Fuente: Morelos 3.0

 

eloriente.net/Morelos 3.0

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15 de diciembre de 2015

María de Concepción Hernández nos recibió amablemente en su domicilio en Cuautla, junto con su madre y uno de sus hijos, luego pudimos conocer a su hermana y al abogado de la familia. La madre de Oliver perdió a su hijo hace ya casi dos años y aún tiene el sentimiento a flor de piel, se nota desgastada y cansada, pero dice no perder la esperanza de obtener justicia para su hijo y para las demás familias que están buscando a sus familiares, que bien podrían estar muchos entre esos más de 100 cuerpos que su lucha ―la de Concepción y su familia―, logró destapar.

Habla en entrevista para Morelos 3.0 sobre las irregularidades que ella y su familia sufrieron durante su trato con la fiscalía de Morelos, al intentar acceder a la justicia; desde que Oliver sufre una desaparición forzada hasta que inhuman ilegalmente su cuerpo, antes de la exhumación de su cuerpo y el destape de los más de 100 cuerpos en la fosa clandestina de Tetelcingo.

El víacrucis de una madre que es revictimizada por el Estado y su aparato de procuración de justicia.

La madre de Oliver se convirtió en víctima, como familiar de una persona desaparecida forzosamente, desde el momento en que se enteró del “levantón” de su hijo, el 24 de mayo de 2013. Fue re victimizada en diferentes ocasiones, por parte de la fiscalía del estado de Morelos que incurrió en violaciones a sus derechos de acceso a la transparencia, a la verdad, a la memoria y a la justicia.

La primera violación a sus derechos y su primera revíctimización fue cuando ella levantó la denuncia por desaparición forzada y en la fiscalía le dieron un trato de mera desaparición -pedirle que esperara 72 horas-. Desde ahí, hasta el ocultamiento de información del entonces procurador Rodrigo Dorantes Salgado, hacía ella y su familia, cuando inhumaron el cuerpo de Oliver sin que se enteraran, se presentaron una serie de irregularidades que María Concepción y su familia no entendieron, mientras estas se iban presentando.

Desde que se encontró el cuerpo de Oliver -con notable evidencia de haber sido víctima de desaparición forzada-, la fiscalía emitió dobles mensajes: “Primero dicen que sí, al siguiente día dicen que no por el estado de descomposición, luego otro peritaje dijo que sí”. Luego negaron el acceso a un estudio genético que permitiría la certeza de la identidad, por no disponer del personal adecuado, y tampoco le ofrecieron opciones en este sentido, ante lo cual la familia tuvo que conseguir y contratar un genetista particular de Jojutla, que hizo los estudios en Chilpancingo, Guerrero.

Días después, en la fiscalía le pidieron expresamente a la madre de Oliver que no realizara el estudio, que se suspendiera. Como es de suponerse, la madre de Oliver manifestó e insistió en que su necesidad como madre era tener la absoluta seguridad sobre la identidad del cuerpo, y continuó con el estudio. Lo arrojado por el mismo dio un 99.9% de que se trataba en efecto de su hijo secuestrado.

La fiscalía no dio respuesta al fax que ella y su familia mandaron sobre los resultados del estudio “¿Porqué tanto error?” se preguntaban. La entonces subprocuradora, la Licenciada Liliana Guevara Monroy, les pidió que dejaran el cuerpo en el SEMEFO en lo que se judicializaba la carpeta y les pidió además que no fueran a la fiscalía por un tiempo “para no levantar sospechas” […] Dice María que “con tal de que se le diera justicia a Oliver lo dejamos ahí”. Pasado el plazo, sin comunicación de la fiscalía, descubrieron que la licenciada había sido movida a Cuernavaca.

Los familiares de Oliver fueron entonces con Dorantes y confrontaron a la licenciada: “Usted nos pidió el voto de confianza (…) No se me hace justo que deje a mi hijo”, le dijo entonces María Concepción.

“Nos matan en vida”

La vida de Concepción se convirtió en ir constantemente a la fiscalía de Cuernavaca para perseguir la justicia y enfrentar las trabas y las frustraciones recurrentes. “Cuando pasé todo esto yo no le encontraba sentido a la vida (…) Nos matan en vida”. Hernández dice por todo lo que ha pasado y cómo siguen sin darle justicia a Oliver y “negándolo todo”; piensa que Oliver traía la misión de apuntar a los demás cuerpos que tantas otras familias deben de estar buscando: “Oliver traía un misión, era alto, fuerte, robusto, y quedó hasta abajo cargando todos los cuerpos”.

Finalmente, acusa a Dorantes de que a pesar de darles un buen trato pero no les dio un acceso a la verdad: durante un desayuno con él y el gobernador Graco Ramírez, cuando su hijo ya estaba inhumado en la fosa clandestina, la madre de Oliver se presentó ante otras víctimas y, en ningún momento, el ex procurador desmintió lo que que ella y su familia aún creian: que Oliver se encontraba en el SEMEFO.

Y es que habían pasado ya unos días que el cuerpo de Oliver había sido tratado como un cuerpo no reclamado, inhumado en una fosa común que, aunque la fiscalía se esfuerce por quitarle el mote de clandestina, lo es, ya que no estaba registrada ni preparada como tal —el terreno no contaba con documentos que la identificaran como panteón ni como fosa—, y las autoridades municipales no sabían nada al respecto de que ese terreno se usaba para esos fines, por parte de la fiscalía.

 

Para toda la Información del caso, consultar el especial: Las Fosas Clandestinas de la Fiscalía de Morelos

Fuente: Morelos 3.0
Fuente: Morelos 3.0

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