Por Genaro Martínez Díaz.

A lo largo de la historia de la civilización humana, las condiciones de vida han evolucionado debido a diferentes factores que fueron marcando cada época, como los sistemas políticos y económicos de cada período, los avances científicos y tecnológicos y más recientemente, los procesos de globalización, el uso de internet y las nuevas tecnologías, el cambio climático, etc. Dichos factores van transformando la manera de actuar y de ser de las personas, así como de las sociedades y las instituciones.

El papel de los Archivos ha sido importante desde hace siglos, sus características y funciones han cambiado y se han adaptado a las necesidades de cada momento. En la actualidad, con la creación de la Ley General de Archivos (2018), su labor ya no se limita a la tarea de clasificar y ordenar, también le otorga el valor de patrimonio documental y lo comisiona a su conservación y difusión social.

La situación en el Archivo General del Estado de Oaxaca (AGEO), desde principios del siglo XIX y hasta el siglo XX, estuvo marcada por una constante inestabilidad económica y política con efectos negativos, pues su ejercicio se obstaculizó debido a recortes en su presupuesto y al decreto de leyes que modificaban o suspendían sus actividades. La función del Archivo fue importante para el Gobierno del Estado dentro de la administración pública. Las leyes y decretos en la materia, se enfocaron en la creación de inventarios y registros generales que permitieran tener todo ordenado y catalogado. En 1929 se inicia una etapa de clasificación y reorganización, además de la profesionalización del personal mediante cursos de capacitación.

Sin embargo, al no existir una noción sobre el valor histórico, ni un enfoque preventivo en términos de conservación, los documentos se guardaban apilados, hacinados, sin ventilación, en espacios húmedos, en suma, en condiciones y espacios inadecuados. Ello provocó un deterioro progresivo que favoreció la pérdida y detrimento del material documental.

Con la llegada al territorio novohispano de las ideas ilustradas, se comienzan a valorar objetos del pasado que solían ser comunes, sin cargas simbólicas o importancia social hasta entonces. El coleccionismo y los gabinetes de curiosidades se constituyen como incipientes resguardantes, conservando y difundiendo, lo que hoy llamamos patrimonio cultural.

En 1939, México se destaca en América Latina con la creación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), institución encargada de la protección y regulación del patrimonio histórico. Además, en 1968, por iniciativa de la UNESCO, surge el Centro Regional Latinoamericano de Estudios para la Conservación de Bienes Culturales “Paul Coremans”, pionero en la formación de los primeros profesionales de la Conservación-Restauración y antecedente de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete” (ENCRyM). En 1972, se crea la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, primer esfuerzo legal por proteger el patrimonio nacional del robo y el saqueo.

Estos tres hitos, abren la puerta a la investigación, protección, conservación, restauración y recuperación del patrimonio cultural e histórico. Hoy en día, ante la creación y entrada en vigor de la Ley General de Archivos, es necesaria la presencia de profesionales en todos los campos de conocimiento que demandan las funciones de los archivos: Organizar, Conservar y Difundir.

Al estar abiertos al público, surge la necesidad de, además de organizar y clasificar la documentación, elaborar instrumentos de consulta (Inventarios, Guías Generales y Guías Documentales) que permitan acceder a la información de manera más fácil. Para ello es necesario acudir al profesional formado en archivística, historia y antropología.
Asegurar que el material documental perdure para las generaciones futuras, implementando medidas preventivas y/o correctivas para la integridad física y funcional de los documentos, requiere de la presencia del profesional de la conservación-restauración, también de biólogos y químicos con un perfil enfocado en el estudio de los bienes culturales.

Promover la consulta del patrimonio documental a través de publicaciones, exposiciones, conferencias y visitas guiadas, requiere de diseñadores gráficos, comunicólogos, gestores culturales, museólogos, museógrafos, de medios de comunicación y recursos tecnológicos.
La especialización del conocimiento, trajo al siglo XXI, cambios positivos a los archivos. En el AGEO, esos cambios son visibles en su condición general: han mejorado sus instalaciones, cuenta con personal capacitado con conocimientos especializados en la materia; además, se generó un cambio en el enfoque institucional, dejó de ser una institución marginada, aislada, de puertas cerradas, para convertirse en una institución abierta a la sociedad.