Los humanos somos seres ubicuos que habitamos los diferentes ecosistemas del mundo, a diferencia de otros animales que se adaptan a su medio, nosotros hemos transformado el paisaje para obtener alimento, refugio y sociabilidad, comenzamos con técnicas simples que nos permitieron cultivar la tierra, tejer ropa para cubrir nuestros cuerpos desnudos y construir viviendas para darnos refugio.

La ciudad nace como un ambiente que procura la vida de quienes se desarrollan dentro de su territorio, el núcleo social reproduce hábitos, tradiciones, costumbres, preserva la memoria colectiva y potencializa la cultura, la civilización cambia el comportamiento de los primeros homínidos y los lleva a la humanización, alejándolos de la barbarie, poco a poco fuimos haciendo más compleja la vida en común por el crecimiento desmesurado de las ciudades. La gran mancha urbana se ha extendido y ocasiona problemas de movilidad, contaminación, servicios insuficientes, deterioro del medio ambiente, sobrepoblación, desplazamientos, violencia, desigualdad, entre otros, no ahondare en cada una de las problemáticas emergentes que aquejan a las ciudades del siglo XXI pero si recalcaré las formas de violencia y desigualdad que se viven en lo cotidiano.

El entramado de la ciudad lo realza un tejido colorido de biodiversidad y multiculturalidad, es la mezcla de lo local y de lo extranjero, si observamos la trama podemos luchar por conseguir una cohesión social considerando la diferencia. Las problemáticas emergentes de la ciudad están relacionadas con la desigualdad, los rurales abandonan sus hogares en busca de alternativas de trabajo y sustento, lo que incrementa la población en zonas urbanas y el cambio de uso de suelo.



Recientemente hemos vivido la fiesta, la embriaguez y el color de los días de Guelaguetza aunque nos queda distinguir un sabor amargo en el México de superficialidad que se vende a los turistas que visitan la ciudad. Es una cultura superficial porque se vende la idea de orgullo por nuestras raíces indígenas cuando en lo cotidiano se desprecia al “indio” por ser diferente, la realidad es que son pocos o nulos los espacios para la participación de los pueblos primigenios en la vida pública de las ciudades, se les niega la educación en su idioma y la oportunidad de potencializar sus saberes. Los indígenas de Oaxaca son los que conservan las técnicas de cultivo que generan suelo fértil, son los que mantienen viva la memoria colectiva de la medicina tradicional, quienes persisten en su cosmovisión de un mundo cercano a la naturaleza, a la totalidad.

El indígena que vive en la ciudad ha venido desde la ruralidad a ser un extraño en casa, los vemos en las calles vendiendo la producción del campo, bordando en las horas muertas, riendo y conversando en un idioma que nos es ininteligible. Ejercemos formas de violencia sutiles contra los indígenas que persisten, les negamos el fortalecimiento de su cultura, explotamos sus reservas fluviales y a cambio les ofrecemos productos industrializados.

La vida que se lleva en las ciudades es una vida de artificialidad, alejada de la naturaleza y de la sustentabilidad, el incremento de la población mundial esta ocasionando escasez de agua en las grandes metrópolis, algunas están llegando al día cero, el día en que los grifos no dan una gota más. Hace unos meses la ciudad de México presento índices altos de contaminación en el aire lo que impidió a sus pobladores hacer actividades al aire libre, se suspendieron clases en escuelas de educación básica pero la producción no paro, diariamente se queman cantidades extraordinarias de combustibles fósiles que no se renuevan, desaparecen animales y plantas endémicas por la explotación del suelo, la deforestación y los ecocidios, es el mundo en que vivimos, es la huella que vamos dejando a nuestro paso. Por otro lado la migración mundial ha provocado conflictos raciales, los países africanos pretenden llegar a los países europeos por tierra o por mar y terminan muriendo en los cruces, el aumento de la violencia ha normalizado la xenofobia y la aporofobia o miedo al pobre –término acuñado por la filósofa Adela Cortina- que describe cómo recibimos bien al extranjero rico que gasta sus divisas en el comercio local pero se rechaza al extranjero pobre que viaja en caravana huyendo de las condiciones de vida de su país de origen.

Las ciudades están en cambio constante y cada vez se complejiza más la forma de vida de la población lo que provoca síntomas de descontento que generan violencia.

Además de las formas sutiles de violencia que se ejercen contra los que no reconocemos como iguales, cada vez se extienden formas de violencia relacionadas con el robo, el secuestro y la muerte. Las noticias se asemejan a la narración de una novela de Paul Auster, El país de las últimas cosas, una sociedad de rapiña que espera el descuido y la muerte –una muerte metafórica- para despojar al otro de sus pertenencias, mujeres que caminan por la central para hacer sus compras y en un segundo la sangre chorrea por sus hombros, señoras que hablan con sus hijos mientras se trasladan en taxi a la escuela y en el tope cuando la velocidad disminuye les arrebatan la bolsa y el celular, adolescentes que esperan el colectivo para reunirse con las amigas y no llegan nunca, mujeres que caminan a sus vehículos para volver a casa y alguien las golpea para que no pidan auxilio, al despertar perdieron el auto y la tranquilidad.

Éstas son las últimas cosas, desaparecen una a una y no vuelven nunca más.

 

Fátima Chávez Miguel

Gestora-investigadora de proyectos educativos y metodologías de enseñanza de la ciencia y la filosofía. Obtuvo la licenciatura en filosofía, línea terminal en docencia (2013) y la maestría en filosofía por la Universidad Autónoma de Querétaro (2017).

Ha colaborado en el Área de Ciencia y Tecnología para Niños (CTN) del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro (CONCYTEQ), México (2013-2018). Realiza actividades de divulgación de la ciencia a través del proyecto Filosofía y ciencia para niños.

Es miembro activo de la Red para la Divulgación de la Ciencia en Querétaro, A.C., (REDICIQ). Colabora en el Laboratorio de Metodologías Participativas de Investigación y en el proyecto de Desarrollo comunitario en San Rafael, El Marqués, Querétaro.

Contribuye al fortalecimiento de la enseñanza-aprendizaje de la ciencia y la filosofía participando en talleres, cursos y congresos, recientemente ha publicado un capítulo en el libro Obstáculos epistemológicos en la enseñanza y el aprendizaje de la filosofía y de la ciencia publicado por la UNAM.