ES LA CULTURA: Broche electoral, por Juan Pablo Vasconcelos

“A la distancia, puede concluirse que todos los demonios fueron atados el día de las elecciones en Oaxaca. Está claro, sin embargo, que las campañas dejaron asuntos pendientes por atender, sobre todo los relacionados con la violencia, cuyo olvido sería imperdonable”.

 

(www.eloriente.net, México, a 24 de septiembre de 2018, por Juan Pablo Vasconcelos @JPVmx).- Durante las campañas electorales todo está permitido, escuché decir a Carlos Loret de Mola hace algunos días.

Y en efecto, guerra o amor, ese lapso de tiempo previo a la jornada de votaciones se ha convertido, en los últimas décadas en México, en una especie de paréntesis: antes y después, la vida nacional fluye sin mayores contratiempos, los actores políticos y partidistas se comportan interpretando sus respectivos papeles, y la cortesía y aún la simulación inunda los corazones incluso de los más graves adversarios.

Pero una vez que corre el balón de las campañas, pueden los amigos e incluso las familias comenzar a preparar sus desavenencias; los líderes a contratar expertos en destapar escándalos; y los medios a preparar los mejores instrumentos para atizar el fuego. Ni en los mejores tiempos de la dramaturgia se pueden observar tantas historias reveladas y de complejas tramas, como en el medio de ese paréntesis que parece ser el vaso de agua donde se hacen todas las tormentas.

Lo sorprendente es que nadie o quizá muy pocos se extinguen de verdad durante aquel periodo.

Se ignora si por tratarse de una cierta habilidad natural para evadir las peores acusaciones, señalamientos, investigaciones del pasado y aún figuraciones del futuro, pero los personajes públicos en cuestión logran librar generalmente con éxito cualquier vicisitud o conflicto.

Requieren para ello, eso sí, cierta paciencia. Pues una vez transcurrido el día de la elección y el paréntesis está a punto de cerrarse, necesitan esperar ciertos fallos en tribunales como resabios de lo que alguna vez pudo ser una catástrofe.

Pero ya luego, reina la calma.

Quizá sea a esto a lo que se referían los clásicos de la política al señalar que conocer “los tiempos”, es la primera y última condición para participar en esa práctica, para la cual por lo tanto se requiere en simultáneo el ímpetu de la juventud y la sabiduría de la madurez. Las estaciones de la política, como las del año, no deben distraernos de la única realidad posible: el primero de diciembre llegará aunque llueva en abril o se desboque un tsunami.

Ahora bien, que ésta sea la realidad, que el paréntesis se cierre, no es sinónimo de conformidad. ¿Cuánto abona a la (des)confianza de la gente hacia la política que nada tenga consecuencias? ¿Cuánto a la democracia? ¿Porqué la simulación debe seguir siendo la regla y no un excepcional exabrupto?

El “entretenimiento electoral” no debe continuar vaciando de sentido el proceso electoral, y para ello, es indispensable no ser complacientes con las reglas no escritas de la política, los usos partidistas, la irresponsabilidad en las declaraciones, la infamia, los pactos de silencio.

Que no se propicie la impunidad desde la complacencia.

Elecciones en Oaxaca

Si bien es cierto que durante el periodo de campañas surgieron diversos conflictos —los más graves relacionados a condenables atentados en contra de candidatas y candidatos, así como a periodistas, cuyo olvido sería imperdonable—, también lo es que específicamente el día de la jornada electoral, fueron la normalidad democrática y la paz pública las principales constantes.

Conversé sobre el tema con Gustavo Meixueiro, presidente del Consejo Local del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO), y me señala dos asuntos relevantes: el alto porcentaje de participación en el estado, que por primera vez fue mayor inclusive al de la media nacional, por un lado; y un primero de julio en efecto marcado por la tranquilidad y la ausencia de brotes de violencia, por el otro.

Ambos asuntos no requieren abundar en su importancia. Que la gente participe mucho y en paz, ya de suyo tiene un valor indiscutible. Es posible, de hecho, que ambos sean pilares que se sostengan mutuamente. También es cierto que ninguno es viable si la autoridad electoral no hubiese garantizado la capacidad necesaria para organizar y recibir esa afluencia, y para otorgar la certeza de que los resultados serían respetados.

En el caso de Oaxaca, se lograron superar dos escollos operativos que vale la pena registrar: la instalación por primera vez de casillas únicas —a diferencia de otros procesos donde se instalaban casillas distintas para elecciones locales y para elecciones federales—, y el funcionamiento oportuno del Programa de Resultados Preliminares (PREP).

En el primer caso, la complicación radica en que los mismos funcionarios —seres humanos que inician ese día actividades desde muy temprano—, deben en términos prácticos contar dos procesos distintos: local y federal. Es decir, 1.9 millones de votos para el caso de Oaxaca en unas cuantas horas.

Y hacerlo además, rápido y bien, pues todos los ojos, la impaciencia y la incertidumbre está puesta sobre sus humanidades.

Y en el segundo caso, también por primera ocasión, se instaló algo que se denominó PREP Casilla: en un número determinado de lugares a lo largo y ancho del estado, se ubicaron dispositivos para que enviaran en tiempo real los resultados tal cual se estaban cerrando en las urnas. Este sistema, permitió que fuera Oaxaca el primer estado que registrara los primeros avances en el PREP aquella noche, por delante de entidades incluso más urbanizadas y de fácil acceso.

Pero además, aminoró los efectos de dilación que pudo traer como efecto la instalación de las casillas únicas, que de manera natural retardan precisamente los conteos.

Al margen de estos asuntos procedimentales, Gustavo Meixueiro me enfatiza además tres asuntos de fondo: el avance de las mujeres en la arena política, pues por primera vez se tendrá un Congreso Local con 23 mujeres y 19 hombres, y además uno de cada tres municipios que eligen autoridades por sistema de partidos serán también gobernados por mujeres.

Adicionalmente, el registro de tres candidatas trans a presidencias municipales —asuntos que por cierto también causó controversia durante el proceso, debido a actuaciones indeseables de diversas formaciones partidistas, para las cuales se esperan las sanciones respectivas—, así como la presencia de un proceso en general menos impugnado que otros anteriores.

 

Colofón

Parece que el día de la elección pasó hace ya mucho tiempo. Que es un hecho consumado, solo recordado por ciertos fallos pendientes en tribunales.

Este hecho es muy significativo. En otros años, por estos mismos meses, la situación no se presentó así, con este halo de normalidad institucional. Entre tantos desaguisados, no vendría mal reconocer que al menos en 2018 sí hubo un avance sustancial, una especie de normalidad deseada, para la cual las ciudadanos y las instituciones cumplieron con su parte.

 

 

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