Pequeña Esperanza diurna para Cuba, por Víctor Armando Cruz Chávez

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Pequeña Esperanza Diurna para Cuba
Por: Víctor Armando Cruz Chávez

“Vivo en un país libre, cual solamente puede ser libre, en esta tierra, en este instante y soy feliz porque soy gigante…”

Yo también, durante décadas, toqué los acordes de esa melancólica canción de Silvio Rodríguez. Yo también la coreé atragantado de quimeras.

Cuba fue eso, la quimera para muchas generaciones de latinoamericanos que creímos ver en el horizonte al hombre nuevo.

Pero nada parecido surgió: ni el hombre nuevo ni la instauración del paraíso en la isla.

A cubetazos de agua fría, a la luz de una lámpara lectora, a la luz de lo que nos enseña la historia reciente, nos fuimos quitando ese sarro romántico de los ojos.

La realidad nos ha dicho que el comunismo, como ideología, puede ser emancipador, pero como forma de gobierno es opresor.

Y esa Cuba idealizada en nuestro morral de utopías poco a poco se resquebraja como tierra seca.

Esa Cuba de los folletos de Rius de los años 70; esa Cuba de los comunistas de café.

De acuerdo, los diferentes momentos del bloqueo/embargo gringo desde 1960, han hecho mella en la economía cubana, como también han hecho mella las políticas internas y un modo de producción que ha demostrado su fracaso.

Hoy los cubanos gritan: tuvimos tanta hambre que nos hemos tenido que comer nuestro miedo.

Cuba, en su momento, deslumbró. Fue modelo de arrojo y dignidad frente al monstruo del norte.

Pero un hambre sostenida por seis décadas no es precisamente abono para la esperanza.

No sé si fuimos ingenuos en vislumbrar la felicidad humana a través de las ideologías. Pero los puentes que la humanidad ha tendido para alcanzar la felicidad utópica, se han hecho pedazos en el río del tiempo. Malos pernos, como los de la línea 12.

Fracasa el capitalismo rapaz, por generar desigualdad apabullante y ensañarse con la naturaleza.

Fracasa el experimento socialista por multiplicar la pobreza, limitar las libertades y pretender asumir el monopolio de los sueños humanos.

Hoy en Cuba las fuerzas del Estado reprimen las voces disidentes.

Crecimos odiando la represión ejercida por los militares chilenos a la caída de Allende. Y Víctor Jara fue nuestro símbolo.



Y hoy el gobierno cubano da ese salto hacia el precipicio reprimiendo a manifestantes que piden libertad en una coyuntura agravada por la pandemia.

Sólo veo condición humana bailando la misma coreografía en diferente tiempo histórico y con diferente ballet.

“Como le cuadra a un hombre despierto”, dice Silvio.

Como le cuadra a un hombre despierto, debemos mirar al pueblo cubano con empatía y tratar de comprender lo que cada familia experimenta ahí en su vida cotidiana.

Como le cuadra a un hombre despierto… sin mitos, sin el sarro romántico en los ojos.

“Soy feliz, soy un hombre feliz y quiero que me perdonen, por este día, los muertos de mi felicidad”, dice Silvio, el amado Silvio que nos dio poesía de alas transparentes en muchas de sus canciones.

Pero la felicidad y la libertad siguen siendo deudas pendientes en Cuba.

Yo sólo pediría que la dictadura no se hinche de felicidad con sus muertos.

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