepe\u2013. Se acabaron los juguetes.\u201d<\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.4676666666666\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.4621666666666\">Cuando me lo contaron, a pesar de mi sospecha, no dej\u00e9 de sentir cierta tristeza, pues algo encantador se apagaba en mi alma. Sin embargo, tuve mucho cuidado de que no se dieran cuenta mis padres de lo que yo sab\u00eda para que no se me suprimieran los aguinaldos a m\u00ed tambi\u00e9n.<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div><\/div>\n<div>***<\/div>\n<div id=\"pageContainer63\" class=\"page\" data-loaded=\"true\">\n<div class=\"textLayer\">\n<div data-canvas-width=\"542.2266666666667\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"542.2266666666667\">No s\u00e9 realmente c\u00f3mo se encadena el tiempo. Hay cosas que probablemente ocurrieron antes de la fecha en que mi memoria las sit\u00faa, y otras, despu\u00e9s, aunque seguramente no muy distantes.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"515.2748333333333\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"515.2748333333333\">Para los d\u00edas de difuntos encargaba al ranchero que me trajera unas ca\u00f1as, y en una habitaci\u00f3n casi desamueblada dispon\u00eda, ayudado por mis hermanas, un altar. Los vigorosos y largos tallos de sim\u00e9tricos nudos se sujetaban a una mesa recubierta de manteles, y en lo alto se enlazaban formando arcos. Sobre la mesa se superpon\u00edan varios cajones, uno mayor, otro mediano y otro m\u00e1s peque\u00f1o, revestidos tambi\u00e9n con blancos manteles. De<\/div>\n<div data-canvas-width=\"538.5379999999999\">las ca\u00f1as se colgaban naranjas, limas, j\u00edcamas y otras frutas, y ristras de bollitos de an\u00eds, una especialidad de Papantla, a la manera totonaca. Se colocaba cualquier imagen en lo alto, y en las gradas, ofrendas de tamales, el plato caracter\u00edstico de esos d\u00edas; pan de semita y mestiza y algunas frutas m\u00e1s completaban el altar. Este juego me proporcionaba gran placer, y adem\u00e1s me permit\u00eda disponer de las ofrendas a la hora que gustara, cosa no permitida ordinariamente en mi casa.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"347.41849999999994\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"347.41849999999994\">Hab\u00eda por aquel tiempo la costumbre de salir a chichiquilear. Esta palabra india quer\u00eda decir que las gentes iban de paseo, de rancher\u00eda en rancher\u00eda, deteni\u00e9ndose a comer tamales. Algunos prolongaban su vagabundeo por varios d\u00edas comiendo y bebiendo a todo su sabor. Muchas veces intent\u00e9 salir a estas andanzas, pero no lo consegu\u00ed, y cuando fui mayor y pude haberlo hecho, la costumbre hab\u00eda ya deca\u00eddo y yo estaba con el alma en otras cosas.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"347.41849999999994\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"347.41849999999994\"><script async src=\"https:\/\/pagead2.googlesyndication.com\/pagead\/js\/adsbygoogle.js\"><\/script><br \/>\n<ins class=\"adsbygoogle\" style=\"display: block;\" data-ad-format=\"autorelaxed\" data-ad-client=\"ca-pub-1136171134853753\" data-ad-slot=\"4595267748\"><\/ins><br \/>\n<script>\n     (adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});\n<\/script><\/div>\n<div data-canvas-width=\"82.92533333333333\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"27.509999999999998\">***<\/div>\n<div data-canvas-width=\"544.9876666666665\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"544.9876666666665\">Pared de por medio de mi casa viv\u00eda una se\u00f1ora anciana que se llamaba do\u00f1a Valentina. Hacia ella gravita mi atenci\u00f3n por alg\u00fan tiempo, pues era persona que amaba a los ni\u00f1os y conoc\u00eda un sinn\u00famero de episodios nacionales, historias y leyendas que nos entreten\u00edan.<\/div>\n<div><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"pageContainer64\" class=\"page\" data-loaded=\"true\">\n<div class=\"textLayer\">\n<div data-canvas-width=\"508.4090000000001\">Despu\u00e9s de haber apenas dado el \u00faltimo bocado de la cena, sal\u00eda a escape para la casa de nuestra vecina, que estaba ya sentada en una peque\u00f1a butaca a la puerta de la sala. Alg\u00fan grupo jugaba por all\u00ed al pan y queso o aljiote, pero a m\u00ed me interesaba m\u00e1s la pl\u00e1tica de do\u00f1a Valentina.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.497\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.497\">Noche tras noche nos reun\u00edamos en torno suyo para escuchar las apasionantes historias. A veces era un episodio de la guerra de Independencia; otras, de la invasi\u00f3n norteamericana o de la intervenci\u00f3n francesa, episodios que ella prolongaba morosamente, manteniendo siempre nuestra atenci\u00f3n y dej\u00e1ndolo no pocas veces en suspenso, a pesar de nuestras s\u00faplicas, para continuarlo a la noche siguiente.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"515.1575\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"515.1575\">A mis espaldas, tras los muros y tejados emblanquecidos de luna, se alzaba el cerro de La Atalaya, rodeado de una depresi\u00f3n formada por las viejas trincheras que databan de la \u00e9poca de la Intervenci\u00f3n Francesa y del Imperio, pues, seg\u00fan refer\u00edanos do\u00f1a Valentina, all\u00ed resistieron los mexicanos contra los invasores. Mientras la anciana relataba alg\u00fan episodio de aquellas batallas, sol\u00eda yo volver la cabeza, y con gran realismo me imaginaba<\/div>\n<div data-canvas-width=\"538.4463333333332\">el combate y c\u00f3mo la infanter\u00eda de los zuavos ca\u00eda antes de alcanzar el parapeto, cosa que excitaba mi patriotismo.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"538.4463333333332\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.4364999999999\">En ocasiones, nos relataba leyendas antiguas o nos hablaba de la historia de otros pa\u00edses. El tema de los fantasmas, tan enraizado en las tradiciones populares, tambi\u00e9n formaba parte de su repertorio. Muchas veces nosotros mismos provoc\u00e1bamos la conversaci\u00f3n, y aunque conoci\u00e9ramos el pasaje, procur\u00e1bamos que nos lo volviera a contar.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.49150000000003\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.49150000000003\">Cuando mi madre, que posiblemente no me hab\u00eda visto en toda la tarde, preguntaba: \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Manuel?\u201d, la respuesta era siempre: \u201cEst\u00e1 en casa de do\u00f1a Valentina\u201d, a lo que mi madre arg\u00fc\u00eda invariablemente: \u201cEste muchacho se lo voy a regalar a do\u00f1a Valentina\u201d, mientras yo, con la imaginaci\u00f3n excitada o sobrecogido de susto, o\u00eda extra\u00f1as consejas de labios de la anciana.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"515.5919999999999\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"515.5919999999999\">Sus cuentos impresionaban como cosa real y sus recuerdos parec\u00edan de encantamiento. \u00bfQui\u00e9n hab\u00eda visto a la llorona que se aparec\u00eda a unas cuantas calles de nuestra casa lanzando un lamento desgarrador? Algunos aseguraban que llevaba un ni\u00f1o muerto en los brazos. Otro monstruo extra\u00f1o, el perro negro que lanzaba llamas por los ojos, dec\u00edase que aparec\u00eda por el callej\u00f3n del Ni\u00f1o Artillero, de modo que cuando, al oscurecer, deb\u00eda yo pasar solo por all\u00ed, comenzaba a silbar para darme \u00e1nimo o apresuraba el paso. \u00a1Cu\u00e1nto me impresionaban esos hombrecillos que hacia la media noche jugaban en el portal de la casa de don F\u00e9lix Castillo, a quienes alg\u00fan paseante rezagado hab\u00eda visto lanzarse pelotas de fuego! Yo me los imaginaba de manera tan real, que me parec\u00eda imposible que no existieran, y en cuanto a las tepas, fantasmas de las horas de insolaci\u00f3n, que aparec\u00edan en el cerro de La Atalaya despu\u00e9s del mediod\u00eda, me impresionaban terriblemente.<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"pageContainer65\" class=\"page\" data-loaded=\"true\">\n<div class=\"textLayer\">\n<div data-canvas-width=\"514.5121666666665\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"514.5121666666665\">Entre los compa\u00f1eros discut\u00edamos a veces sobre la existencia de estos<\/div>\n<div data-canvas-width=\"543.0388333333333\">seres irreales. Hab\u00eda quien aseguraba haberlos visto \u00e9l mismo o que alguien<\/div>\n<div data-canvas-width=\"106.43050000000001\">los hab\u00eda visto.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"106.43050000000001\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.4456666666667\">En una ocasi\u00f3n se habl\u00f3 mucho en el barrio de un fantasma ensabanado, que al final result\u00f3 ser Fello Fuentes, que andaba detr\u00e1s de una muchacha, la cual qued\u00f3 maleficiada y, por orden del juez, depositada en una casa respetable. Con este enga\u00f1o perd\u00ed toda reverencia a los fantasmas y me distanci\u00e9 de ellos para siempre.<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.4456666666667\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.4456666666667\"><script async src=\"https:\/\/pagead2.googlesyndication.com\/pagead\/js\/adsbygoogle.js\"><\/script><br \/>\n<ins class=\"adsbygoogle\" style=\"display: block;\" data-ad-format=\"autorelaxed\" data-ad-client=\"ca-pub-1136171134853753\" data-ad-slot=\"4595267748\"><\/ins><br \/>\n<script>\n     (adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});\n<\/script><\/div>\n<div data-canvas-width=\"508.4456666666667\"><\/div>\n<div id=\"pageContainer65\" class=\"page\" data-loaded=\"true\">\n<div class=\"textLayer\">\n<div data-canvas-width=\"27.509999999999998\">***<\/div>\n<div data-canvas-width=\"538.4701666666666\">Pero no tan s\u00f3lo hab\u00eda historias de guerras, de duendes o trasgos en el repertorio de do\u00f1a Valentina, sino historias de adelantos cient\u00edficos y aventuras geogr\u00e1ficas que encantaban mi imaginaci\u00f3n. En casa de esta vecina encontr\u00e9 portentosas horas de esparcimiento.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"515.7258333333332\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"515.7258333333332\">Cuando pienso en mi ni\u00f1ez, en las noches tropicales aromadas por plantas de intenso perfume, me veo sentado en el umbral de la puerta de do\u00f1a Valentina, pendiente de sus maravillosos relatos, bajo la cintilaci\u00f3n de las estrellas.<\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\">&#8212;<\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><em>*El presente texto se trata del Cap\u00edtulo V del libro \u00abA la orilla de este r\u00edo\u00bb, una edici\u00f3n de la Universidad Veracruzana, de las memorias del gran escritor de Papantla, Manuel Maples Arce.<\/em><\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><em>El libro puede consultarse completo <a href=\"https:\/\/libros.uv.mx\/index.php\/UV\/catalog\/view\/FC139\/1474\/1249-1\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">dando CLICK AQU\u00cd<\/a>.<\/em><\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><em>**El subt\u00edtulo es nuestro para facilitar la lectura en medios electr\u00f3nicos.<\/em><\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\">\n<figure id=\"attachment_65988\" aria-describedby=\"caption-attachment-65988\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Portada-A-la-orilla-de-este-ri\u0301o-memorias-de-Manuel-Maples-Arce.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-large wp-image-65988\" src=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Portada-A-la-orilla-de-este-ri\u0301o-memorias-de-Manuel-Maples-Arce-757x1024.png\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"866\" srcset=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Portada-A-la-orilla-de-este-ri\u0301o-memorias-de-Manuel-Maples-Arce-757x1024.png 757w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Portada-A-la-orilla-de-este-ri\u0301o-memorias-de-Manuel-Maples-Arce-222x300.png 222w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Portada-A-la-orilla-de-este-ri\u0301o-memorias-de-Manuel-Maples-Arce-768x1039.png 768w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Portada-A-la-orilla-de-este-ri\u0301o-memorias-de-Manuel-Maples-Arce-696x941.png 696w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Portada-A-la-orilla-de-este-ri\u0301o-memorias-de-Manuel-Maples-Arce-1068x1444.png 1068w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Portada-A-la-orilla-de-este-ri\u0301o-memorias-de-Manuel-Maples-Arce-311x420.png 311w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Portada-A-la-orilla-de-este-ri\u0301o-memorias-de-Manuel-Maples-Arce-600x811.png 600w, http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Portada-A-la-orilla-de-este-ri\u0301o-memorias-de-Manuel-Maples-Arce.png 1158w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-65988\" class=\"wp-caption-text\">Portada A la orilla de este ri\u0301o, memorias de Manuel Maples Arce<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<h3 data-canvas-width=\"105.82\">M\u00e1s videos en el Canal de Youtube de El Oriente:<\/h3>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><iframe loading=\"lazy\" title=\"YouTube video player\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/kiLetwzpKaQ\" width=\"560\" height=\"315\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><script async src=\"https:\/\/pagead2.googlesyndication.com\/pagead\/js\/adsbygoogle.js\"><\/script><br \/>\n<ins class=\"adsbygoogle\" style=\"display: block;\" data-ad-format=\"autorelaxed\" data-ad-client=\"ca-pub-1136171134853753\" data-ad-slot=\"4595267748\"><\/ins><br \/>\n<script>\n     (adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});\n<\/script><\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><\/div>\n<div data-canvas-width=\"105.82\"><\/div>\n\n\t\t\t  <div \n\t\t\t  \tclass = \"fb-comments\" \n\t\t\t  \tdata-href = \"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/2023\/01\/03\/pequeno-retablo-por-manuel-maples-arce\/\"\n\t\t\t  \tdata-numposts = \"10\"\n\t\t\t\tdata-colorscheme = \"dark\"\n\t\t\t\tdata-order-by = \"social\"\n\t\t\t\tdata-mobile=true>\n\t\t\t  <\/div>\n\t\t  <style>\n\t\t\t.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {\n\t\t\t    width: 100% !important;\n\t\t\t}\n\t\t  <\/style>\n\t\t  ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Capitulo del libro: A la orilla de este r\u00edo de Maples Arce \u00a0 Peque\u00f1o Retablo, por Manuel Maples Arce* Cuando apareci\u00f3 el cometa Haley, visible en las madrugadas, tuve una impresi\u00f3n m\u00e1gica. 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