¿De qué hablamos cuando hablamos de derechos culturales?

Entender el tema cultural como un derecho humano es algo muy reciente que sucede en 2007 tras la declaración de Friburgo; es hasta enero de 2018 que se crea la Ley de Derechos Culturales con base en la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos y de la Ciudad de México

 

(www.eloriente.net, México, 2 de febrero de 2019, por N22/Ana León).- Para abordar el tema de derechos culturales en México, habría que entender primero que éstos son inherentes a los derechos humanos; sin embargo, su instauración y vigilancia en un documento como la Constitución de la CDMX es algo reciente, éste es el primer documento que habla tal cual de derechos culturales, esto en su apartado de Ciudad Educadora. En su artículo 8, apartado D se lee:

  1. Toda persona, todo grupo o comunidad gozan del derecho irrestricto de acceso a la cultura. El arte y la ciencia son libres y queda prohibida toda forma de censura. De manera enunciativa y no limitativa tiene derecho a:
  • Se respete la identidad cultural
  • Conocer y que se respete su propia cultura
  • Una formación que contribuya al libre y pleno desarrollo de su identidad cultural
  • Acceder al patrimonio cultural
  • Acceder y participar en la vida cultural
  • Ejercer en libertad su derecho a emprender proyectos, iniciativas y propuestas culturales y artísticas
  • Constituir espacios colectivos, autogestivos, independientes y comunitarios de arte y cultura que contarán con una regulación específica para el fortalecimiento y desarrollo de sus actividades (a este apartado recurriré más tarde cuando se aborde el tema de una ley para Espacios Culturales Independientes en la Ciudad de México que se gestiona actualmente).
  • Ejercer libertad creativa, cultural y artística de opinión e información.
  • Participar por medios democráticos en el desarrollo cultural de las comunidades a las que pertenece, y en la elaboración, puesta en práctica y evaluación de las políticas culturales

  1. Toda persona tiene derecho al acceso a los bienes y servicios que presta el Gobierno de la Ciudad de México en materia de arte y cultura.
  2. Las autoridades, en el ámbito de sus respectivas competencias protegerán los derechos culturales. Asimismo, favorecerán la promoción y el estímulo al desarrollo de la cultura y las artes. Los derechos culturales podrán ampliarse conforme a la ley en la materia que además establecerá los mecanismos y modalidades para su exigibilidad.
  3. Toda persona y colectividad podrá, en el marco de la gobernanza democrática, tomar iniciativas para velar por el respeto de los derechos culturales y desarrollar modos de concertación y participación.
  4. El patrimonio cultural, material e inmaterial, de las comunidades, grupos y personas de la Ciudad de México es de interés y utilidad pública, por lo que el Gobierno de la Ciudad garantizará su protección, conservación, investigación y difusión.
  5. El Gobierno de la Ciudad otorgará estímulos fiscales para el apoyo y fomento de la creación y difusión del arte y cultura.
  6. Los grupos y comunidades culturales gozarán del derecho de ser reconocidos en la sociedad.

Todo el documento se puede leer aquí.

De este documento emanan todas las leyes nuevas y una de las primeras que salió es la Ley de Derechos Culturales de los habitantes y visitantes de la Ciudad de México, me cuenta Jesús Cruzvillegas, que es un activista de derechos humanos y que ha trabajado en la Comisión de Derechos Humanos del entonces Distrito Federal, donde estuvo al frente de un área llamada Promoción territorial, y también en el Congreso, en esta materia.

Regresemos. Ésta es entonces la primera ley que hay sobre derechos culturales, dice Cruzvillegas y más allá de la retórica, se plantea un preocupación entre especialistas y no especialistas en el tema: ¿Quién está encargado del cumplimiento y la promoción de los derechos culturales que a su vez, son derechos humanos? La ley de Derechos Culturales, aprobada el 22 de enero del 2018, y con fundamento en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, artículos 1, 2 y 4; y en la Constitución Política de la Ciudad de México, en el apartado antes mencionado, señala que la autoridad responsable de vigilar la puntual observancia de esta ley y su cumplimiento es el titular de la Jefatura del Gobierno de la Ciudad de México y el titular de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de México. Toda la ley se puede leer aquí.

Pero antes de hablar de derechos, vale la pena preguntarse, ¿qué es cultura? Según la ONU, se entiende por cultura “al medio de transmisión de conocimiento y el producto resultante de ese conocimiento, tanto pasado como presente. Es un elemento facilitador e impulsor del desarrollo sostenible, la paz y el progreso económico. En su forma multifacética, aúna a las sociedades y a las naciones. Son éstas las que reconocen el valor excepcional de su patrimonio construido y natural; las comunidades manifiestan la importancia de sus usos, representaciones, técnicas y conocimientos para afianzar el sentimiento de identidad y continuidad…”. En este sentido, los derechos culturales tiene que ver con “cuestiones como la lengua; la producción cultural y artística; la participación en la cultura; el patrimonio cultural; los derechos de autor; las minorías y el acceso a la cultura, entre otros.”

En esta misma ley se plantea la creación de un Instituto de Derechos Culturales que será parte de la Secretaría de Cultura de la Ciudad, dice Cruzvillegas, pero entonces ¿cuál sería el papel de la Comisión de Derechos Humanos?, nos preguntamos. Esto es sólo un proyecto que se tiene que crear de la nada y que precisa de un presupuesto que tal vez no se tenga. La cultura, dice Cruzvillegas, ha sido el patito feo sobre todo en cuestión de los recursos porque o se le ve como una cuestión que se puede obviar o algo que es sólo para la gente de muchos recursos.

Entender el tema cultural como un derecho humano es algo muy reciente que sucede en 2007 tras la declaración de Friburgo, que reúne y hace explícitos estos derechos. Por primera vez los especialistas de diversos países se pusieron de acuerdo sobre lo que entienden como derechos culturales. Y como se basa en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los derechos culturales se convirtieron así en derechos humanos.

Antes, nos cuenta Jesús, sólo se hacía referencia “al derecho a la cultura” y ésta, dice, era una cuestión muy limitada porque sólo se refería al “acceso a”. Pero a partir de esta declaración se hace referencia a la cultura como algo que está en la vida cotidiana, y que refiere a  la mirada de todas las personas y todas las construcciones intelectuales, el lenguaje, la ciencia, la literatura, los patrimonios intangible y tangible, todo lo que se entendía como cultura más la cuestión de las personas aunque no sean escritores o artistas o profesionales de la disciplina. No hay una sola mirada de la cultura, sino que cada quien puede pertenecer a una diferente identidad cultural, “ser una comunidad cultural que no necesariamente es hegemónica o la que plantea el Estado”. “Algo que todavía no nos cae el veinte” y que es importante tener en cuenta, es que en la Ciudad de México el tema de los derechos culturales es ya una ley.

El gran tema, apunta Jesús, no es ya la retórica o el ponernos de acuerdo, sino los hechos, hacerlos “exigibles”, ¿adónde recurres cuando violan tus derechos culturales? “Las Comisiones de Derechos Humanos tendrían que hacer eso, pero no lo hacen porque desafortunadamente en el mundo de los derechos humanos, hasta apenas hace unos años, yo recuerdo mesas de trabajo donde activistas o funcionarios decían que el feminicidio es más importante o el tema del agua, y creo que ahí hay una incongruencia porque el tema de los derechos humanos es que son integrales e indivisibles. Si violas uno estás violando todos.”  Las Comisiones estatales de Derechos Humanos y la nacional también tendrían que reflexionar respecto a la manera de cómo entender la cuestión cultural.

 

Hacia una ley de espacios culturales independientes

En este sentido, hace pocos días, en el Museo Universitario del Chopo se llevó a cabo el Foro Espacios Culturales Independientes en la Ciudad de México, en cuya primera mesa de trabajo –se realizarán diversas mesas hasta abril de este año– se analizó la creación de una ley de Espacios Culturales Independientes en la Ciudad de México. Participaron la diputada Gabriela Osorio Hernández, la doctora Elena Román, de la UACM; José Luis Paredes Pacho, director del Museo del Chopo; Óliver Bárcenas Cruz, de la UNAM; e Inti Muñoz Santini, de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

Aquí se planteó que hay un interés de abrir el diálogo para que la formulación de esta ley sea un trabajo en conjunto. Para visibilizar los relatos colectivos, pues, en palabras de Osorio “se busca estimular la existencia y permanencia de los espacios culturales que todos puedan crear.” Más que regular, dicha ley, continuó la diputada, busca dar certidumbre a estos espacios y que se reconozca su aporte a la ciudad. Además de entender las cualidades y características de cada uno: ¿es lo mismo un teatro que un espacio de artes y oficios?, ¿cómo clasificarlos?

Para Inti Muñoz, esta ley apunta a recuperar el control de la ciudad por parte de la gente, a partir de la cultura y el derecho a habitar la ciudad dignamente. Y dar seguimiento a lo que se propone la Constitución de la CDMX: crear una ciudad de derechos, de libertades, de igualdad, de equidad de género, de prohibición de la censura, una ciudad horizontal.

Una de las ponencias más enriquecedoras de esta mesa fue la de Elena Román, pues planteó parte de su investigación respecto a los espacios culturales independientes en la Ciudad de México. Elena apuntó que delegaciones como Iztapalapa y Xochimilco son en la que menos se registran la existencia de estos espacios. Además, están también los retos a los que se enfrentan como el multisostenimiento, préstamos, inversión de ahorros y el no pago a colaboradores. Es decir, que estos lugares crean una propuesta cultural que es sostenida con recursos propios y que resulta, en algunas ocasiones, en algo poco rentable. Esta ley, dice Román, también debería atajar cuestiones respecto a lo laboral, la regulación operativa y el pago de impuestos cuya tarifa no debería significar masacrar la ganancia de la venta del poco o mucho boletaje que se tenga.

Para esta investigadora, esta ley más que incidir en la interacción entre estos espacios o en lo operativo y constructivo, deberá también centrarse en lo relacional y promover que haya más espacios culturales. Que la relación no sea que mientras que en la delegación Cuauhtémoc se contabilizan ochenta lugares independientes dedicados a la cultura, en Iztacalco sólo se hallan tres. La idea es reducir ese margen de diferencia al mínimo.

Las mesas se realizarán de enero a abril. Aquí puedes conocer las otras sedes.



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