ES LA CULTURA: Unos años con Manolo Siordia, por Juan Pablo Vasconcelos

Es la Cultura

 

“Le escuché a Guillermo Ramírez llamarle ‘el Caballero del Micrófono’, y luego, en su sentido funeral, todas y todos los asistentes hablaban de su trato respetuoso, de su gallardía poco usual en nuestros días. Don Manolo era un hombre de otra época que ayudó a construir la nuestra”

 

Unos años con Manolo Siordia

 

(www.eloriente.net, México, a 17 de septiembre de 2018, por Juan Pablo Vasconcelos @JPVmx).-Para cuando llegaba a las siete con treinta a la estación, don Manolo ya tenía media hora con la mano en la frente leyendo las noticias del día. La pose siempre me llamó la atención. Era como si un dolor de cabeza le asaltara durante el programa y todo el mundo podía girar a su alrededor, sin que su concentración se viera alterada ni por un segundo.

Quizá era una forma de imaginarse una audiencia, a la cual estaba entregado desde 1944 —es decir, a la edad de 15 años, pues nació en 1929—. Tampoco puede descartarse que era señal de respeto, pues él surgió y trabajó en la época en que a la audiencia se le debía tratar con ese valor, desafortunadamente ausente en numerosos espacios en nuestros días.

Hoy, lo campechano se confunde con lo vulgar.

Por fortuna, no es regla general. Y menos aún por aquellos años, cuando el sentido de la comunidad era todavía más fuerte y la radio resultaba un elemento de cohesión indiscutible. Lo dicho en la radio era, de alguna forma, un mensaje de influencia decisiva, pero condicionado por una ciudad de menores dimensiones, de familias cuyas coincidencias eran inevitables y donde el locutor o locutora tenía un papel social de inmensa y entrañable relevancia.

Tengo la impresión de que se hacía radio por motivaciones distintas, incluso por inspiración, lo cual es todavía un nivel superior.

Al mandar a pausa, Manuel Humberto Siordia levantó la cabeza por un instante y, como siempre, entrecerró los ojos para sonreír. Soltaba los buenos días sin reservas y de la forma más amable posible nos hacía espacio para leer nuestra sección en Antena 89.7.

Estamos hablando de principios de la década de los noventa del siglo pasado. En aquel momento, la naciente estación La Grande de Oaxaca, reunió en distintos momentos a una generación de compañeras y compañeros que luego consolidarían sus trayectorias: Rocío Aragón, Juan Antonio Illescas, Jesús Bahamán Jiménez, Guillermo Ramírez Pérez, Sofía Valdivia, Beto Guzmán, Sergio Martínez, Irma Silva, Paco Aguilar y la mirada conocedora, estricta y entrañable de Manuel de la Lanza Elton, entre muchas amigas y amigos más.

Sin embargo, don Manolo Siordia fue siempre una figura de enorme respeto para todos. En él se cumplía aquella consigna: “recibes lo que das”, y a él se le guardaba consideración y aprecio.

Durante las horas posteriores a su deceso, un gran número de personas se reunieron en el velatorio. Allí, los aplausos del día fueron por excepción dedicados a él, entre otras cosas, por haber fallecido un 13 de septiembre. El mismo día de su cumpleaños.

Pero sobre todo, por haber dejado en el recuerdo de sus amigos, la presencia de una amistad. Quien lo encontraba por la calle, podía estar seguro de recibir siempre la broma inteligente, cargada de sentido y aún de doble sentido de Don Manolo. Reconfortaba. Dejaba esa sensación agradable después de despedirse.

Tal vez por estas mismas razones, se respiraba en el velatorio una especie de triste alegría, donde sus compañeros de transmisiones, periodistas y familiares compartían las anécdotas del personaje que se nos ha adelantado.

Descanse en paz Don Manolo.

Don Manuel Humberto Siordia. Foto: http://www.xeouradio.com

Orientadores

Sergio Javier Alcázar, Manuel Humberto Siordia, Juan Aguilar Pérez y Manuel de la Lanza, resultaron referentes personales de aquellos años. Incluso de antes en los casos de Sergio, Juan y Manuel, quizá finales de los ochenta, en Radio Felicidad.

Sergio en particular nos desafiaba. Yo tenía una decena de años para entonces y los retos eran insondables, considerando que la radio ya de suyo es un ejercicio que exige una estructura y una facilidad de palabra particulares.

Alcázar lo que hacía para forjarnos era sencillo: al aire, en medio del noticiero de los sábados, se salía de la cabina.

Al otro del cristal, charlaba con Manuel o quien estuviera de turno en la operación, mientras uno se quedaba inmensamente solo, tratando de sacar tema y palabras de donde fuera posible.

No podía haber mayor soledad que la de entonces. Tampoco un compromiso más grande, ni necesidad más apremiante de forzar la mente, enlazar ideas, relacionar sucesos, nombres, conocimientos. Uno debía construir de la nada un mensaje para compartir de la forma más clara y coherente posible.

Entonces aprendí que la mejor forma de demostrar confianza, es alimentar la independencia de quienes nos rodean.

Cómo le agradezco a Sergio aquellas lecciones. Aunque todavía no sé si aprendí muy bien a ejecutarlas.

En todos los sentidos, ellos fueron grandes orientadores. Se constituían como guías de quienes colaboramos en sus programas, noticieros y estaciones, pero sobre todo, eran orientadores reconocidos de la propia población que los escuchaba. Ponían siempre por delante una cierta vocación y desempeñaron su papel de voces de la comunidad, voces populares, y participaban de obras de beneficio social, tequios y fortalecían las tradiciones de la gente.

En tiempos de la batalla entre ‘influencers’ y redes sociales, está muy bien recordar el sentido del liderazgo de opinión y la responsabilidad que entraña. Es inviable ganarse la audiencia dividiendo ciudades y ofendiendo personas. Quienes lo hacen, se ganarán lo mismo tarde o temprano: “recibes lo que das” y así mientras vivan y luego después, cuando todo termine.

 

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