{"id":8389,"date":"2013-02-14T09:20:33","date_gmt":"2013-02-14T15:20:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/?p=8389"},"modified":"2013-02-14T09:59:22","modified_gmt":"2013-02-14T15:59:22","slug":"en-el-jardin-de-melibea-los-arboles-viven-de-pie","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.eloriente.net\/home\/2013\/02\/14\/en-el-jardin-de-melibea-los-arboles-viven-de-pie\/","title":{"rendered":"En el jard\u00edn de Melibea los \u00e1rboles viven de pie"},"content":{"rendered":"<div style=\"text-align: right\">Por: Rodolfo Nar\u00f3<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En la pasada Feria del Libro de Guadalajara, me invitaron al XIX Coloquio Internacional de Bibliotecarios, \u00abYo leo, t\u00fa lees, leyendo en la biblioteca\u00bb. Esta fue mi ponencia, la cual comparto en tres entregas.Hoy, la primera parte.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Biblioteca p\u00fablica <\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Como un halc\u00f3n que despliega sus alas, los libros y el amor llegaron a m\u00ed, bajo la b\u00f3veda de una biblioteca. En mis a\u00f1os de bachiller cuando cursaba la preparatoria en la Jos\u00e9 Guadalupe Zuno, nuestro profesor de literatura, C\u00e9sar L\u00f3pez Moreno nos dejaba de tarea, hacer ensayos sobre Quevedo, Lope de Vega, el Siglo de Oro espa\u00f1ol; como mi padre por ese entonces era m\u00e9dico de la Cl\u00ednica 1 del IMSS, la que est\u00e1 frente al parque Agua Azul, yo aprovechaba las ma\u00f1ana, y\u00e9ndome con \u00e9l a buscar libros y referencias en la Biblioteca P\u00fablica del Estado.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Fue cuando nos encarg\u00f3 hacer un ensayo sobre <em>La Celestina<\/em> de Fernando de Rojas que vi por primero vez a \u201cmi Melibea\u201d, desde ese d\u00eda sent\u00ed a la gran biblioteca como un jard\u00edn encantado y vi a los libros como un puente, una tabla de salvaci\u00f3n; dejaron de ser para m\u00ed, aquellas pilas que se acumulaban en la casa de mis padres, en los estantes de los libreros de mi abuelo Salvador Fonseca, que a su vez custodiaba la biblioteca de su suegro, mi bisabuelo, Pedro R. Carrillo; un mas\u00f3n de alto rango, que toda su vida tuvo cierta enemistad con don Jos\u00e9 Guadalupe Zuno; sus libros, principalmente de historia y masoner\u00eda, a\u00f1os despu\u00e9s me servir\u00edan de consulta, as\u00ed como los que le\u00eda mi madre, experta en Agatha Christie y Arthur Connan Doile.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La suerte quiso que encontrara a mi Melibea en la Biblioteca P\u00fablica del Estado, entre una gran variedad de libros que esperaban su acomodo. Ella tambi\u00e9n me mir\u00f3, entre los libreros, como si se asomara detr\u00e1s de un \u00e1rbol. Era una chica casi rubia, casi et\u00e9rea, casi eterna que me cautiv\u00f3. Tard\u00e9 varias semanas en conocer su nombre; a esa edad, con solo poseer el nombre de la chica idealizada es m\u00e1s que suficiente, uno no aspira a m\u00e1s; pronto, esas letras se convierten en presente y futuro. Esas cinco o seis letras que formaban su nombre me sirvieron para andar seguro por ese huerto de frutos encantados. \u00c1rboles y m\u00e1s \u00e1rboles que esperaban hechos im\u00e1genes, eternamente vivos en los estantes o sobre las mesas de trabajo o entre las manos de aquella chica a quien nunca me atrev\u00ed a hablarle.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Antes de la una de la tarde regresaba a la Cl\u00ednica a reunirme con mi padre para volver a casa, comer y luego irme a la preparatoria. Fueron semanas de inquieta zozobra, me parece que esa fue la \u00fanica vez que he sido tan puntual y dedicado para una tarea escolar. Por lo menos cuatro semanas estuvimos mir\u00e1ndonos entre libros, apart\u00e1ndolos de los estantes como quien separa las ramas de un \u00e1rbol para mirar el horizonte. Me sab\u00eda observado y yo tambi\u00e9n la miraba temblando de miedo. Volv\u00eda a mi mesa, a mi lectura, atisbaba a los lados buscando una celestina que me ayudara a hablarle, que me dijera c\u00f3mo, por d\u00f3nde. Celestina le dice a Calixto: \u201cNo desconf\u00edes de m\u00ed, que una mujer puede ganar a otra. Poco has tratado mi casa: no sabes bien lo que yo puedo por ti\u201d. Sin embargo, esa tarde mi padre me dijo: \u201cDebe ser una tarea muy importante, te veo preocupado\u201d. No me atrev\u00ed a confesarle nada, un temblor de principiante, como una hiedra, me sub\u00eda desde los tobillos y amenazaba con asfixiarme. Creo que en el fondo prefer\u00eda idealizar el amor, escrib\u00eda en mi cuaderno palabras que me asaltaban el coraz\u00f3n. Esos fueron mis primeros versos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El encuentro fortuito con la que pudo haber sido mi primer amor, ahora creo que no fue una casualidad que hubiera sido en una biblioteca, en la m\u00e1s importante que ten\u00eda Guadalajara en eso a\u00f1os, de alguna manera, los libros y el amor seguir\u00edan ligados en mi proceso creativo, siendo significativo que fuera <em>La<\/em> <em>Celestina<\/em> de Fernando de Rojas el libro que me llevara a ella. Un libro editado por primera vez en 1499, quiz\u00e1 el segundo libro prensado en una imprenta y considerado la primera novela moderna en castellano, la cual tiene pasajes de amor, intriga, poder, erotismo, brujer\u00eda y sobre todo poes\u00eda.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><a href=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/consulta_Guadalajara_Jal.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-8390\" src=\"http:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/consulta_Guadalajara_Jal-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/consulta_Guadalajara_Jal-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.eloriente.net\/home\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/consulta_Guadalajara_Jal.jpg 400w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Foto: <a href=\"http:\/\/sic.conaculta.gob.mx\" target=\"_blank\">Sistema de Informaci\u00f3n Cultural<\/a><\/div>\n\n\t\t\t  <div \n\t\t\t  \tclass = \"fb-comments\" \n\t\t\t  \tdata-href = \"https:\/\/www.eloriente.net\/home\/2013\/02\/14\/en-el-jardin-de-melibea-los-arboles-viven-de-pie\/\"\n\t\t\t  \tdata-numposts = \"10\"\n\t\t\t\tdata-colorscheme = \"dark\"\n\t\t\t\tdata-order-by = \"social\"\n\t\t\t\tdata-mobile=true>\n\t\t\t  <\/div>\n\t\t  <style>\n\t\t\t.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {\n\t\t\t    width: 100% !important;\n\t\t\t}\n\t\t  <\/style>\n\t\t  ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Rodolfo Nar\u00f3 En la pasada Feria del Libro de Guadalajara, me invitaron al XIX Coloquio Internacional de Bibliotecarios, \u00abYo leo, t\u00fa lees, leyendo en la biblioteca\u00bb. 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