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28/julio/2014

Por: Brisseyda Vásquez

Una de las celebraciones que le dan reconocimiento nacional e internacional al estado es la Guelaguetza. Durante dos semanas la ciudad, a través del Gobierno del Estado, organiza diversas actividades en el marco de los “Lunes del cerro”, dos días de julio en que diversas delegaciones representando a las ocho regiones de Oaxaca expresan sus tradiciones mediante sus bailes, vestimenta y música.

Justamente, tradición es la palabra clave al debatir ¿qué tan tradicional y auténtica es la Guelaguetza como la conocemos actualmente?

La Biblioteca de Investigación Juan de Córdova (BIJC) por segundo año consecutivo, realizó un análisis histórico sobre los orígenes y cambios que ha pasado  “la máxima fiesta de los oaxaqueños”, la cual proviene de las festividades del “Corpus del Carmen” durante el periodo colonial.

El panel denominado “Guelaguetza. La construcción de una tradición: indumentaria, música y danza”, ofreció diferentes enfoques sobre la concepción y evolución de la fiesta. Participaron los especialistas Deborah Poole, Sandra Monzoy, Rubén Luengas, Héctor Meneses y Alejandro de Ávila.

Evolución, datos y curiosidades

Deborah Poole, comenzó el panel. Por más de 10 años, ha revisado los diferentes archivos fotográficos de la Ciudad de Oaxaca. Indicó que desde 1926 hubo un aumento en el número de fotos de indígenas y durante 1930 las familias comenzaron a retratarse con trajes típicos.

En esta revisión histórica, se identifica que el primer antecedente, se gestó en abril de 1932, en la conmemoración del Cuarto Centenario de la Fundación de la Ciudad de Oaxaca. Durante el homenaje racial el Gobierno del Estado controló la toma de fotografías, autorizando sólo a Pérez Aragón para capturar imágenes. Motivo por el que opinó desde su inicio ha sido un evento político más que de consenso.

 

 

 

Meneses y de Ávila, expertos en el área del textil, hicieron un recuento de los cambios que han vivido algunos trajes. Tomaron de referencia imágenes que mostró Poole para ilustrarlos.

Comenzaron con el comparativo de la vestimenta de Chicahuaxtla, en 1890, era un huipil blanco con un pequeño adorno en color rojo, el cual obtenían con tintes artificiales. Con el paso de los años, agregaron azul, amarillo, por mencionar algunos. Actualmente, los triquis (que no participan en la Guelaguetza), se caracterizan por usar un huipil rojo, casi en su totalidad.

Un caso similar, pasa con los trajes del Istmo y Mixteca. Regiones que, hoy en día, portan vestimentas notoriamente diferentes a las que utilizaban a inicios del siglo XX. A lo que los ponentes agregaron que dicho recuento no era un juicio de valor, porque cada pueblo está en su derecho de representarse como prefiera, pero que sí explican que algunos conjuntos no tienen antecedentes históricos.

En el aspecto musical, Rubén Luengas fue el experto en dar su punto de vista sobre el tema. Volviendo al referente de 1932, indicó que la música en dicho evento fue interpretada por una orquesta, integrada con violines y flautas, y no con banda.

Comentó que se ha creado la idea que en Oaxaca sólo se toca música de banda, pero en el estado no se puede hablar sólo de “música”, pues por su diversidad, existen “músicas”, cada una con sus características específicas. En Tlaxiaco, por ejemplo, se tocan chilenas, que son alegres; mientras que en San Juan Copala las melodías son “poco coloridas”.

Enseguida, Sandra Monzoy abordó la danza. Ilustró con el caso de la Danza de la Pluma, las variantes que puede tener una ejecución dancística. Ella registró con detalle el ritmo, personajes y cosmovisión que guardaba esta danza para los habitantes de San Martín Tilcajete. En 2009, este poblado mostró en la Guelaguetza la Danza de la pluma con nuevos elementos: a los españoles, negritos y a la malinche.

En contraste, dio a conocer el caso de Santa María Teopoxco, que está perdiendo su danza “Xochipitzahuatl”, sólo las personas mayores conocen cómo se ejecuta. El deseo de esta comunidad es enseñarlo a los jóvenes y después llevarlo a los “lunes del cerro” para hacerlo visible.

Al terminar la participación de los ponentes, inició una ronda de preguntas y respuestas, que dejaron ver el interés de los asistentes, quienes cuestionaron constantemente hasta que cerraron los comentarios y terminó el evento.

 

Foto: FAHHO

 

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