{"id":7876,"date":"2013-01-31T09:23:54","date_gmt":"2013-01-31T15:23:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/?p=7876"},"modified":"2013-01-31T09:23:54","modified_gmt":"2013-01-31T15:23:54","slug":"monsivais-y-su-mito-genial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.eloriente.net\/home\/2013\/01\/31\/monsivais-y-su-mito-genial\/","title":{"rendered":"Monsiv\u00e1is y su Mito Genial"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\">Por: Rodolfo Nar\u00f3<\/p>\n<p>Con discreci\u00f3n le pidi\u00f3 que se fuera. Era un chico que acompa\u00f1aba a Mario Vel\u00e1zquez y, por supuesto, no estaba enterado de qui\u00e9n mandaba en esa casa, sin dudarlo empuj\u00f3 a un gato al suelo y se sent\u00f3 al pie de la cama. Al ver la escena me qued\u00e9 helado. Monsiv\u00e1is ni siquiera se incorpor\u00f3, con su ir\u00f3nica puntualidad le pidi\u00f3 que se marchara.<\/p>\n<p>Todos los s\u00e1bados nos reun\u00edamos un grupo de amigos en San Sim\u00f3n 58 de la Portales, a ver pel\u00edculas cl\u00e1sicas, a escuchar jazz, a conversar entre poemas de Villaurrutia o rimas de Jos\u00e9 Alfredo. Invariablemente las reuniones terminaban en su cuarto, alrededor de la cama, con Carlos recostado. La cabecera de caoba ten\u00eda ya un desgaste redondo, de tantos a\u00f1os de leer, corregir, comer, conversar y dormitar en esa misma posici\u00f3n. Detestaba el tel\u00e9fono, que a cualquier hora repicaba en el bur\u00f3, contestaba antes del tercer timbrazo y en muchas ocasiones, neg\u00e1ndose a s\u00ed mismo imitaba la voz de su t\u00eda. Los sillones de la sala, el comedor, su estudio, parec\u00edan inexistentes, veinte mil libros se apilaban por todos lados. Quiz\u00e1 ser\u00edan m\u00e1s, algunas veces lo escuch\u00e9 aumentar la cifra mientras escrib\u00eda con uno de los bol\u00edgrafos Paper Mate que compraba por docenas. Recuerdo sus manos de cirujano, suaves y precisas, con un eterno curita en la \u00faltima falange del dedo medio, para evitar el callo que se forma de tanto apoyar la pluma.<\/p>\n<p>Carlos viv\u00eda rodeado de objetos, miniaturas, luchadores en escala, peri\u00f3dicos, revistas, antig\u00fcedades que compraba en el bazar de la Zona Rosa, al que ten\u00edamos que llegar temprano para evitar que otro marchante le ganara un grabado de Leopoldo M\u00e9ndez o un desnudo, burdo y simple, de Manuel Rodr\u00edguez Lozano, de quien se consideraba su mayor coleccionista. La rutina era la misma cada s\u00e1bado: despu\u00e9s del bazar desayun\u00e1bamos en el Auseba, y cuando lo cerraron nos mudamos al Vips de Hamburgo, donde pronto supieron su platillo favorito: enchiladas cottage.<\/p>\n<p>Tampoco viv\u00eda solo. Adem\u00e1s de compartir la casa con sus t\u00edos, hermanos de su madre, conviv\u00eda con doce gatos, ap\u00f3stoles de su cari\u00f1o. Eran ellos quienes realmente gobernaban San Sim\u00f3n. Merodeaban por los rincones, saltaban a su escritorio mientras \u00e9l escrib\u00eda, agazapados lo miraban trabajar o se dorm\u00edan en su regazo. Com\u00edan de su mano, se adoraban como una gran familia. En las noches, Carlos sal\u00eda al patio de la casa para meterlos a dormir. No cerraba la puerta hasta que todos estuvieran a salvo. Los llamaba por su nombre: Siniestro Chocorrol, Nana Nina Ricci, Rosa Luz Emburgo, Ansia de Militancia, Eva Siva, Ale Vos\u00eda, Fetiche de Peluche, Lalito Montemayor, Post Moderna, Fray Gatolom\u00e9 de las Bardas y Vecino, un gato que se gan\u00f3 el alias porque viv\u00eda en la casa de al lado hasta que se mud\u00f3 con Monsiv\u00e1is. Pronto se hizo el mejor amigo de Mito Genial, su consentido, un gatito pardo que lleg\u00f3 enfermo a su jard\u00edn, el mismo d\u00eda en que el secretario de Hacienda, Pedro Azpe Armella, declaraba que la pobreza en M\u00e9xico era un \u201cmito genial\u201d. El mismo gato que aquel amigo de Mario Vel\u00e1zquez hab\u00eda echado de la cama para poder sentarse. Mito Genial era la ni\u00f1a de sus ojos. Le llevaba regalos de cada uno de sus viajes, le le\u00eda para hacerlo dormir y le ense\u00f1aba el abecedario hasta el cansancio. \u201cUsted es un gato malo, porque no me habla\u201d. Muchas veces escuch\u00e9 a Carlos decirle con enfado mientras lo ten\u00eda recostado en su pecho, convencido de que pronto le responder\u00eda.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/Monsiva\u0301is.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-7877\" src=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/Monsiva\u0301is-300x196.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"196\" srcset=\"https:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/Monsiva\u0301is-300x196.jpg 300w, https:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/Monsiva\u0301is.jpg 400w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Rodolfo Nar\u00f3, Tequila, Jalisco, 1967. Poeta y narrador. Su novela El orden infinito, fue finalista del Premio Planeta 2006. <a href=\"http:\/\/www.rodolfonaro.com.mx\/\">www.rodolfonaro.com.mx<\/a><\/p>\n<div align=\"justify\">Foto: Archivo personal. Carlos sentado en mi escritorio leyendo mi poema <em>\u00c1rbol de la vida<\/em>, octubre 1999.<\/div>\n\n\t\t\t  <div \n\t\t\t  \tclass = \"fb-comments\" \n\t\t\t  \tdata-href = \"https:\/\/www.eloriente.net\/home\/2013\/01\/31\/monsivais-y-su-mito-genial\/\"\n\t\t\t  \tdata-numposts = \"10\"\n\t\t\t\tdata-colorscheme = \"dark\"\n\t\t\t\tdata-order-by = \"social\"\n\t\t\t\tdata-mobile=true>\n\t\t\t  <\/div>\n\t\t  <style>\n\t\t\t.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {\n\t\t\t    width: 100% !important;\n\t\t\t}\n\t\t  <\/style>\n\t\t  ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Rodolfo Nar\u00f3 Con discreci\u00f3n le pidi\u00f3 que se fuera. Era un chico que acompa\u00f1aba a Mario Vel\u00e1zquez y, por supuesto, no estaba enterado de qui\u00e9n mandaba en esa casa, sin dudarlo empuj\u00f3 a un gato al suelo y se sent\u00f3 al pie de la cama. Al ver la escena me qued\u00e9 helado. 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