{"id":2098,"date":"2012-08-17T16:12:43","date_gmt":"2012-08-17T22:12:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/?p=2098"},"modified":"2012-08-17T16:12:43","modified_gmt":"2012-08-17T22:12:43","slug":"la-participacion-politica-en-el-estado-constitucional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.eloriente.net\/home\/2012\/08\/17\/la-participacion-politica-en-el-estado-constitucional\/","title":{"rendered":"La participaci\u00f3n pol\u00edtica en el Estado constitucional"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\">Por: Miguel Carbonell<\/p>\n<p>Partamos de una premisa dif\u00edcil de refutar: el funcionamiento de la representaci\u00f3n pol\u00edtica en muchos pa\u00edses no est\u00e1 arrojando buenos resultados. Las encuestas demuestran altos niveles de insatisfacci\u00f3n respecto al funcionamiento democr\u00e1tico y los pol\u00edticos profesionales aparecen desacreditados ante los ojos de sus electores. Algunos autores hablan de un cierto \u201ccansancio de la democracia\u201d en referencia a pa\u00edses \u2013como Espa\u00f1a- que no llevan ni siquiera medio siglo de vida democr\u00e1tica<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn1\">\u00a0[1]<\/a>\u00a0.<\/p>\n<p>En M\u00e9xico, con mucha menos experiencia, parece que el fen\u00f3meno de la desilusi\u00f3n democr\u00e1tica se est\u00e1 extendiendo r\u00e1pidamente. El ciudadano parece estar cansado de las continuas reyertas entre pol\u00edticos, del en\u00e9simo esc\u00e1ndalo de corrupci\u00f3n, de las mil y una excusas ofrecidas por los errores del gobierno; si hace un tiempo ese cat\u00e1logo de pesadumbres nos parec\u00eda un producto ex\u00f3tico, hoy en d\u00eda es m\u00e1s bien un rasgo ya asentado entre nosotros.<\/p>\n<p>Y el problema no se concreta a los mecanismos representativos, sino que se extiende hacia buena parte del sistema democr\u00e1tico. Cualquier observador de la vida pol\u00edtica del presente podr\u00e1 constatar el enorme descontento existente en varios niveles acerca de nuestras democracias contempor\u00e1neas. El problema abarca, en efecto, varios niveles puesto que lo mismo se observa en la calle, en el aula o en el despacho de los gobernantes. Algo no est\u00e1 funcionando en nuestras democracias.<\/p>\n<p>Dejemos a un lado, en este momento, el tema de cu\u00e1ndo estamos frente a una democracia. Asumamos por ahora que lo son tambi\u00e9n nuestros inestables, endebles y tambaleantes reg\u00edmenes de Am\u00e9rica Latina (con la excepci\u00f3n obvia y dolorosa de Cuba). Como quiera que se vea, el c\u00famulo de ilusiones generado por el cambio pol\u00edtico a partir de la d\u00e9cada de los 80 (con el quiebre de las dictaduras militares del Cono Sur, las aperturas relativas de otros pa\u00edses y la estabilizaci\u00f3n de la v\u00eda electoral como mecanismo de acceso al poder), ha dado paso a la desilusi\u00f3n propia de la\u00a0confianza defraudada.<\/p>\n<p>Luego de algunos a\u00f1os de transici\u00f3n, la gente parece exigir resultados a corto plazo, sobre todo en el terreno econ\u00f3mico. Al no darse un incremento sensible en su bienestar, suele haber un descontento ciudadano que, en un caso extremo, puede conllevar la simpat\u00eda hacia un retorno autoritario.<\/p>\n<p>Seg\u00fan los datos del Latinobar\u00f3metro, a partir de 1996 la satisfacci\u00f3n con el funcionamiento de la democracia ha sufrido fuertes retrocesos en pa\u00edses como Per\u00fa, Ecuador, Paraguay y Bolivia. Se ha incrementado ligeramente (entre un 8 y un 14 por ciento) en pa\u00edses como Panam\u00e1, Brasil, Honduras, Venezuela, Colombia y Chile. Esta falta de satisfacci\u00f3n se demuestra muy crudamente cuando se le pregunta a los habitantes de la regi\u00f3n si consideran que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno.<\/p>\n<p>De acuerdo con la misma encuesta, los m\u00e1s convencidos de las bondades de la democracia viven en Costa Rica, donde el 48% est\u00e1 a favor de esa forma de gobierno sobre cualquier otra. Existen altos niveles de aceptaci\u00f3n democr\u00e1tica en Uruguay (45%), Venezuela (42%) y Chile (40%). Por el contrario, la menor adhesi\u00f3n ciudadana al r\u00e9gimen democr\u00e1tico se produce en Per\u00fa (7%), pero le siguen muy de cerca Paraguay (13%), Ecuador (14%), Bolivia (16%) y M\u00e9xico (17%)<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn2\">\u00a0[2]<\/a>\u00a0.<\/p>\n<p>Pese a estos datos, tan preocupantes, lo cierto es que la mayor parte de la poblaci\u00f3n de Am\u00e9rica Latina considera que un gobierno militar no podr\u00eda solucionar mejor los problemas que uno democr\u00e1tico, aunque tambi\u00e9n en esto las cifras son muy variables. Consideran m\u00e1s eficaz y mejor a un gobierno democr\u00e1tico sobre uno militar el 85% de los encuestados en Costa Rica, el 73% en Uruguay y el 71% en Panam\u00e1, pero solamente el 41% en Paraguay, y el 47% en Per\u00fa y Honduras. En lo que parece haber mayor consenso es en la necesidad de \u201caplicar m\u00e1s mano dura\u201d en el pa\u00eds: est\u00e1n de acuerdo con esto el 85% de los paraguayos y el 78% de los guatemaltecos y salvadore\u00f1os. Pero solamente est\u00e1n de acuerdo con esa opci\u00f3n el 32% de los uruguayos y el 43% de los brasile\u00f1os. Se trata, pese a todo, de un dato inquietante, pues demuestra que hay un segmento de la poblaci\u00f3n que podr\u00eda sentirse atra\u00eddo por una opci\u00f3n de \u201cendurecimiento\u201d del ejercicio del poder estatal, lo que podr\u00eda tener consecuencias nefastas en el desarrollo democr\u00e1tico de alguna naci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estas cifras permiten concluir, entre otras cuestiones, que quiz\u00e1 en los procesos de transici\u00f3n a la democracia hubo un punto de ingenuidad. Por un lado, se crey\u00f3 que la democracia podr\u00eda asentarse sin contar con los principales protagonistas de cualquier sistema democr\u00e1tico: los ciudadanos. Los cambios estructurales sobre los componentes econ\u00f3micos generaron a partir de los a\u00f1os 80 enormes bolsas de pobreza, crearon inestabilidad en el empleo y mayor precariedad de las redes de protecci\u00f3n con las que los Estados latinoamericanos hab\u00edan conseguido detener la ruptura del tejido social. Los ciudadanos, abrumados por un entorno econ\u00f3mico adverso y por el crecimiento de la violencia cotidiana dentro de sus sociedades, se desentendieron de la pol\u00edtica, otorgando \u2013en muchos casos- mandatos de gobierno a l\u00edderes mesi\u00e1nicos y populistas m\u00e1s preocupados por su propio enriquecimiento personal que por el desarrollo democr\u00e1tico y c\u00edvico de sus pueblos.<\/p>\n<p>Por otro lado, se pens\u00f3 que el establecimiento de un r\u00e9gimen democr\u00e1tico (con frecuencia caracterizado con criterios formales que destacan solamente aspectos relacionados con las elecciones como m\u00e9todo para acceder al poder), pod\u00eda por s\u00ed s\u00f3lo servir para remontar problemas seculares; habiendo democracia, se pensaba, se borrar\u00e1n para siempre y de inmediato la pobreza, el analfabetismo, la desigualdad, la marginaci\u00f3n, la violencia social, la tortura, en suma, la injusticia toda. Como era de esperarse, la democracia hizo su arribo pero todos esos problemas siguieron \u2013y siguen- existiendo.<\/p>\n<p>Una tercera ilusi\u00f3n consisti\u00f3 en no ser capaces de enlazar el concepto de democracia con el de Estado de derecho. Buena parte de las tareas democr\u00e1ticas se pueden llevar a cabo solamente si hay un m\u00ednimo de respeto por la ley. A su vez, para que la ley pueda ser obedecida debe contar con la legitimidad que le da la representaci\u00f3n democr\u00e1tica. No es algo nuevo: legalidad y democracia son dos nociones que se autoimplican. Sin una no puede existir la otra.<\/p>\n<p>En M\u00e9xico tenemos una muy corta experiencia democr\u00e1tica. Luego de vivir por d\u00e9cadas bajo un r\u00e9gimen autoritario, nuestros \u201cmodales\u201d democr\u00e1ticos son todav\u00eda incipientes, raqu\u00edticos, pobres en la forma y en los resultados.<\/p>\n<p>Hay muchos ciudadanos mexicanos que por democracia entienden simplemente el acto de ir a votar cada tres o cada seis a\u00f1os. Se ubican frente a la boleta electoral, tachan el s\u00edmbolo de su partido pol\u00edtico favorito, depositan el voto en la urna respectiva y se retiran pensando que acaban de agotar, durante un tiempo, sus posibilidades de participaci\u00f3n democr\u00e1tica. Nada m\u00e1s falso. Eso solamente verifica en la pr\u00e1ctica el ejercicio de una especie de \u201cdemocracia delegativa\u201d (para utilizar las palabras del conocido polit\u00f3logo Guillermo O\u2019Donnell). En esa vertiente anal\u00edtica de la democracia el ciudadano simplemente \u201cdelega\u201d, a trav\u00e9s del sufragio, su voluntad soberana en los representantes, los cuales pueden hacer y deshacer hasta la siguiente cita electoral, cuando pueden ser despedidos del cargo (o ratificados, en caso de que exista la reelecci\u00f3n inmediata).<\/p>\n<p>La democracia robusta, la democracia sustantiva, la democracia de calidad, por el contrario, requiere ciudadanos que la ejerzan d\u00eda tras d\u00eda, momento a momento. La reducci\u00f3n de la democracia al momento electoral no solamente la empobrece, sino que la reduce al absurdo. Tenemos que ser dem\u00f3cratas todos los d\u00edas y no solamente cuando haya elecciones.<\/p>\n<p>Para serlo de verdad es necesario que aprovechemos todos los canales institucionales y no institucionales, formales e informales, de participaci\u00f3n c\u00edvica.<\/p>\n<p>Fue Benjamin Constant quien desde el siglo XIX llam\u00f3 la atenci\u00f3n sobre el adecuado equilibrio que debe existir entre vida p\u00fablica y vida privada, o, como \u00e9l lo dice, entre los \u201cplaceres privados\u201d y la \u201cparticipaci\u00f3n en el poder pol\u00edtico\u201d. Para la democracia contempor\u00e1nea este equilibrio es esencial y se puede manifestar \u2013para bien y para mal- en distintos aspectos. Respecto del retiro de las personas de la vida p\u00fablica, podemos constatar, entre otros, al menos dos fen\u00f3menos preocupantes para la libertad: el alto abstencionismo electoral y c\u00edvico, por un lado, y el refugio en actitudes consumistas (propias de la esfera privada de la vida), por otra parte.<\/p>\n<p>En efecto, en el mundo moderno, el mundo del siglo XXI, se ha producido un tr\u00e1nsito cuando menos parad\u00f3jico en los escenarios de la participaci\u00f3n pol\u00edtica: cuanto m\u00e1s se han ensanchado esos escenarios (a trav\u00e9s de la universalizaci\u00f3n del sufragio activo), tanto m\u00e1s se han multiplicado las actitudes displicentes o claramente abstencionistas por parte de los votantes.<\/p>\n<p>La participaci\u00f3n pol\u00edtica no est\u00e1 muy bien considerada: quien milita en un partido o en un sindicato es visto con sospecha por sus amigos y vecinos. No solamente la militancia, sino las instituciones mismas que caracterizan a la participaci\u00f3n pol\u00edtica han sido puestas en cuesti\u00f3n, incluyendo a la representaci\u00f3n pol\u00edtica mencionada por Constant<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn3\">\u00a0[3]<\/a>\u00a0.<\/p>\n<p>El caso de Estados Unidos es muy sintom\u00e1tico: a partir de la d\u00e9cada de 1960, se ha producido un constante aumento de la abstenci\u00f3n electoral, tanto en las elecciones federales como en las locales. Menos del 50% de los posibles votantes decidieron en 1996 acudir a las urnas para votar por Bill Clinton, Ross Perot o Robert Dole<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn4\">\u00a0[4]<\/a>\u00a0. En M\u00e9xico la participaci\u00f3n electoral no suele rebasar el 50% de los inscritos en el padr\u00f3n, sobre todo trat\u00e1ndose de elecciones locales. En el 2009 asistimos con tristeza al lamentable espect\u00e1culo de un circunscrito pero intenso movimiento a favor de la anulaci\u00f3n del voto; aunque se puedan compartir las causas del desencanto que anim\u00f3 a ese movimiento, no podemos pensar que la receta de dejar de elegir resuelve algo. Los meses transcurridos desde la elecci\u00f3n de julio lo demuestran. Los partidos apenas se sintieron concernidos por el rechazo popular. Todos los representantes electos tomaron, con la mayor naturalidad, protesta de su cargo, como si nada hubiera pasado.<\/p>\n<p>Los estudios sociol\u00f3gicos demuestran adem\u00e1s que las personas que se suelen abstener de votar en las elecciones tambi\u00e9n tienen menor predisposici\u00f3n a cooperar con los dem\u00e1s en temas distintos de los electorales. Robert Putnam apunta lo siguiente: \u201cFrente al sector demogr\u00e1ficamente equiparable a los no votantes, los votantes tienden m\u00e1s a interesarse por la pol\u00edtica, hacer donativos de caridad, practicar el voluntariado, formar parte de los jurados, asistir a las reuniones del consejo escolar, participar en manifestaciones p\u00fablicas y cooperar con sus conciudadanos o en asuntos comunitarios\u201d<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn5\">[5]<\/a>\u00a0. No se trata, por tanto, de que la abstenci\u00f3n afecte solamente a la tasa de votantes, sino que se proyecta en m\u00faltiples manifestaciones de la vida comunitaria.<\/p>\n<p>Pero los problemas de la \u201cesfera p\u00fablica\u201d no se agotan en el tema de los instrumentos de la representaci\u00f3n pol\u00edtica, sino que incluyen todas las formas de \u201cactivismo c\u00edvico\u201d y de colaboraci\u00f3n con extra\u00f1os. En los pa\u00edses en los que se han realizado los estudios pertinentes para medir la participaci\u00f3n asociativa de las personas, se ha constatado una disminuci\u00f3n no solamente importante, sino constante a partir de\u00a0la Segunda\u00a0Guerra\u00a0Mundial. Todo parece indicar que las personas prefieren privilegiar la experiencia privada, los quehaceres familiares y l\u00fadicos, antes que el intercambio de esfuerzos y experiencias con personas que no pertenecen al n\u00facleo familiar.<\/p>\n<p>Son muchas las causas de este \u201cretorno a la privacidad\u201d, pero una de ellas \u2013identificada en otros pa\u00edses- sin duda que existe y se manifiesta en M\u00e9xico: la menor confianza hacia los dem\u00e1s. En Estados Unidos Robert Putnam ha documentado que, para el a\u00f1o 1996, solamente el 8% de los encuestados dec\u00eda que la honradez y la integridad de sus compatriotas estaban mejorando, contra un 50% que pensaba que se estaban convirtiendo en personas menos dignas de confianza<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn6\">\u00a0[6]<\/a>\u00a0. \u00bfC\u00f3mo podemos participar en iniciativas comunitarias, en asociaciones c\u00edvicas, si no confiamos en los dem\u00e1s? \u00bfc\u00f3mo no vamos a preferir recluirnos en la esfera privada si vemos en nuestros vecinos a potenciales agresores contra nuestros derechos?<\/p>\n<p>Veamos m\u00e1s datos e imaginemos qu\u00e9 resultados obtendr\u00edamos si los intent\u00e1ramos aplicar a pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina. En Estados Unidos el inter\u00e9s por lo pol\u00edtico disminuy\u00f3 en un 20% entre 1975 y 1999<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn7\">[7]<\/a>\u00a0. El n\u00famero de lectores de diarios entre la gente de menos de 35 a\u00f1os cay\u00f3 de dos tercios en 1965 a un tercio en 1990 (y la proporci\u00f3n seguramente ha disminuido desde entonces, como efecto del internet, los chats y los blogs) y en ese grupo de edad solamente el 41% de los encuestados afirma ver noticieros televisivos<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn8\">\u00a0[8]<\/a>\u00a0. Las personas que aspiran a un cargo p\u00fablico en los distintos niveles del gobierno norteamericano se redujeron en un 15% en los \u00faltimos veinte a\u00f1os, de modo que los ciudadanos de ese pa\u00eds han perdido la posibilidad de elegir a 250,000 personas como sus representantes<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn9\">\u00a0[9]<\/a>\u00a0. Entre 1973 y 1994 el n\u00famero de norteamericanos que asistieron a una asamblea p\u00fablica sobre asuntos municipales disminuy\u00f3 en un 40%<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn10\">\u00a0[10]<\/a>\u00a0. En ese mismo periodo de 20 a\u00f1os el n\u00famero de miembros de \u201calg\u00fan club interesado en mejorar la administraci\u00f3n\u201d se redujo en un 33%<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn11\">\u00a0[11]<\/a>.<\/p>\n<p>Para un pa\u00eds del tama\u00f1o y de la importancia de los Estados Unidos estas cifras son apabullantes. Putnam lo sintetiza con un dato impresionante: cada punto porcentual de los aspectos que se han citado supone anualmente dos millones de ciudadanos menos que participan y est\u00e1n comprometidos con alg\u00fan aspecto de la vida comunitaria, de tal suerte que se tienen 16 millones menos de personas participando en asambleas p\u00fablicas sobre asuntos locales, 8 millones menos de personas participando en comit\u00e9s c\u00edvicos y organizaciones de base, as\u00ed como 3 millones de personas menos trabajando en asociaciones para mejorar la administraci\u00f3n<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn12\">\u00a0[12]<\/a>\u00a0. Una enorme sangr\u00eda c\u00edvica, sin duda.<\/p>\n<p>Pero hay una cifra, de entre las muchas que cita Putnam, que es muy reveladora: mientras que la participaci\u00f3n como votantes y como miembros de los partidos pol\u00edticos ha disminuido, ha aumentado de modo significativo el dinero recaudado y gastado en las campa\u00f1as pol\u00edticas. En 1964 se gastaron en las campa\u00f1as electorales 35 millones de d\u00f3lares, pero esa cifra alcanz\u00f3 los 600 millones de d\u00f3lares para 1996 y seguramente ha seguido subiendo desde entonces. \u00bfPorqu\u00e9 se deja de participar personalmente en los partidos y sin embargo se les da m\u00e1s dinero?<\/p>\n<p>La hip\u00f3tesis de Putnam es que se sustituye el tiempo por el dinero (no es dif\u00edcil trazar l\u00edneas paralelas con el proceso de educaci\u00f3n y de cuidado de los hijos, sobre todo en las sociedades m\u00e1s opulentas del planeta, en las que los miembros adultos del n\u00facleo familiar se han incorporado al mercado de trabajo y los ni\u00f1os reciben poco tiempo y poca atenci\u00f3n de sus padres, quienes en una especie de fen\u00f3meno compensatorio prefieren proporcionarles juguetes y distracciones que se pueden comprar con dinero).<\/p>\n<p>Putnam lo explica con las siguientes palabras: \u201cA medida que el dinero sustituye al tiempo, la participaci\u00f3n en pol\u00edtica se basa cada vez m\u00e1s en el talonario de cheques. La afiliaci\u00f3n a clubes pol\u00edticos se redujo a la mitad entre 1967 y 1987, mientras que la proporci\u00f3n de p\u00fablico que contribuy\u00f3 econ\u00f3micamente a una campa\u00f1a pol\u00edtica lleg\u00f3 casi a doblarse\u201d<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn13\">\u00a0[13]<\/a>\u00a0.<\/p>\n<p>Y un dato final que nos deber\u00eda poner a pensar: la disminuci\u00f3n m\u00e1s dr\u00e1stica en la participaci\u00f3n c\u00edvica se produjo entre las personas con mayor formaci\u00f3n acad\u00e9mica<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn14\">\u00a0[14]<\/a>\u00a0. Esto puede resultar sorprendente, pues podr\u00eda razonablemente suponerse que a mayor formaci\u00f3n acad\u00e9mica mayor disposici\u00f3n a integrarse en asuntos p\u00fablicos y a asumir un punto de vista protag\u00f3nico y no el de un mero espectador. Los datos, sin embargo, demuestran lo contrario y nos permiten aventurar la hip\u00f3tesis de que hace falta algo m\u00e1s que formaci\u00f3n acad\u00e9mica. El haber pasado por un aula universitaria no garantiza en modo alguno ciertos niveles de compromiso c\u00edvico.<\/p>\n<p>De forma casi proporcional, la disminuci\u00f3n de la participaci\u00f3n pol\u00edtica y del compromiso c\u00edvico se ha correspondido con un aumento del papel de consumidores de las personas. Las \u201cnecesidades\u201d de consumo se han multiplicado hasta el infinito y hoy en d\u00eda abarcan no solamente una parte muy significativa del presupuesto individual y familiar, sino tambi\u00e9n nuestro tiempo y nuestros ideales de vida.<\/p>\n<p>Lipovetsky apunta que la fiebre del confort desatada por el consumismo \u201cha sustituido a las pasiones nacionalistas y las diversiones a la revoluci\u00f3n\u201d<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn15\">\u00a0[15]<\/a>\u00a0. La oferta de productos a nuestro alcance se ha multiplicado hasta el infinito. Los responsables del marketing han sabido crear un escenario en el que todos somos consumidores y lo\u00a0\u00a0\u00a0ideal es que lo seamos durante la mayor parte de nuestro tiempo. Cada grupo de edad y cada experiencia vital pueden ser reconducidos hasta la l\u00f3gica consumista y encontrar una necesidad por satisfacer, de forma contin\u00faa. El consumismo ha dejado de ser una fuente de satisfacci\u00f3n de necesidades vitales para pasar a formar parte de nuestra identidad psicol\u00f3gica y de nuestro estilo de vida.<\/p>\n<p>En este contexto poco alentador, creo que se tienen que promover por todas las v\u00edas los cauces democr\u00e1ticos apropiados para las sociedades complejas en las que vivimos. El rechazo hacia la esfera p\u00fablica deliberativa, para decirlo con los t\u00e9rminos de Habermas, no nos permitir\u00e1 en modo alguno mejorar nuestras credenciales democr\u00e1ticas. Todo lo contrario.<\/p>\n<p>Pero volvamos al inicio: el problema de la legitimaci\u00f3n en las urnas de las autoridades. No deja de resultar curioso, aunque a veces se olvide, que ni siquiera los aspectos electorales hayan podido llevarse a cabo de forma adecuada. Es verdad que en muchos pa\u00edses \u2013M\u00e9xico entre ellos- se han abandonado las pr\u00e1cticas m\u00e1s groseras y pedestres del fraude electoral, pero las trampas se han trasladado al \u00e1mbito de los partidos pol\u00edticos y de las campa\u00f1as electorales. La corrupci\u00f3n en el financiamiento de los partidos es un tema que ha provocado enormes esc\u00e1ndalos en un sinn\u00famero de pa\u00edses<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftn16\">\u00a0[16]<\/a>\u00a0. La manipulaci\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica que se realiza en las campa\u00f1as electorales -mintiendo y difamando en no pocas ocasiones, sin rubor alguno y sin ofrecer disculpas de por medio cuando proceden- forma parte del paisaje pol\u00edtico de los \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pese a lo dicho y por muy tr\u00e1gica y pat\u00e9tica que nos parezca la realidad pol\u00edtica contempor\u00e1nea, el desentendernos de los asuntos p\u00fablicos solamente puede beneficiar a los pol\u00edticos incapaces y corruptos, que ante la ausencia de participaci\u00f3n e inter\u00e9s de los ciudadanos, se perpetuar\u00e1n y fortalecer\u00e1n en el uso patrimonialista de las funciones p\u00fablicas que actualmente realizan. Aunque suene como una receta vieja, la participaci\u00f3n ciudadana \u2013pero tambi\u00e9n la creaci\u00f3n de canales institucionales para que esa participaci\u00f3n no acabe siendo puramente decorativa- es algo que siempre debe incentivarse.<\/p>\n<p>Para algunos autores, ciertas disfunciones del sistema democr\u00e1tico podr\u00edan ser remediadas si se introdujeran mecanismos que incentivaran la deliberaci\u00f3n p\u00fablica, generando de esa manera una participaci\u00f3n m\u00e1s directa de los ciudadanos en la toma de decisiones y limitando la utilizaci\u00f3n del espacio p\u00fablico que actualmente usufruct\u00faan los pol\u00edticos profesionales. Para lograrlo existen varios mecanismos que se podr\u00edan introducir en nuestros sistemas pol\u00edticos, como el presupuesto participativo, los refer\u00e9ndums locales u otras formas de consulta p\u00fablica, la participaci\u00f3n organizada en materia de medio ambiente o de ordenaci\u00f3n territorial y urban\u00edstica, etc\u00e9tera. Por ejemplo, ser\u00eda mucho m\u00e1s participativo un proceso judicial ante\u00a0la Suprema Corte\u00a0si se estableciera la figura de losamici curiae, es decir, la figura que permite a la sociedad aportar argumentos adicionales a los de las partes en sentido formal dentro de un procedimiento que contiene un inter\u00e9s p\u00fablico relevante (como lo son todos los que se refieren a cuestiones sobre la constitucionalidad de leyes y reglamentos).<\/p>\n<p>Pongamos en la mesa otra obviedad, bien conocida y estudiada desde hace a\u00f1os: una de las consecuencias m\u00e1s inmediatas que genera una ciudadan\u00eda traicionada es el refugio en el \u00e1mbito privado y una falta de inter\u00e9s en lo p\u00fablico.<\/p>\n<p>La progresiva desaparici\u00f3n de lo p\u00fablico, la sustituci\u00f3n de la plaza com\u00fan (el \u00e1gora) por el\u00a0mall\u00a0y el sof\u00e1 frente a la televisi\u00f3n es algo evidente en muchas sociedades contempor\u00e1neas; tan evidente como la escasez del di\u00e1logo pol\u00edtico genuino y el crecimiento de la pol\u00edtica de la arenga sin argumentos y de las campa\u00f1as como espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>La desaparici\u00f3n de lo p\u00fablico es un fen\u00f3meno complejo, que obviamente tiene que ver con varios factores. Unos pol\u00edticos, otros econ\u00f3micos, otros m\u00e1s relacionados con la violencia urbana y la inseguridad en las calles, o con la degradaci\u00f3n de la arquitectura y mantenimiento de los espacios p\u00fablicos (calles, jardines, parques, equipamientos deportivos, etc\u00e9tera).<\/p>\n<p>El ideal del ciudadano participativo, informado, en permanente estado de alerta frente a los excesos del poder, con seguridad nunca ha existido, pero en la actualidad es algo verdaderamente ut\u00f3pico. Hoy en d\u00eda prevalece el ciudadano preocupado por el resultado de su equipo de f\u00fatbol, sentado cada noche frente a la televisi\u00f3n no para enterarse a trav\u00e9s de las noticias de lo que est\u00e1 pasando en su propio mundo, para hacerse con elementos de cr\u00edtica ante una realidad injusta, sino para ver el desenlace de la telenovela de moda o el resultado de la final del concurso de belleza en turno.<\/p>\n<p>Los factores y los espacios de participaci\u00f3n son m\u00e1s bien escasos. Los movimientos sociales que deciden plantar cara al estado de cosas que tenemos y que se arriesgan a denunciar las injusticias y arbitrariedades que se generan todos los d\u00edas son r\u00e1pidamente criminalizados y reprimidos, por medio de la fuerza policial pero tambi\u00e9n con un apoyo social que los ve como \u201cdesestabilizadores del sistema\u201d. En este contexto, es natural que los movimientos antisist\u00e9micos est\u00e9n condenados a la radicalidad, pues las v\u00edas ordinarias y normales para intentar influir en la pol\u00edtica de cada d\u00eda est\u00e1n pr\u00e1cticamente cerradas. Los partidos pol\u00edticos no conceden ning\u00fan espacio para la disidencia, ocupados como est\u00e1n casi todos ellos por ganar el espacio del \u201ccentro pol\u00edtico\u201d y enviar a los electores mensajes de moderaci\u00f3n y sentido com\u00fan. La posibilidad de actuar desde dentro de los partidos para proponer cambios de fondo a la estructura social y pol\u00edtica es nula.<\/p>\n<p>La motivaci\u00f3n para intentar movilizarse tambi\u00e9n es escasa. Apenas el desarrollo esperp\u00e9ntico y cruel de una globalizaci\u00f3n ingobernada ha podido reunir a algunos miles de manifestantes que se han convertido en una rara excepci\u00f3n: un movimiento de protesta que desde la denuncia de la globalizaci\u00f3n ha logrado ocupar un espacio en los medios de comunicaci\u00f3n de todo el planeta. El movimiento globalif\u00f3bico, pese a sus limitaciones y sus incongruencias internas, ha intentado abrir espacios nuevos de di\u00e1logo (como el Foro Social Mundial de Porto Alegre) y ha forzado a los dirigentes de los pa\u00edses m\u00e1s ricos a exhibir una pol\u00edtica de fuerza completamente inusual e inaceptable para poder llevar a cabo sus reuniones. M\u00e1s recientemente hemos visto surgir movimientos de indignados, que protestan (con justa raz\u00f3n) contra la precariedad laboral y el dif\u00edcil acceso a la vivienda en pa\u00edses europeos.<\/p>\n<p>Como quiera que sea, es claro que no habr\u00e1 mayor participaci\u00f3n democr\u00e1tica si no generamos entre todos un espacio p\u00fablico m\u00e1s habitable y solidario. La recreaci\u00f3n de lo p\u00fablico pasa por varias condiciones.<\/p>\n<p>En primer t\u00e9rmino por un acotamiento de la inseguridad ciudadana; si queremos que las personas puedan tener un espacio de convivencia fuera de sus domicilios, debemos ser capaces de suministrarles cierta seguridad, de modo que salir a la calle, al parque o a la escuela no conlleve un alto riesgo para la integridad corporal o los bienes propios. En segundo lugar, es necesario el mejoramiento de los espacios p\u00fablicos; las plazas y los parques p\u00fablicos en muchos pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina est\u00e1n en un estado desastroso; no se les da mantenimiento y m\u00e1s parecen un vertedero de basuras que un espacio para la conversaci\u00f3n, la asamblea o el esparcimiento infantil. El dise\u00f1o de las ciudades deben prever espacios para la acci\u00f3n colectiva; plazas para manifestarse, locales para la convivencia de personas de tercera edad, lugares para el esparcimiento deportivo de los adolescentes que los alejen de las drogas y la violencia callejera, espacios l\u00fadicos para los m\u00e1s peque\u00f1os y as\u00ed por el estilo. Aunque no lo parezca, la arquitectura y el dise\u00f1o son \u00e1mbitos del conocimiento que tiene mucho que ofrecer para el desarrollo de una sociedad democr\u00e1tica.<\/p>\n<p>Una esfera p\u00fablica tambi\u00e9n necesita de canales comunicativos que la hagan apta para el intercambio de ideas. No se trata solamente de tener medios de comunicaci\u00f3n independientes, sino sobre todo de poder participar con libertad en la confecci\u00f3n de una agenda p\u00fablica compartida. Para ello son necesarias, entre otras cosas, una radio y una televisi\u00f3n dedicadas al servicio p\u00fablico. Los medios de comunicaci\u00f3n dedicados al servicio p\u00fablico no son exactamente lo mismo que los medios p\u00fablicos; aunque son de propiedad estatal, su objetivo no es perseguir altas audiencias o generar recursos mediante la publicidad, sino dar voz a las inquietudes de grupos sociales que no est\u00e1n representados en los medios convencionales.<\/p>\n<p>Por fortuna, en los \u00faltimos a\u00f1os se ha incrementado la deliberaci\u00f3n p\u00fablica a trav\u00e9s de las redes sociales, que son utilizadas por millones de personas alrededor del mundo para citarse en plazas p\u00fablicas, protestar por abusos de las autoridades, generar nuevas v\u00edas de difusi\u00f3n del conocimiento, etc\u00e9tera. Las redes sociales prometen ser una especia de \u201cnueva rep\u00fablica digital\u201d, de alcances globales, con una capacidad de interlocuci\u00f3n y generaci\u00f3n de debates hasta ahora desconocida.<\/p>\n<p>En las p\u00e1ginas anteriores, como habr\u00e1 podido ver el lector, se ha intentado simplemente esbozar algunas de las condiciones de las que depende el mejoramiento de la representaci\u00f3n pol\u00edtica y, junto con \u00e9l, la fortaleza de una democracia que por momentos, en M\u00e9xico al menos, parece tan vulnerable.<\/p>\n<div>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref1\">[1]<\/a>\u00a0Laporta, Francisco J., \u201cEl cansancio de la democracia\u201d en Carbonell, Miguel (compilador),\u00a0Representaci\u00f3n y democracia: un debate contempor\u00e1neo, M\u00e9xico, TEPJF, 2005.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref2\">[2]<\/a>\u00a0El an\u00e1lisis de estas cifras debe tomar en consideraci\u00f3n, sin embargo, que suelen ser muy vol\u00e1tiles. As\u00ed por ejemplo, la adhesi\u00f3n a la democracia en M\u00e9xico era del 45% en 1997 (a\u00f1o en el que el PRI pierde la mayor\u00eda absoluta en\u00a0la C\u00e1mara\u00a0de Diputados) y todav\u00eda del 36% en el 2000 (cuando el PRI pierde\u00a0la Presidencia\u00a0de\u00a0la Rep\u00fablica), pero desciende hasta un 26% en 2001 y hasta el 17% en 2002 y 2004.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref3\">[3]<\/a>\u00a0Ver el debate sobre la representaci\u00f3n recogido en Carbonell, Miguel (compilador),\u00a0Representaci\u00f3n y democracia: un debate contempor\u00e1neo, M\u00e9xico, TEPJF, 2005.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref4\">[4]<\/a>\u00a0Putnam, Robert D.,\u00a0Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, Madrid, Galaxia Gutemberg\/C\u00edrculo de lectores, 2002, p. 34.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref5\">[5]<\/a>\u00a0Putnam, Robert D.,\u00a0Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, cit., p. 38.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref6\">[6]<\/a>\u00a0Putnam, Robert D.,\u00a0Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, cit., p. 24.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref7\">[7]<\/a>\u00a0Putnam, Robert D.,\u00a0Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, cit., 40.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref8\">[8]<\/a>\u00a0Putnam, Robert D.,\u00a0Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, cit., p. 41.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref9\">[9]<\/a>\u00a0Putnam, Robert D.,\u00a0Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, cit., p. 48.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref10\">[10]<\/a>\u00a0Putnam, Robert D.,\u00a0Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, cit., p. 49.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref11\">[11]<\/a>\u00a0Putnam, Robert D.,\u00a0Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, cit., p. 50.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref12\">[12]<\/a>\u00a0Putnam, Robert D.,\u00a0Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, cit., p. 50.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref13\">[13]<\/a>\u00a0Putnam, Robert D.,\u00a0Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, cit., p. 46.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref14\">[14]<\/a>\u00a0Putnam, Robert D.,\u00a0Solo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana, cit., pp. 54-55.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref15\">[15]<\/a>\u00a0Lipovetsky, Gilles,\u00a0La felicidad parad\u00f3jica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo, Barcelona, Anagrama, 2007, p. 7. Un argumento en la misma l\u00ednea puede encontrarse en Bauman, Zygmunt,\u00a0Mundo consumo, Barcelona, Paid\u00f3s, 2010.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.miguelcarbonell.com\/cgi-bin\/artman\/admin.cgi?action=articleAdd#_ftnref16\">[16]<\/a>\u00a0Un buen panorama de la problem\u00e1tica actual de los partidos pol\u00edticos puede verse en Blanco Vald\u00e9s, Roberto L.,\u00a0Las conexiones pol\u00edticas, Madrid, Alianza, 2001 y en la obra colectiva\u00a0Partidos pol\u00edticos. Viejos conceptos y nuevos retos, Madrid, Trotta, 2007.<\/p>\n<div><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\t\t\t  <div \n\t\t\t  \tclass = \"fb-comments\" \n\t\t\t  \tdata-href = \"https:\/\/www.eloriente.net\/home\/2012\/08\/17\/la-participacion-politica-en-el-estado-constitucional\/\"\n\t\t\t  \tdata-numposts = \"10\"\n\t\t\t\tdata-colorscheme = \"dark\"\n\t\t\t\tdata-order-by = \"social\"\n\t\t\t\tdata-mobile=true>\n\t\t\t  <\/div>\n\t\t  <style>\n\t\t\t.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {\n\t\t\t    width: 100% !important;\n\t\t\t}\n\t\t  <\/style>\n\t\t  ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Miguel Carbonell Partamos de una premisa dif\u00edcil de refutar: el funcionamiento de la representaci\u00f3n pol\u00edtica en muchos pa\u00edses no est\u00e1 arrojando buenos resultados. Las encuestas demuestran altos niveles de insatisfacci\u00f3n respecto al funcionamiento democr\u00e1tico y los pol\u00edticos profesionales aparecen desacreditados ante los ojos de sus electores. 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